Tercer
Milenio >> Espíritu de Liderazgo
El padre Álvaro Ruiz,
"ángel guardián" de los pobres
Tercera
entrega de la serie sobre sacerdotes líderes de la
comunidad.
Para
el padre Álvaro es importante compartir con los más
necesitados.
Le
gusta trabajar por dignificar la vida de los pobres y los
niños.
Por
María
Isabel Molina V.
Medellín

El padre Álvaro
Ruiz comparte en su parroquia de Sabaneta, con los niños
de la Fundación Ángel Guardián, que
viven en la comuna Nororiental. Por ellos trabaja en unión
con varios benefactores, para brindarles educación,
nutrición y una vida digna. Foto Juan Antonio Sánchez
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El padre Álvaro Ruiz no concibe que haya personas
que teniendo suficientes recursos no los compartan con los
más necesitados. Él lo entendió así
desde que pasó los primeros años de su niñez
en medio de la pobreza, pero con mucho calor humano, como
el octavo hijo de una familia de diez hermanos, en Toledo,
al nordeste de Antioquia.
Creció en una familia muy cristiana, en el hogar de
Luis Aníbal Ruiz y Maruja Sepúlveda. Recuerda
que cuando la familia se vino a vivir a Medellín, pudieron
tener una casita propia, donde todos rezaban el Rosario y
comulgaban con frecuencia.
De pequeño lo llamaban "el loquito" porque
quería estar en todo. Le gusta ser servicial, ordenado
y detesta el egoísmo. Estas cualidades las aplicó
cuando estudió cinco años de bachillerato en
un seminario en el Chocó, donde se desempeñó
también como recepcionista y perteneció a los
scout.
La vocación sacerdotal que empezó a cultivar
desde niño, se consolidó al terminar el sexto
de bachillerato en Medellín, en un colegio mixto, el
Juvenil Antioqueño. "Allí, dice, opté
en definitiva por el sacerdocio y comencé mi formación
en el Seminario Mayor en 1982".
Labor social
Con los seminaristas de su época se inició una
nueva modalidad en la Arquidiócesis de Medellín
con la división de las materias de Teología
y Filosofía, que se veían por separado. El 6
de mayo de 1989 es una fecha que no olvida porque ese día
recibió la ordenación de manos de monseñor
Alfonso López Trujillo.
Recuerda que ya en la Arquidiócesis empezaba a calar
la idea de que los seminaristas estaban llamados a trabajar
en parroquias pobres. Su primera experiencia fue en la parroquia
de San Jerónimo en el barrio La Gabriela, en Bello,
un sector muy pobre que le impactó porque había
que luchar por la gente y también su propia subsistencia.
Desde esa época comenzó una tarea que no ha
cesado en 13 años de un trabajo que define como muy
pastoral, pero también social. Quedarse quieto lo enferma.
"Me da gastritis, porque me parece un crimen tenerme
que ausentarme de las tareas de la parroquia". Por eso
toca puertas entre sus "amiguitos", como llama a
empresarios y personas de la ciudad que le colaboran, y así
logró conseguir mercados, cuadernos y aguinaldos para
la gente de La Gabriela.

El padre Ruiz con los niños,
sus inseparables compañeros. Foto Juan Antonio
Sánchez. |
En el Sur
Tampoco olvidó a sus pobres cuando le ofrecieron la
oportunidad de estudiar una licenciatura de dos años
y medio en Teología, en Roma (Italia). Se dio cuenta
que en ese país había abundancia de dinero,
comida y no faltaba nada y como veían su ansiedad por
seguir ayudando a su gente consiguió donaciones para
sus parroquias, que todavía hoy continúan.
En la parroquia de San Luis Gonzaga, en el sector de Zamora,
al norte de Medellín, le tocó pasar tres años
y medio en una época de mucha violencia en la ciudad.
Afrontó situaciones difíciles, en especial con
los milicianos, con quienes tuvo que establecer relaciones
de camaradería, para luchar por sus objetivos pastorales,
pero siempre en tono de diálogo. Se angustiaba cuando
veía que había carencias de mucha clase y de
nuevo consiguió ayuda para la comunidad.
Un cambio de 180 grados fue su traslado a la parroquia María
Madre de la Misericordia, en Las Casitas, Sabaneta. Al principio
le dio muy duro por ser una comunidad de clase media muy diferente
a las que había estado antes. Sin embargo, desde 1996
cuando comenzó, lo hizo con la misma disponibilidad
de siempre.
En esta parroquia continúa con su preocupación
de siempre: realizar una labor social y a la vez espiritual,
para concientizar a la comunidad de que hay muchas personas
que aunque no son del barrio, no tienen para vivir con dignidad,
como las familias de las parroquias La Gabriela, Paulo VI,
Zamora y Santa Rita, en el sector nororiental de la ciudad.
Así motivó a su comunidad para que se vincularan
dos veces en el año con obras sociales. Realiza campañas
en enero, para conseguir útiles para los estudiantes,
y en diciembre para dar regalos a los niños. Hoy, esta
ayuda se multiplicó porque, afirma, ya la gente se
sensibilizó frente a la realidad de los menos favorecidos.
Pero como al padre Álvaro no le gusta quedarse quieto,
se dio cuenta que podía ayudar más y se le ocurrió
la idea de crear la Fundación Ángel Guardián,
con la ayuda de benefactores. Le dio ese nombre porque vio
que se requiere de muchos "ángeles" que cuiden
y protejan a los niños.
Hoy se siente realizado con su trabajo con los del Sur, como
llama a la comunidad parroquial y con dos programas que lo
desvelan: los niños de la Fundación y los ancianos
que pasan sus últimos años en el abandono y
la desprotección. Por ellos trabaja en forma incansable,
como un "ángel guardián" de carne
y hueso.
Servicio y utilidad
Una fundación que beneficia
a 80 niños
La Fundación Ángel Guardián tiene vida
jurídica desde el año 2000 y sirve a niños
de la comuna Nororiental con almuerzos, matrícula,
pago de la Asociación de Padres de Familia, convivencias
recreativas y encuentro navideño. En este año
su acción se extiende a 80 menores a quienes colabora
con libros, almuerzo, matrícula, seguro médico,
morrales, brigadas médicas y convivencias. Cuenta con
la colaboración de empresas benefactoras, entre las
que se destacan: Cementos Nare, Hotel Dann Carlton, Cemento
Argos y Leonisa Internacional.
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