Ciudad
Región / Paz y DH >> Conflicto Urbano
Las salidas: vencer el miedo,
la soledad y la desconfianza
Sobre esas bases habría que restitutir el estado de
derecho en la ciudad.
Además, se requieren políticas públicas
claras sobre convivencia.
Última entrega de la serie sobre el conflicto urbano
en el área metropolitana.
Por
Juan Diego Restrepo
E.
Medellín
El conflicto armado urbano,
que implica tanto la violencia directa ejercida por las
bandas y los combos, como por la urbanización del
conflicto político armado y sus diversas manifestaciones,
se expresa en pequeños poderes territoriales que
controlan la economía, la justicia, los impuestos,
la seguridad y hasta la cultura. Foto Donaldo Zuluaga
Velilla. |
"¿Estoy solo en la búsqueda de alternativas
para enfrentar a los grupos armados que llegan al barrio?,
¿hay otros que también están en lo mismo?,
¿dónde están?, ¿es posible encontrarnos
para, juntos, buscar la salida y lograr el apoyo del Estado,
la Iglesia, la empresa privada, las organizaciones sociales
y de las universidades?, ¿se podrá hacer algo
para frenar tanta barbarie?"
Preguntas como esas le rondan en la cabeza a la ama de casa,
al obrero, al empleado, al estudiante, al líder comunitario,
al estudioso del tema o al ciudadano desprevenido que día
a día sienten como el conflicto armado urbano que golpea
sin contemplaciones en los barrios limita sus libertades individuales
y colectivas.
No hay soluciones fáciles ni a corto plazo, sobre todo
si se tiene en cuenta que la violencia en la ciudad ha sido
un método de "solución" de conflictos
que se incrustó en la cultura. Sin embargo, los especialistas
reconocen que salidas sí hay y proponen como punto
de partida vencer el miedo, la soledad y la desconfianza para
desembocar en un plan estratégico que contenga acciones
de corto, mediano y largo plazo
Jesús Balbín, coordinador del programa Conflicto
y Derechos Humanos, del Instituto Popular de Capacitación
(IPC), plantea que empezar a derrotar el miedo es el punto
de entrada para buscar soluciones colectivas. "En los
barrios, en las organizaciones comunitarias, en las instituciones
y hasta en el mismo Estado hay miedo de denunciar, de hablar
sobre lo que está pasando, de decir la verdad".
Pero el académico va más allá y plantea
que luego de vencer el miedo se debe derrotar la soledad.
"¿Soy el único en buscar salidas?, ¿estoy
solo o hay más? Son muchas las personas que piensan
en rechazar el sometimiento a los grupos armados, lo que pasa
es que hay que buscarlas y construir lazos de solidaridad".
No obstante, se requiere de un tercer elemento para allanar
el camino de salida al conflicto y es la confianza. En los
barrios, la ausencia del Estado o su presencia tan sólo
policial o militar, vulnerando derechos humanos y libertades
individuales y en algunas circunstancias actuando de manera
conjunta con grupos armados ilegales, según lo denuncian
voceros barriales, ha generado una profunda desconfianza de
los pobladores.
Por ello el grupo de trabajo sobre Paz y Derechos Humanos
de la Red Viva de Antioquia considera que hoy más que
nunca se requiere de la ciudadanía una posición
política clara y contundente contra la guerra y los
autoritarismos, de derecha y de izquierda, sin vacilaciones,
sin justificaciones de ninguna índole. "Desechemos
la noción de las guerras justas y adoptemos un discurso
político sin fisuras sobre nuestra opción por
el pacifismo, por la no violencia, por la resistencia a la
guerra y el autoritarismo", propone esa organización.
Plan estratégico
Pero superados los miedos, las soledades y las desconfianzas,
lo que se requiere entonces es un plan estratégico
específico que le dé continuidad a las políticas
de convivencia ciudadana y permita hallar salidas a la situación
de violencia que afronta la ciudad. A continuación
presentamos los puntos en los que coinciden expertos de la
Corporación Región, el IPC, las universidades
Nacional y Antioquia, para la construcción de salidas
al conflicto urbano armado:
Cultura ciudadana:
Coinciden los expertos en la necesidad de cambiar la cultura
ciudadana, aquella que nos ha impulsado a solucionar, hasta
con nuestras propias manos, cualquier problema. Tiene que
haber un esfuerzo grande de la familia, la escuela, la educación
y el Estado para modificar la cultura que tenemos. Para ello
es indispensable fortalecer la educación.
Participación política:
Para pocos es desconocido que la ciudadanía
se sienta excluida en las decisiones del gobierno municipal.
Muestra de ello es la representación de la comunidad
en el Concejo. Todos provienen de los partidos tradicionales,
no hay ninguno que represente sectores comunitarios.
Algunos insisten en señalar que un ciudadano común
y corriente no tiene mayor peso ante las instancias de poder,
entre otras razones porque hasta el momento no se ha consolidado
una actitud ciudadana amplia para combatir, desde las posibilidades
legales, las injusticias y los olvidos de los dirigentes.
Señalan algunos académicos que el poder político
se acostumbró a decidir sobre su criterio, no siempre
confiable, en asuntos de ciudad y se olvidó de que
los ciudadanos son algo más que votos cada cierto tiempo.
