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Región / Paz y DH >> Conflicto Urbano
Campos de juego y enfrentamientos
En un solo campeonato de fútbol mataron a cinco jóvenes.
Inder intenta recuperar unidades deportivas de Castilla y
Miraflores.
Líderes piden presencia del Estado con recursos y programas.
Por
Wilson Díaz
Sánchez
Oswaldo Bustamante E.
Medellín

Los niños miran
el entrenamiento de una de las escuelas de la zona Noroccidental
de Medellín. Ellos son los más perjudicados
por el conflicto armado en los sectores populares. Fotos
José Luis Chavarriaga |
En muchos barrios populares de Medellín las canchas
y placas polideportivas dejaron de ser campos para la lúdica
y la recreación, y se convirtieron en "oficinas"
de bandas y sitios de ajusticiamiento preferidos por los actores
del conflicto armado.
Muchachos de la Zona Nororiental cuentan que jugar un partido
resulta tan arriesgado a cualquier hora del día, que
han visto caer heridos y muertos a sus amigos, "víctimas
del fuego cruzado entre pandillas".
Pero en medio de la intolerancia de algunos, la creatividad
y el deseo de ofrecerles otras alternativas a hijos, hermanos
y familiares, surgen movimientos que, "armados de balones
y uniformes, sembramos vida en la comunidad. Creemos que el
deporte es el mejor vehículo para hacer la paz, pero
es necesario que el Estado acompañe nuestros procesos.
No se trata de entregar porterías y volquetadas de
arenilla por parte del Instituto de Recreación y Deporte
de Medellín (Inder), aquí hay que generar participación
social", dice Fredy*,
un líder que nació, creció y su forjó
en las laderas.
Cuanto tenía 15 años ya hacía parte
de la acción comunal. Siempre "gomoso" de
la actividad deportiva, promovió un grupo de trabajo
hasta conseguir un espacio para organizar torneos en el barrio
y su labor no resultó fácil, pues en 1995 debió
cancelar el campeonato "porque ya iban cinco muertos
por peleas entre combos. Ahora no es como en otras épocas,
cuando nos agarrábamos a golpes y de ahí no
pasaba. Hoy es a bala y por cualquier bobada", relata
mientras apoya la cabeza en sus manos.
Fredy, que alguna vez hizo un receso en su trabajo comunitario
y se integró a una banda, asegura que volver a la normalidad
le costó demasiado. Por su cabeza aún rondan
los hechos lamentables e irreparables que debió soportar
para salirse del combo, por allá en los años
90 cuando "hubo un desarraigo social impresionante".
A los 36 años y padre de familia, ahora es el motor
del Comité de Deportes del sector, después de
rescatar de la maleza y la basura la cancha que estuvo abandonada
por mucho tiempo. Orgulloso muestra las tribunas limpias y
el parque ecológico que construyó con un grupo
de jóvenes, con el visto bueno de otros pelaos (jóvenes
miembros de pandillas) que "saben que esta labor nos
favorece a todos".
Sin miedos
"A mí deme un morral lleno de balones
y unos conos para los entrenamientos y me le meto a cualquier
barrio por caliente que sea". John Jaime * conoce bien
el terreno que pisa, pues allí creció y se forjó
como hombre del deporte.
Al fondo se divisa la ciudad opacada por la bruma, y la Unidad
Deportiva de Castilla empieza a llenarse con los niños
de las escuelas de fútbol, creadas por personas del
barrio. Tres canchas de fútbol, tres placas múltiples,
un salón comunal y un sendero para caminantes conforman
el complejo que en su aspecto delata abandono, pues hace dos
años y medio el Inder retiró de allí
al administrador y a los vigilantes por problemas de seguridad.
John Jaime dice que lo poco que se ha hecho es por cuenta
de la comunidad y lamenta la poca presencia de mujeres, temerosas
de los violentos. "Los colinos (marihuaneros) vigilan
y cuidan el escenario. Cuando se logra recolectar algún
dinero, ellos desyerban. Por su propia iniciativa sembraron
una huerta con árboles frutales en un espacio que estaba
convertido en matorral".
Las llaves del salón comunal las tienen los pelaos
de una banda y las facilitan cuando alguien lo requiere, no
sin antes dar el visto bueno.
Hace dos años los vecinos del sector recuperaron este
espacio, otrora famoso por ser el centro de operaciones de
la banda de La Quica, lugarteniente del capo del narcotráfico
Pablo Escobar Gaviria. Allí, la comunidad impulsó
un pacto de paz entre las pandillas Carruseles y Mondongueros.
