Tercer
Milenio >> Espíritu de Liderazgo
El padre Jorge cambió el vía crucis en Aures
Laboró en varias regiones de conflicto en los Llanos
Orientales.
Lo
que más le interesa es el trabajo con los jóvenes.
Quinta
entrega de la serie de líderes religiosos en la comunidad.
Por
María
Isabel Molina V.
Medellín

Trabajar con los niños
es muy importante para el padre Jorge, ya que ellos son
los semilleros que luego servirán de multiplicadores
entre los jóvenes. Foto Robinson Sáenz |
Algo especial tiene qué tener el padre Jorge Marulanda
cuando logra que se acaben rencores, cesen los odios y se
depongan las armas. Su vida de sacerdote ha sido la de un
verdadero conciliador, ya sea en las zonas de violencia en
el Meta o en sectores de conflicto en Medellín.
Para el padre lo importante en la labor pastoral es conocer
a la comunidad y sabérsela ganar y es el principio
que ha aplicado en cada una de las situaciones difíciles
que le ha tocado enfrentar, incluso, poniendo en riesgo su
seguridad personal.
Él, segundo de una familia de once hijos, nació
en Armenia (Quindío) y alcanzó a estudiar cinco
semestres de matemáticas en la Tecnológica de
Pereira, antes de que le pudiera más el deseo de ser
sacerdote.
Se ordenó el 15 agosto de 1974 y pertenece a la comunidad
salesiana. Trabajó en los Llanos Orientales, en la
llamada zona de despeje, donde estuvo por 18 años.
En Uribe (Meta), laboró con gente marginada por su
situación económica y aunque tuvo la intención
de fundar una parroquia no lo pudo hacer por la violencia.
Al fin, en Puerto Rico (Meta), pudo crear su parroquia. En
esa zona estuvo cinco años e impulsó a la comunidad
del río Ariari para que construyera escuelas, ya que,
afirma, el Estado no lo hacía. Otra de sus obras fue
lograr apasionar a la gente por practicar el deporte, porque
para él la actividad física une y aleja del
vicio.

El padre Marulanda participa
en los diálogos con la comunidad para trabajar
por la convivencia y el bienestar de quienes viven en
el barrio Aures. Foto Robinson Sáenz. |
Ser conciliador
Parece como si el destino llevara al padre Marulanda a las
zonas de conflicto. Estuvo en Mapiripán en la época
en que murió el obispo de Granada (Meta), Luis Carlos
Riveros. Después le tocó acompañar a
la población mientras los enfrentamientos Ejército-guerrilla,
hasta que llegaron las amenazas y tuvo que salir del país
para España, donde estudió catequesis en la
Universidad de Salamanca.
Desde su regreso, hace seis años, está en la
parroquia San Francisco de Sales, en el barrio Aures, occidente
de Medellín, con una población de 25.000 habitantes.
"La situación de violencia era tal que había
muertos todos los días. La gente no podía pasar
de la calle 80 porque había una división en
dos sectores, la parte alta, "El Chispero", y la
baja, "El Depósito", explica.
Los primeros meses los dedicó a ubicarse y conocer
el terreno que pisaba. Hizo contactos con personas que conocían
a los integrantes de las bandas del sector, luego con los
jefes y después con los grupos, apoyado por el Hermano
Segundo Ortega, de la comunidad de los Gabrielistas. Para
romper barreras y consolidar un arreglo, tuvo la idea de celebrar
en una Semana Santa un vía crucis especial entre los
dos sectores. Fue tan efectivo que se oficializó todos
los años con el nombre de Vía crucis de la Paz.
Hizo marranadas y videoconciertos. Consiguió que se
realizaran pactos de unión.
Al final, se hizo la llamada "cumbre" en 1998,
para el arreglo definitivo, con invitación para la
Secretaría de Gobierno Municipal y autoridades de Policía.
Se acordó hacer un pacto de no agresión y la
terminación de las "vacunas". Hoy, la vida
es otra en la parroquia de San Francisco de Sales. El padre
Jorge se siente satisfecho con su labor y mantiene su despacho
parroquial abierto para todos porque, para él, lo importante
es pensar y tomar las decisiones que más favorezcan
a la gente. Así lo ha hecho por 28 años y así
espera continuar.
Opinión especial
De la mano de los jóvenes
Por
Paula Restrepo
Coordinadora de uno de los
grupos juveniles de la parroquia de San Francisco de Sales
"El padre Marulanda es una persona muy colaboradora,
que tiene mucha habilidad para trabajar con los jóvenes
y que siempre intenta aportar un granito de arena para que
todos vivamos en paz. Gracias a él, en el barrio se
conformaron grupos de pastoral y de oración y se realizan
actividades con cinco grupos juveniles".
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