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Empresarios, en medio del
fuego
Cada mes mueren hasta 4 famiempresarios víctimas de
violencia.
El miedo a ser secuestrado marchita el deseo de hacer empresa.
Antes de prestar, banqueros miran el mapa del conflicto armado.
Por
Germán
Jiménez Morales
Medellín

La inseguridad es hoy uno
de los principales factores que impiden la renovación,
el crecimiento y la creación de nuevos proyectos
empresariales. El secuestro y la extorsión, asociados
con grupos armados ilegales, son una peste
para la industria urbana.
Fotos Jaime Pérez |
A David lo está matando
el miedo al progreso. Su empresa, que le da empleo a 18 trabajadores
y sustento a unas 90 personas, tiene controlado su crecimiento
cual si fuera un bonsái. Para él, expandirse
es sinónimo de riesgo, porque los bandidos pueden pensar
que está forrado en billete. Y de ahí a repetir
el secuestro extorsivo que padeció en el 2001... no
habría sino un paso.
La experiencia le dejó la mirada triste, rayando en
la amargura, y la voz con tono de enfado. A sus 37 años
de edad ya no muestra el afán de superación
que lo llevó a pasar de la ganadería al oficio
de supervisor y de allí a su estreno como patrono,
hace cuatro años. Su compañía, ubicada
en un sector residencial clase media, en la comuna 15 de Medellín,
vale de $90 a $100 millones. Sin embargo, estaría dispuesto
a venderla por $30 ó $40 millones, con tal de disfrutar
de una vida familiar más segura y apacible.
La desazón le nació en los días que
pasó secuestrado por los "elenos", agrupación
a la que las autoridades le atribuyen el 20% de los secuestros
del país y que escolta a las Farc, cuya participación
en "el negocio" es del 32%. Al comienzo, David les
dijo que podía pagar de $3 a $4 millones, pero los
guerrilleros le arrancaron $30 millones. De esa cifra, $10
millones recién le habían llegado por la vía
de un préstamo, que aún está pagando.
Otros $10 millones se los había facilitado un familiar
y los restantes 10 paquetes eran ahorro. Una vez liberado,
el empresario cerró la fábrica. Los trabajadores,
proveedores, amigos y clientes lo animaron para que siguiera
adelante y a los 20 días la reabrió.
Volver a levantarse no ha sido fácil. Primero, porque
juntar un capital de $30 millones puede tomarle de cuatro
a cinco años. Y segundo, porque él piensa que
"como está el país no provoca crecer la
compañía. Esto va para una guerra. Al que tiene,
no lo dejan trabajar y al que no tiene, lo están volviendo
malo". En la cabeza le ronda la idea de vender y montar
un pequeño negocio, a ver si de esa manera no le piden
plata o no lo secuestran por el hecho de ser empresario.
Otros ya lo hicieron
¿Cuántos de los 8.820 capitalistas antioqueños
que disolvieron sus negocios entre 1990 y el 2001, habrán
pensado igual que David? ¿En dónde estarán
los $340.604 millones que tenían invertidos en sus
sociedades?
El dato no existe. Sin embargo, una tajada se debe haber
transferido violentamente a los bolsillos de la guerrilla,
los paramilitares y la delincuencia común. Pagar por
la libertad fue una exigencia que el año pasado les
hicieron los captores a 891 de los 3.042 secuestrados que
registraron las autoridades en el país. Hace seis años
esa llegó a ser la motivación del 92% de los
plagios, pero ha bajado a medida que el flagelo se multiplica.
De 1996 a enero del 2002 se conocieron 15.992 secuestros,
de los cuales el 52.3% eran extorsivos con fines económicos.
Los empresarios, como David, son las víctimas predilectas.
De hecho, pesaron el 30% dentro de los 183 secuestros de enero
del 2002. En ese período cayeron 29 comerciantes, 13
ganaderos, 5 agricultores, 4 gerentes, 3 administradores y
1 contratista. David no denunció su caso. Si lo hubiera
hecho, habría ayudado a consolidar a Antioquia como
una de las regiones más golpeadas con el secuestro,
con una participación que varía entre el 18%
y el 20%.
El empresario no es el único que adopta una actitud
temerosa frente al efecto que sobre sus negocios tiene la
violencia y el conflicto armado. La última Encuesta
de Calidad de Vida para Medellín encontró que
de 2.340 delitos padecidos por los entrevistados, sólo
912, equivalentes al 39%, fueron notificados a las autoridades.
De 61 extorsiones o chantajes no se denunciaron 31. De 84
desalojos no fueron informados 46. De 1.811 atracos o robos
no se reportaron 1.142. De 6 violaciones no se denunciaron
5. Curiosamente, el mejor indicador está en el caso
del secuestro o la desaparición: de 22 casos, 19 fueron
informados a los organismos oficiales.
Los más expuestos a esa amalgama de inseguridad son
los pequeños y medianos hombres de negocios que residen
en los barrios populares de Medellín. Cifras del Instituto
Popular de Capacitación (IPC), con fuente en Decypol,
revelan que entre el año 99 y el 2001 se presentaron
en esta ciudad 9.515 homicidios, de los cuales el 13.5% se
concentró en la zona de la Candelaria, el 11% en los
Populares, el 8% en el Doce de Octubre y el 7.5% en Aranjuez.
En un marco como ese una entidad de asesoría y crédito
afirma que en los últimos meses ha visto morir en forma
violenta a un promedio mensual de cuatro famiempresarios.
