Tercer Milenio >> Espíritu de Liderazgo
La Hermana Alba trabaja con alegría por los pobres
Estuvo diez años con los indios Wayú en Maracaibo,
Venezuela.
Hoy
trabaja en la educación de niñas de escasos
recursos económicos.
Cuarta
entrega de la serie de líderes religiosos en las comunidades.
Por
María
Isabel Molina V.
Medellín

A la Hermana Alba Calle
Morales le gusta el trabajo con la infancia y vive feliz
rodeada de las niñas de la Casa Mater Dei en el
barrio San Joaquín, a quienes además de
dar clases les transmite la alegría de vivir. Fotos
Manuel Saldarriaga. |
La abuela materna siempre quiso que una de sus hijas fuera
religiosa, pero como esto no sucedió, expresó
el deseo de que fuera una nieta. El sueño se cumplió
y hoy Alba Calle Morales es religiosa de la comunidad Siervas
de la Madre de Dios.
Alba nació en Apía, Risaralda, en una familia
muy cristiana, integrada por siete mujeres y un hombre. Allí
estudió la primaria y cuatro años de bachillerato.
Luego estuvo en Palmira y terminó la secundaria en
Medellín.
Desde niña le decía a su mamá: "no
voy a estar mucho con usted porque me voy". Recuerda
que cuando cursaba el noveno grado a una hermana la nombraron
maestra en una vereda de Pueblorrico (Risaralda). Alba la
acompañó y allí tomó la decisión
de ser religiosa.
Con sus niñas
De mediana estatura, rostro sereno y sonriente, siente especial
atracción por el trabajo con los niños. "Me
gustan porque son muy agradecidos y todo lo que uno pueda
hacer por ellos es maravilloso". Profesó como
religiosa en 1978 y estuvo diez años en Maracaibo,
Venezuela, donde terminó la licenciatura en educación.
Trabajó con los indios Wayú, en la Guajira venezolana,
donde a pesar de las dificultades por ser una cultura muy
diferente, le agradó el ambiente porque siempre les
respetaron su labor. "Son personas que viven en la pobreza
y tienen un culto impresionante por los muertos a quienes
velan hasta por un mes", dice.
Las Siervas de la Madre de Dios tienen la Casa Mater Dei
en el barrio San Joaquín, al occidente de la ciudad,
donde se educan 35 niñas, que cursan desde preescolar
a quinto de primaria. Proceden de hogares de escasos recursos,
en los cuales se presenta la violencia intrafamiliar. En su
mayoría son hijas de madres cabeza de familia, que
trabajan y ganan lo mínimo, y hay once que son huérfanas.
Todas permanecen internas de lunes a viernes, cuando los
familiares las recogen para llevarlas a sus casas. Hay algunas
que después que terminan la primaria se les consiguen
cupos en las Granjas Infantiles Femeninas. En Copacabana,
la comunidad colabora con los sacerdotes en la educación
de niños huérfanos en las Granjas Infantiles,
donde atienden a 100 menores en internado.
A los pequeños les inculca mucho amor, alegría
de vivir y que sean niños agradecidos. A la Hermana
Alba le llama la atención el hecho de que algunas niñas
cuando llegan dicen que no quieren vivir y que no se encuentran
bien en sus casas. "Por eso, dice, se las educa, ante
todo, con sentido cristiano y el amor a Dios, a la Virgen
y a la vida". También aprenden de valores, como
la honradez, el respeto y la alegría. A medida que
pasan los días cambian su conducta y son menos agresivas.
Un día en la vida de la Hermana Alba comienza a las
5:00 a.m. cuando se levanta y hace oración de 5:45
a.m. a 7.00 a.m. Desayuna, recibe a las niñas a las
7:20 a.m. y permanece con ellas hasta las 12:30 m., como profesora
titular de primero primaria. Después del almuerzo se
dedica a las labores de la comunidad. A las 5:00 p.m. participa
en la Eucaristía y continúa en oración
con la comunidad hasta las 6:30 p.m. Come, escucha las noticias,
comenta las actividades del día, prepara las clases
para el otro día y se acuesta a las 10:00 p.m.
Para ella, la vida de las religiosas que permanecen activas
debe estar orientada a la ayuda de los pobres. "Hay que
renunciar a muchas cosas que pueden impedir seguir esta vocación,
más ahora cuando hay tanto qué hacer con las
comunidades marginadas. Existe mucha población de desplazados,
a la cual esperamos ayudar en un futuro", señala.
Cuando estaba en Venezuela, la Hermana Alba procuraba visitar
cada tres años a sus padres que viven en Pereira. De
ellos, y de sus hermanos, siempre ha sentido un apoyo incondicional,
casi tan grande como el orgullo que le profesan por su actividad.
Fuera de su tarea formativa con las niñas, hace misión
en Semana Santa y antes de Navidad, cuando con otras religiosas
se desplaza a barrios marginados como la de Santo Domingo
Savio y San Pablo, donde acompaña y dialoga con la
gente.
Un afiche colocado en la Casa de Mater Dei resume la filosofía
que la Hermana Alba Calle Morales transmite a sus alumnas:
"Con sonrisas y mucho amor tu mente estará saludable
y mejor".
Pedagogía
Sedes en Colombia y Venezuela
La comunidad de Siervas de la Madre de Dios fue fundada hace
56 años por la Madre Elisa Jaramillo viuda de Ramos,
quien nació en Abejorral y tuvo dos hijos. Siempre
en su vida tuvo el deseo de ser religiosa y al final de sus
días el Señor le dio la gracia de crear la comunidad.
Para hacer realidad su sueño tuvo que desplazarse a
Popayán para que le dieran el visto bueno porque en
Medellín tuvo dificultades con el Obispo de la época,
dada su condición de viuda. Hoy, las Siervas de la
Madre de Dios tienen casas en Cundinamarca, Boyacá,
Valle del Cauca, Cauca y Antioquia. También hay casas
en Quito (Ecuador) y Maracaibo (Venezuela).
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