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Análisis
El conflicto urbano en Medellín
Por
Sergio Fajardo Valderrama
Medellín
Una preocupación recorre buena parte del mundo occidental:
la inseguridad. América Latina no es la excepción.
De acuerdo al trabajo reciente de Bernard Klisberg, coordinador
de la Iniciativa Interamericana del Capital Social, Ética
y Desarrollo del BID, Los índices de criminalidad
de América Latina se han disparado en las dos últimas
décadas.
En la región latinoamericana, según Klisberg,
la población sufre en promedio 30 homicidios
por cada 100.000 habitantes. Esa es una tasa que multiplica
por seis la de los países occidentales que tienen una
criminalidad moderada. La magnitud de la criminalidad en la
región, ha determinado que sea considerada epidémica.
Afirma también que estos climas de alarma generalizada
son propicios para la aparición de tesis extremas,
que encuentran receptividad ante la desesperación por
resultados rápidos que surgen de amplios sectores.
Medellín, en los últimos doce años, ha
tenido una tasa alrededor de 150 homicidios por cada 100.000
habitantes. Las cifras hablan por sí mismas.
El Colombiano, consciente de la magnitud del problema que
vive la ciudad se sumergió directamente en la esencia
del conflicto urbano en Medellín, a través de
una serie de 20 entregas. A partir de la experiencia del equipo
periodístico, miramos con rigor todos los ángulos
de la situación, recogimos opiniones de nuestros lectores,
e hicimos un sondeo entre los habitantes de la ciudad. Esta
misma semana, un día después de concluir nuestro
trabajo, se presentó la actuación de las autoridades
militares en la parte alta de la zona centrooccidental de
la ciudad con resultados ampliamente destacados. ¿Qué
está pasando en Medellín? ¿Cómo
nos relacionamos con otros lugares del mundo? ¿Qué
puede pasar?
Fenómeno Latinoamericano
Hay elementos de las expresiones de violencia urbana que Medellín
comparte con otras ciudades de América Latina. El tema
es de una gran complejidad y no admite simplificaciones inmediatistas.
Klisberg observa que una buena parte de los crímenes
son cometidos por jóvenes y, en todas partes, aparece
la droga como un factor relevante.
Señala como características comunes más
sobresalientes, las siguientes: la pobreza y las desigualdades
sociales, generan agudas tensiones sociales, y
la evidencia recogida muestra que algunos componentes de este
deterioro tienen una repercusión directa en la criminalidad.
Las altas tasas de desocupación juvenil son tema de
preocupación urgente. El deterioro familiar tiene consecuencias
negativas, pues la familia es fundamental en la prevención
del delito. Si este factor se une con la pobreza, la desarticulación
familiar se convierte en elemento altamente relevante, así
la violencia intrafamiliar adquiere características
alarmantes. De igual forma, hay una correlación directa
entre nivel educativo y criminalidad, y la explicación
es sencilla: a mayor nivel educativo, menor criminalidad.
Medellín, sin duda, encaja perfectamente en este perfil
general.
Características de Medellín
En adición a los factores anteriores, nuestra ciudad
tiene otras características que nos convierten en un
caso crítico. En primer lugar, los efectos del narcotráfico
son innegables.
Entre ellos, la violencia que se alimentó de las condiciones
sociales de sectores desfavorecidos y que están asociados
a la figura de Pablo Escobar y otros, tiene una repercusión
tremenda en la vida de la ciudad. Después de doce años
de violencia ininterrumpida, los rasgos culturales propios
que surgen de este problema, tienen raíces y dimensiones
muy profundas: La transmisión generacional de la cultura
de la violencia es un signo de inmensa preocupación.
De otro lado, y agravado por la delincuencia que surgió
con el narcotráfico, aparecen las marcas del conflicto
nacional con su expresión directa en la ciudad. Tenemos
una lucha territorial entre las milicias de los Farc y el
Eln, y las autodefensas. Y no se puede dejar por fuera un
tema que no ha recibido la debida atención, como es
la pérdida de la ética civil que otrora inspiró
buena parte de nuestra cultura antioqueña.
Las soluciones globales
De acuerdo a Klisberg, las respuestas que se han aplicado
en el mundo se pueden dividir, a grandes rasgos, en dos categorías.
