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Región / Paz y DH >> Conflicto Urbano
"¿Quién nos defiende de las agresiones?":
líderes barriales
Dirigentes comunitarios denuncian fuerte control de "paras"
sobre jóvenes.
Al tiempo, reclaman que organismos judiciales investiguen
atropellos.
Gente de barrios populares demanda atención de organismos
de D.H.
Por
Carlos Alberto
Giraldo M.
Medellín

Los habitantes de los barrios
populares se sienten abandonados a su suerte. Allí
ocurre toda clase de atropellos por parte de los actores
armados, dicen, sin que hasta ahora haya una atención
decidida de los organismos estatales de derechos humanos
para escuchar e investigar sus denuncias. Fotos Donaldo
Zuluaga. |
La escuela del barrio Vallejuelos, una de las pocas construcciones
en material que hay en el sector el resto son ranchos
de madera-, está convertida en trinchera en medio de
los combates que sostienen la Policía y las milicias
urbanas de la guerrilla desde que comenzó este año.
"Allí, en plena jornada escolar, se han ocultado
los agentes en varias ocasiones porque no tienen ninguna otra
estructura de ladrillos o material para protegerse en los
enfrentamientos", confirman dos líderes y habitantes
de este vecindario del centroccidente de Medellín ocupado,
en parte, por desplazados del Urabá chocoano y antioqueño.
Ambos ciudadanos participan en el Precabildo de Comunidades
Barriales y Organizaciones Sociales que se realiza en un auditorio
del centro de la ciudad, con motivo del acercamiento a la
problemática de violencia urbana en el Valle del Aburrá.
Ellos, igual que los demás representantes de otras
zonas y comunas de Medellín y los municipios aledaños
del Área Metropolitana presentes en el encuentro, coinciden
en denunciar el "crecimiento del control paramilitar
sobre las bandas de delincuencia común y juveniles,
ante la pasividad y connivencia" de algunos integrantes
de los organismos de seguridad oficiales.
Hay voceros de casi todas las comunas, en especial de aquellas
que conforman la periferia urbana, un cinturón de asentamientos
pobres construidos durante los últimos 40 años
de historia de la ciudad, varios levantados sobre palos, latas
y plásticos y habitados por los desterrados de la violencia
reciente en el campo y las calles.
Cabe recordar que en el desarrollo de esta serie periodística,
los comandantes de la IV Brigada, general Mario Montoya, y
de la Policía Metropolitana, general Leonardo Gallego,
han señalado que sus tropas y unidades tienen una firme
actitud de combate a todos los grupos ilegales de la ciudad
y que sus operativos están respaldados por la Fiscalía
General de la Nación, como garantía de que se
procede de acuerdo con la ley.
Mensajes de terror
"En los barrios Santo Domingo I y II y Popular
I y II se enfrentan varias bandas, que trabajan para los paramilitares,
contra grupos de milicias insurgentes. Los pillos, contra
quienes la estación de Policía de San Blas no
hace nada, integran los grupos La 38, La Caseta, El Hueco,
La 100, Los Costales, Los Patiamarillos, Los Triana, Estrella
Roja y El Sanduche", denuncia un habitante del sector
La Galera, en el nororiente de la ciudad.
Según la dama, que no pudo volver a trabajar ante
la posibilidad de transportarse a los barrios céntricos
de la ciudad para cumplir labores de aseo doméstico,
esas organizaciones criminales montan retenes en la mayor
parte de las vías de acceso. "Se suben a los automotores
de servicio colectivo, echan ojo, y bajan a los pasajeros
que consideran enemigos, a veces gente que no tiene nada qué
ver, y la matan. En varias ocasiones no volvimos a saber de
las víctimas, las desaparecen. Desde el 7 de abril
de 2001, a hoy, se cuentan más de 150 asesinatos".
Uno de los casos más aterradores de la violencia en
esta parte de Medellín, según la vocera comunitaria,
se presentó el pasado 30 de octubre: "La Policía
persiguió al joven Carlos Andrés Pino Mosquera,
de 17 años. Al parecer fue herido. Al final no supimos
si huyó o qué pasó. Lo buscamos en el
Hospital San Vicente de Paúl, pero no apareció.
Casi a la medianoche, la banda de La 38 envió su cabeza
en un vehículo de servicio colectivo hasta la puerta
de la casa, envuelta en una bolsa. Tenía heridas de
machete".
