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¿Qué si hay paras
? Véalos
Alcaldes, impotentes ante la presencia
de nuevos grupos armados.
Medellín
"¿Quiere saber si aquí hay autodefensas?
Vea, mire para esa esquina que allá están sentados",
dice de manera alegórica un funcionario de un municipio
del Area Metropolitana, para dar una idea de la forma como
estas organizaciones se han aposentado en las áreas
urbanas próximas a Medellín.
Las autoridades locales no desconocen un fenómeno
tan evidente para sus comunidades, tienen diferentes argumentos
para explicarlo, pero sus palabras dejan escapar un aire de
impotencia para enfrentarlo. El alcalde de La Estrella, Juan
Diego Vélez, precisa que desde comienzos de este año,
la comunidad se ha manifestado sobre la presencia de hombres
armados que no se identificaban, tras de lo cual aparecieron
grafitis con amenazas.
Lo reconoce como un fenómeno nuevo, aunque expresa
que "uno nunca sabe desde cuándo se pueden estar
incubando esas situaciones, máxime en un municipio
que tiene 55.000 habitantes".
Afirma que "hay rumores de que han estado en procura
de que algunas personas entreguen dinero", pero que a
la hora de concretar los hechos "parece que la gente
prefiere sumirse en su desesperación antes que denunciar
al delincuente y eso incide en el aumento de la violencia".
En enero hubo cinco homicidios, en febrero dos y en marzo
uno, que son muchos para el alcalde, porque "un solo
tiene que movilizar a toda la comunidad".
Zozobra palpable
No es diferente la situación que enfrenta su colega
de Copacabana, Diego Echeverri, quien afirma que la seguridad
de su pueblo no depende de un pie de fuerza para asignar un
policía a cada uno de los 60.000 habitantes, sino programas
de inversión para lo que no cuenta con recursos.
Sobre los hechos protagonizados por la que la comunidad señala
como la "camioneta de la muerte", Echeverri dice
que según la investigación "no se tienen
datos específicos de qué tipo de vehículo
es y la comunidad no se si no tiene la información
o no se atreve a suministrarla".
Se duele de que hay muchos jóvenes en las esquinas
sin oportunidades, a los que urge ofrecer alternativas de
educación y empleo. "Aquí se acercan madres
cabeza de familia a decirme que tienen hijos de 12 y 13 años
que se les salieron de las manos, que ya están pensando
en alternativas malignas que atentan contra la misma comunidad",
comenta, tras observar que busca opciones con el Sena, el
Pascual Bravo y Actuar Famiempresas.
No tiene conocimiento de amenazas al sector empresarial y
dice que sensibiliza a los industriales porque "si utilizan
la mano de obra de acá, acogen personas que van a tener
lealtad y sentido de pertenencia con la comunidad".
En el extremo sur del Valle del Aburrá, el alcalde
de Caldas, Saúl Posada Ochoa, sostiene que "lo
que llamamos guerra no se vive en Caldas por enfrentamiento
directo", aunque es un municipio que por su localización
como puerta del Suroeste antioqueño y Soroccidente
del país, es vulnerable de todas las fuerzas derecha
e izquierda.
Admite que han ocurrido enfrentamientos en las zonas rurales.
"Ha habido masacres, hay amenazas en los barrios a muchachos
que están metidos en la droga y en el robo", reconoce.
"Hay zozobra, lo que uno siente y palpa es que la juventud
está asustada".
Subraya que Caldas ha sido un municipio relativamente sano,
pero la delincuencia comenzó a marcar pauta desde hace
unos tres años, impidiendo la salida a lugares públicos
después de ciertas horas. "Los que tienen modo
se están yendo del pueblo, eso es en escala, el que
tiene platica se va para ciudades más seguras".
La paradoja de no tener cómo responder se repite.
Posada cree que la fuerza pública es insuficiente para
un municipio de 68.000 habitantes y con unos siete policías
por turno para cuidar 140 kilómetros.
Caliente París
Mucho antes de que se agudizara el conflicto, Bello soportaba
el propio. A Oswaldo Arango, asesor de Paz y Convivencia,
no le cabe duda que "una de las zonas coyunturales del
conflicto nacional" es la "Comuna de París",
que alberga barrios como Los Sauces, La Maruchenga, Salvador
Allende y El Cafetal, donde se recrudecieron las acciones
de estos grupos desde comienzos de año.
Bello tiene las mismas dificultades de gobernabilidad por
escasez de pie de fuerza, si se tiene en cuenta que sólo
dispone de 80 agentes para los tres turnos, lo cual es un
factor de riesgo. La situación llevó al alcalde,
Rodrigo Villa, a solicitar al Ministerio del Interior la presencia
de un comando de la Policía en esa Comuna, que antes
tuvo una base del Ejército.
Según Arango, el desplazamiento forzoso ha hecho que
Bello se convierta en la cuarta ciudad de Colombia más
receptora de esta población, porque Medellín
ya no tiene donde ubicarla. "Diario llegan por goteo.
La personería recibe denuncias constantes por desplazamiento",
dice.
El retrato de este drama está en asentamientos como
El Pinal, El Oasis (vecino de Santa Rita), y en dos albergues
temporales en las tribunas del Estadio Tulio Ospina y en el
Hogar Betania de Zamora, de Pastoral Social. También
se extienden cordones de miseria en las riberas de la quebrada
La García, en el barrio Espíritu Santo y en
La Cumbre.
En París hay incursiones de encapuchados y asesinatos
selectivos, reconoce el Asesor, pero la gente se queja en
privado, tiene temor de denunciar y las instituciones no pueden
hacer su trabajo de investigación y control.
En la zona se realizaba un trabajo de capacitación
para fortalecer el movimiento ciudadano, que se tuvo que suspender.
La tarea ha dejado logros como que la Fundación Éxito
se vinculara al desarrollo social de esa Comuna, en tanto
que la Administración montó un centro académico
y recreativo que funciona en convenio con Comfenalco.
Posada, el alcalde de Caldas, recoge el sentir de sus colegas
que viven las expresiones del conflicto en sus pueblos, pero
que no lo creen aún intenso. "Existe la amenaza
latente de que va a haber guerra, pero ya vivimos una a diario
y es la guerra del hambre y el desempleo", puntualiza.
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