La Vía Punitiva, reclama acciones directas,
de castigo duro a cualquier tipo de infracción y, en
consecuencia, se dirigen a aumentar el número de efectivos
policiales, a criminalizar a los menores, y se aumenta el
número de cárceles para encerrar delincuentes.
La política de tolerancia cero de Nueva
York y otras ciudades, es un ejemplo.
De otro lado, la Vía preventiva, está
en oposición a la anterior, y señala que los
resultados que se obtienen son pasajeros, pero no solucionan
el problema. Se criminaliza la pobreza, y se profundizan los
enfrentamientos sociales. Proponen entonces un enfoque preventivo,
con la participación de toda la comunidad, y las iglesias,
con vigorosos programas de apoyo a los jóvenes desfavorecidos.
Los ejemplos de las ciudades de Boston, y San Diego ilustran
este enfoque.
Posibilidades
En el transcurso de los últimos años, empezando
con la Consejería presidencial para Medellín
que dirigió en primera instancia María Emma
Mejía, en la ciudad se han intentado varias aproximaciones
en la búsqueda de soluciones al problema de violencia.
Un hecho es notable: no ha habido continuidad en las políticas,
sin duda bien intencionadas, con una mínima evaluación,
y como consecuencia directa, el problema ha tenido resultados
parciales, pero, sutilmente, al mismo tiempo se ha agravado:
se suaviza una coyuntura difícil, pero las raíces
siguen hundiéndose más hondo. Las condiciones
han cambiado y cada día aparecen elementos que no fueron
considerados previamente.
Por eso no se puede decir que Medellín está
sobrediagnosticada. El ejemplo del programa de Convivencia
Ciudadana con la financiación del BID, es ilustrativo:
la ciudad no sabe en qué está y el tiempo que
se ha perdido es precioso. Es importante señalar que
la situación ha sido abordada fundamentalmente desde
la perspectiva del gobierno municipal, con la importante participación
de la Iglesia y algunas organizaciones sociales, con la mayoría
de ciudadanos como espectadores no comprometidos.
Los párrafos anteriores, nos sirven para sugerir posibilidades
de intervención, con unas las líneas de actuación,
con acciones para todos los plazos que, en principio, son
fáciles de enumerar: una política especial para
jóvenes desocupados que contemple, entre otros, la
creación de empleos, la prevención del consumo
de drogas y oportunidades educativas; actuación de
emergencia para apoyar el fortalecimiento de la unidad familiar,
y a esas familias que están deterioradas, haciendo
énfasis en la situación de vulnerabilidad de
los niños; una política de empleo de emergencia
en el nivel barrial y comunitario para familias de bajos ingresos;
un ambicioso proyecto de cultura cívica, en el cual
cada persona de la ciudad, independientemente de la condición
social, tenga un papel, por pequeño que sea, con el
que se compromete, y la presentación del proyecto educativo
de la ciudad, en todas sus dimensiones, con las etapas claramente
señaladas.
Sin duda, es esencial el fortalecimiento de la Policía
y el Ejército como autoridades militares que representan
la legitimidad del Estado y de todos los ciudadanos que combaten
a todos los violentos y tienen la cooperación de la
ciudadanía, que están cerca de las comunidades,
gozan de su confianza y forman parte de la construcción
de la ciudad.
Se puede decir que algunas de estas tareas se están
haciendo, y es cierto. El problema es que se necesita el liderazgo
para que todos las asumamos como nuestras, y no simplemente
las sintamos como responsabilidad de otro. El gobierno municipal,
por bien intencionado que esté no lo logrará
actuando en forma aislada.
Necesitamos sacar el tema del terreno de los intereses políticos
pequeños, diseñar los plazos en el tiempo, para
que se mantengan y avancemos. Esta es una tarea que obliga
a un trabajo distinto. Uno por uno, puerta a puerta, acercando
personas y organizaciones que compartan el proyecto, insistiendo
en el aporte y compromiso del sector privado mostrándoselas
a la ciudad, para que se conviertan en ejemplo que atrae,
con cooperación internacional, apoyados en los medios
de comunicación. En fin, Medellín está
en mora de tomar decisiones fundamentales para su futuro,
y no hay margen para equivocarnos.
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