Solos
"Hay una voz que está hablando duro",
dice un líder civil para referirse al creciente control
que sobre "las bandas delincuenciales tienen hoy los
grupos paramilitares". Otro asistente al foro revela,
por ejemplo, que en el barrio El Playón de Los Comuneros,
en el nororiente de Medellín se vive una calma aparente,
superficial, debido a que es resultado de un severo control
social por parte de grupos ilegales.
"Allí está el centro de operaciones de
una banda denominada Los Triana, que vende sus servicios a
los paramilitares. Ese y otros grupos ilegales del área
se están expandiendo a los barrios Popular I y II,
pero desde allá también hay respuesta de grupos
milicianos, entonces el temor permanente es que estalle una
violencia mayor".
En el turno para que hablen los líderes de la Comuna
13 de Medellín se insiste en que la presencia del Estado
en los barrios que la conforman es represiva. "Hay allanamientos
ilegales y en esos procedimientos son hurtados objetos de
valor y otros son destruidos porque, supuestamente, son propiedad
de auxiliadores de la guerrilla. Varios maestros y alumnos
de nuestros vecindarios son señalados como milicianos".
El costado occidental de Medellín es hoy uno de los
más sacudidos por los choques armados entre ilegales.
Allí tienen asiento milicias del Eln, de las Farc,
los Comandos Armados del Pueblo, Cap, y es permanente la incursión
de grupos de autodefensas.
"A ello se suman los excesos de algunos miembros de
los organismos de seguridad según denuncian los
líderes presentes en el encuentro-: toman fotos a la
gente, ha habido ejecuciones sumarias e incluso han caído
menores de edad en las balaceras indiscriminadas. "El
pasado 11 de mayo un helicóptero de la Fuerza Aérea
Colombiana, FAC, realizó ametrallamientos en nuestra
comuna". Este relato de una líder comunitaria
coincide con el de un periodista que, mientras acompañaba
a su hijo escultista, vivió el hecho y remitió
a este diario la siguiente descripción de lo sucedido:
"Hora: 4:30 p.m. Lugar: Iglesia María Madre del
Redentor de Belén, Santa Mónica #2, a 20 cuadras
del barrio Belencito. Las calles son bloqueadas por tanquetas
y no se permite el ingreso de la comunidad. Desciende uno
de los helicópteros, queda suspendido en el aire, y,
de un momento a otro, hace varios disparos.
"Todos corríamos debajo del atrio de la iglesia.
Unos se desmayaron, otros lloraron y otros gritaban".
De acuerdo con ese testimonio, luego que un grupo de jóvenes
escultistas (scouts) ondeó una bandera que los identificaba
como tales, "el artillado elevó su vuelo y desapareció".
Frente a estos hechos y otros ocurridos en la Comuna 13 durante
los últimos seis meses, además de los denunciados
por los líderes de otras barriadas pobres de la ciudad,
se cuestiona "la apatía de los organismos humanitarios
oficiales y no gubernamentales, del país y del extranjero,
que no responden, como deberían, frente al agravamiento
del conflicto urbano. Están ausentes".
Implicaciones
Otra visión del problema
El aumento de la violencia armada en Medellín y el
Valle del Aburrá ha suscitado diversas hipótesis
y lecturas sobre las causas y efectos de la confrontación
que protagonizan hoy bandas de delincuencia, comandos de autodefensas,
milicias guerrilleras y organismos de seguridad oficiales.
Para algunos se trata de la "urbanización del
conflicto armado"; es decir, del incremento de las acciones
de los actores de la guerra interna en la ciudad. Otros indican
que son apenas repercusiones de la lucha contra el crimen
organizado.
Durante el encuentro de líderes sociales de las comunas
de Medellín, el viernes pasado, se señaló
que el centro del problema "no es la lucha territorial
entre guerrilla y paramilitares sino que la violencia tiene
origen, en buena medida, en las políticas de exclusión
y represión del Estado local contra las masas de pobladores
pobres de las laderas de Medellín".
El asunto de fondo, se dijo, es que hay dos modelos de ciudad:
uno para las clases medias y altas, que para ejecutarse requiere
seguridad a toda costa. Y otro, el de miles de personas que
demandan atención en asuntos elementales de infraestructura
y bienestar social: escuelas y servicios básicos. A
esos sectores, hoy, se les margina y desconoce dentro de los
planes de desarrollo municipal.
"Esa respuesta violenta también refleja la negación
del derecho a la protesta y emprende la persecución
contra las organizaciones sociales que luchan por los derechos
y la equidad para la gente más pobre de Medellín",
se planteó.
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