Políticas de reinserción:
El número de bandas en la ciudad, que algunos
cálculos conservadores tasan en 300, y la presencia
de milicias de la guerrilla y de las autodefensas, exige una
política especial que aborde el tema de la incorporación
de sus miembros a la vida ciudadana. En esa búsqueda
hay que contemplar programas de reinserción urbana
que recojan experiencias de otros años como los pactos
de convivencia y desarme aplicados a grupos alzados en armas.
En ese marco de referencia debe haber un componente ineludible
de sometimiento a la justicia, como el aplicado al narcotráfico.
Inversión social:
La ciudad requiere construir equidad y eso sólo
es posible a través de la inversión social.
En principio, es necesario, advierten analistas económicos,
superar la exclusión económica. La dinámica
de la ciudad, que fue corazón industrial y ahora no
sabe si aún lo es o si ya es turística, de servicios,
de eventos o tecnológica, no cobija a todos los medellinenses.
El desempleo aumentó, superando de manera oficial el
20%, pero por causas como el desplazamiento pasó del
50% en algunos sectores.
Fortalecimiento de la Policía
Comunitaria: En este programa es necesario avanzar
porque a criterio de algunos observadores sociales, no ha
logrado los niveles de protagonismo y de visibilidad requeridos.
Se necesita un cuerpo policial que tenga como principios el
respeto por las garantías individuales y colectivas,
así como por el respeto a los derechos humanos. La
idea es que el Estado recupere legitimidad y confianza a través
de un cuerpo se seguridad como éste.
Presencia de organismos humanitarios:
La ciudad necesita con urgencia la
presencia en los barrios de veedurías internacionales
humanitarias, que provengan de Naciones Unidas, la Unión
Europea y de Norteamérica, incluso, para que identifiquen
situaciones especiales y, además de denunciar, propongan
alternativas de solución.
Adicional a ello, sería importante hacer una gran campaña
urbana sobre el Derecho Internacional Humanitario y el respeto
a la población civil, así como adelantar unas
acciones pedagógicas de señalización
de sitios protegidos por las normas de la guerra; crear corredores
humanitarios en los barrios más golpeados por los grupos
ilegales armados para facilitar el acceso de la gente a escuelas,
colegios y hospitales y centros de abastecimiento.
El desarme: Por
diferencia de criterios es poco lo que ha avanzado la ciudad
en temas como éste, pero los resultados en la ciudad
de Bogotá, que para el año 2001 representaron
una disminución del 8%, han demostrado que es el mecanismo
más eficaz para reducir los índices de criminalidad.
Sobre esta propuesta existen normas nacionales que es necesario
concertar para aplicarlas.
El Estado de Derecho:
Lo que revela la vida cotidiana de los habitantes de aquellas
comunas más conflictivas es la poca capacidad del Estado
para ejercer el control, el cual fue asumido por los grupos
armados al margen de la ley.
El Estado, y no sólo en la ciudad sino en todo el país,
perdió los monopolios de las armas, de la administración
de justicia, de la seguridad y hasta el de la tributación.
De ahí que los expertos insistan en la tarea de restituir
el estado de derecho, a través de mecanismos como la
creación de la políticas de resolución
de conflictos y de mecanismos de acceso ciudadano a la justicia,
a través de la justicia comunitaria y los jueces de
paz, así como el fortalecimiento de la capacidad de
los jueces para fallar de manera oportuna. De esta manera,
aseguran los estudiosos de la materia, se lograría
la reconstitución del estado de derecho.

Para darle soluciones integrales
al conflicto armado urbano es necesario visibilizarlo.
Pensar que no sólo pasa en mi barrio sino que está
por toda la ciudad. La idea es no callarse, hay que hablarlo,
explicarlo, criticarlo. No callarse. Foto Donaldo Zuluaga
Velilla |
Implicaciones
Alcaldía introdujo cambios
Cuando Luis Pérez Gutiérrez asumió en
enero del 2001 la Alcaldía de Medellín encontró
en materia de convivencia dos circunstancias que no se acomodaban
al proyecto de pacificación de la ciudad: unos grupos
armados en proceso de facilitación, que recibían
dineros del Estado, pero que querían seguir viviendo
en la clandestinidad, y un préstamo con el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) incipiente y lento en su ejecución,
y de poco impacto social.
En ambos aspectos se basa el mandatario local para advertir
que su administración no heredó un proceso visible
de convivencia. "Nadie puede mostrar un proceso de pacificación
visible en la ciudad de Medellín", precisa.
Su tarea en este asunto ha sido la de reorientar las políticas
de gobierno y lograr mayor eficacia e impacto en su aplicación.
Pero a pesar de sus propuestas diversos sectores sociales
le reclaman un mayor liderazgo esa labor y un debate público
donde se recojan las experiencias que existen en la ciudad.
"Un programa de paz y convivencia no se puede quedar
en un asunto de intelectuales sino que tienen que impactar
la sociedad", reitera.
"Es imposible que el presupuesto de Medellín
se gaste en proyectos aislados y se diga que el de paz es
uno más. Creemos que la pacificación empieza
en ideas tan importantes como darle educación a todos,
entre otras razones para acabar con la violencia en los menores.
Por eso mi primer proyecto de pacificación está
en declarar la educación obligatoria. En este momento
en Medellín no hay ni una sola persona, menor o mayor,
que quiera estudiar, En 24 horas le tenemos un cupo. Quedan
todavía algunos niños que no quieren estudiar,
pero muy pronto los vamos a recoger para llevarlos a unos
sitios especiales que están siendo acondicionados.
"Consideramos que si recogemos unos 2.000 ya no habrá
nadie en la calle", dice.
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