John Jaime tuvo la fortuna de jugar bien al fútbol
y de recibir el respaldo de la familia. Hoy, se pregunta:
"¿qué hubiera sido de mí en otras
circunstancias? Los torneos de éste y los barrios aledaños
normalmente son vigilados por las bandas, que impiden desórdenes.
Un amigo suyo se dejó llevar por el calor del partido,
intentó agredir al árbitro y jamás pudo
volver por esos lugares.
Libres de barreras
En El Salado, sector de San Javier, al occidente de Medellín,
asegura Felipe*, no hay problemas para jugar en la cancha,
ubicada en el centro del barrio. El temor es que mientras
se desarrollan los partidos puede presentarse un enfrentamiento
entre milicias y autodefensas "y lo coronan a uno, como
le sucedió estos días a un muchacho".
En el sitio conocido como Cuatro Esquinas, los milicianos
bajan a jugar microfútbol. Inclusivo, tienen equipo
en el torneo. El escenario con mayores problemas, y al que
temen ir los deportistas, es la cancha de Zonitas, "donde
ha muerto mucha gente".
Una escuelita de fútbol de Belencito, que el año
pasado entrenaba de noche por los compromisos de los entrenadores
en el día, debió cambiar de horario por petición
de los padres de familia. Intentaron exiliarse en otro barrio,
pero los entrenadores fueron llamados para que retomaran la
labor con casi 90 niños.
Al otro lado de la ciudad, en el barrio Pablo Escobar, el
futbolito se juega en la calle porque no hay canchas. Un comité
logró que el Inder financiara la construcción
de un parque infantil, pero cuando llegó el momento
de hacer las diligencias, apareció el capo de una banda
y manifestó que el terreno ya estaba vendido.
A pesar de las presiones, John Bahos, promotor del programa
Fútbol por la paz y juego limpio, cree que el deporte
es la única garantía de llegarles a los muchachos.
En un campeonato de Manrique Las Granjas, como organizador,
debió intervenir, cuando al árbitro le pusieron
una pistola en la cabeza. En otra ocasión estaba pitando
y decretó un penalti en el último minuto. "Casi
me matan, por fortuna cerca de mí había un amigo
y me ayudó a salir del lío".
El susto pasó y continuó en su labor. Actualmente
promueve un campeonato con participación de combos
de Las Nieves, Santa Inés y Guayabal, dispuestas a
establecer diálogos y convivencia. "Lo único
que motiva a los combos es el deporte, porque allí
encuentran neutralidad y respeto entre ellos", dice.
Orgulloso recuerda su asistencia, como entrenador y delegado,
a la Copa Juego Limpio en Alemania, en el 2000, donde Medellín
estuvo representada por un elenco del barrio Las Esmeraldas,
tras ganar el torneo local frente a 554 aspirantes.
Allí, después de recibir elogios por el comportamiento
de los jugadores, sintió aún más la necesidad
de luchar por un deporte formativo, sin estigmatizaciones
y presiones políticas. Él, como los líderes
anónimos de las comunas de la ciudad, quieren las canchas
libres para sembrar, con la actividad física, semillas
de paz.
*Nombres
cambiados por petición de las fuentes. Subir
Implicaciones
Se perdió el manejo
Entres las funciones del Inder está la adecuación,
mantenimiento y construcción de escenarios deportivos
en barrios y corregimientos de la ciudad, ubicados en espacios
públicos.
Las canchas normalmente son administradas por las acciones
comunales o comités, pero el Inder tiene el manejo
de las Unidades Satélites, entre las que se destacan
la de Castilla, Doce de Octubre, Belén, Miraflores,
La Floresta y Los Alcázares, con presupuesto anual
para cada una.
Sin embargo, grupos al margen de la ley se apropiaron de
las unidades deportivas de Castilla y Miraflores. Actualmente,
el Inder intenta recuperarlas con programas como las Escuelas
Populares del Deporte.
Para Miraflores, según el gerente Francisco Javier
Zabala, hay destinada una inversión de $200 millones,
de los cuales ya se hicieron efectivos $50 millones en adecuaciones.
Los habitantes de Castilla, entre tanto, esperan que la Administración
Municipal concrete acciones.
En el 2001, según el funcionario, la inversión
en escenarios fue de $1.200 millones. Zabala hizo un llamado
a los actores del conflicto para que dejen entrar sin problemas
a sus delegados, pues denunció secuestros, amenazas
y "vacunas" a trabajadores de la entidad que él
representa, lo que dificulta la labor por el deporte.
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