Los asesores de estos industriales y comerciantes ubicados
en zonas de candela del conflicto armado se han convertido
en sus confesores. Las historias se repiten. Los dueños
de los negocios caseros viven enjaulados. En las noches tienen
que cerrar temprano y no pueden prender las luces de la sala
o del frente de la vivienda-empresa. Algunas esposas cuentan
que el marido tuvo que salir a surtir, porque el entable se
agotaba, y no se volvió a saber nada de él...
hasta el día en que lo encontraron como un NN.
Aún queriendo, los famiempresarios y microempresarios
no pueden salir de su barrio para ponerse al día en
su crédito. Los cambios de domicilio también
van en aumento, pues muchos no aguantan el hostigamiento de
los actores armados y buscan zonas de la ciudad más
apacibles, para evitar que sus hijos jóvenes sean enrolados
por las bandas organizadas, los milicianos, los guerrilleros
o los paras.
La situación se ha tornado más aguda desde
mediados del año anterior. Las ventas de pequeños
y medianos empresarios caen. Los proveedores se niegan a surtir
directamente los negocios. Quienes le trabajan a terceros,
como los confeccionistas o los productores de calzado, tienen
que ir a recoger la mercancía. Y hasta las peticiones
de refinanciación de los préstamos se han disparado.
Los financistas, cuya función tiene un sentido más
social, se han vuelto "realistas" a la hora de conceder
créditos a estos hombres de empresa. Tanto, que cuando
se sientan con ellos a revisar el balance de entradas y salidas
de dinero, se disfrazan las vacunas y extorsiones en una cuenta
llamada "otros gastos fijos". Allí queda
asentada la mordida de $80.000 ó $100.000 mensuales
que se pagan a diversos actores armados a cambio de protección.
Conflicto por doquier
Entre las zonas duras para el desempeño empresarial
sobresale la comuna 13, aunque también hay problemas
serios en sectores como Itagüí, especialmente
en los que comunican con San Antonio de Prado y La Estrella.
Otro tanto ocurre con Bello, París, 12 de Octubre,
La Maruchenga, Santander, los populares 1 y 2, Santa Cruz
y Villa del Socorro.
Eso sugiere una cierta focalización de los problemas,
que no es compartida por Isaac Gaviria, director de Metroseguridad.
Su criterio es que "toda la ciudad está afectada
por la urbanización del conflicto armado".
En su concepto, en comunas como la 13, el fenómeno
es estruendoso y visible por los enfrentamientos entre los
actores. En otras zonas la expresión es más
silenciosa, a través de la extorsión, el secuestro,
el boleteo o el robo de carros.
Gaviria manifiesta que en estos últimos casos el que
tiene con qué paga la vacuna, creyendo que de esta
forma se libera del asunto. Falso. El éxito de la operación
persuade al delincuente de que esa acción se puede
replicar contra el mismo ciudadano, contra sus familiares,
contra los vecinos del sector o contra el gremio del extorsionado.
El funcionario anota que los actores armados han venido cambiando
de estrategia. Ahora, por ejemplo, infiltran a sus hombres
como empleados de familias de estratos altos, lo cual les
permite un conocimiento detallado de los movimientos de potenciales
"peces gordos". También se infiltran en compañías
de vigilancia privada, para acceder a datos de primera mano
sobre la jugosa actividad del transporte de valores. Otro
tanto ocurre con la banca y los sectores comerciales.
Dado que los grandes empresarios no abundan y además
tienen sus cercos de vigilancia institucional y personal,
los actores armados han dirigido su atención a los
de menor talla, a los ejecutivos y empleados de buen nivel.
Así mismo, a la hora de reclutar personal encuentran
un mercado pulpito en los "sardinos" que ni estudian
ni trabajan. Los niveles de rentabilidad conocidos por Metroseguridad
indican que un joven puede percibir hasta $1.5 millones por
el robo de cada vehículo. Tampoco es raro que lleguen
a tener ingresos de $3 ó $4 millones, al realizar trabajos
tan refinados como la venta de secuestrados a los actores
armados. En un medio avaro en oportunidades para ellos, los
jóvenes mercenarios le apuestan a una fuente rápida
de enriquecimiento ilícito, así ello implique
un brutal recorte de su esperanza de vida.
Nombre ficticio para proteger a la
fuente.
Costos y cifras
Negra factura
Medellín encabeza la lista de las ciudades
que son más golpeadas por la piratería terrestre.
Según Defencarga, en el 2001 se registraron en Colombia
1.921 casos en los que se hurtaron mercancías valoradas
en $110.209 millones.
A esto se añaden los vehículos robados,
cuyo valor se tasó en $47.061 millones. El 25.6% de
las mercancías hurtadas son abarrotes. Dinero y joyas
equivalen al 5.48%, los textiles el 4.97%, las carnes y pollos
el 3.63% y los lácteos y huevos el 3.59%. A nivel local,
buena parte de estos delitos se cometen en el peaje de Guarne,
la Plaza Minorista, la Avenida Guayabal, Hatillo, Solla, Centro
Internacional del Mueble y la Variante de Caldas.
Según Metroseguridad, de 3.445 víctimas
de homicidio en el 2001 el 26.4% eran desempleados. El segundo
lugar lo ocuparon los comerciantes, con una participación
del 3.5%.
A los grandes industriales del país el clima
de inseguridad les preocupa, pero no tanto como la ausencia
de compradores. En la última Encuesta de Opinión
que lideran gremios como la Andi, la falta de demanda aparece
como el principal factor que frena el desarrollo de los negocios,
con un peso del 35.9%. El segundo escollo es la inseguridad,
con el 16.4%.
Pese a ello, la inquietud frente al deterioro del
orden público es creciente. En octubre del 98, por
ejemplo, la inseguridad sólo era un escollo para el
3% de los entrevistados.
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