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Beatriz, una mujer de Avanzada


Lidera la Fundación Pro- Marginados, en Santo Domingo.
En 22 años se han construido 80 viviendas y ya planea levantar 20 más.
Los niños tienen su jardín y se brinda educación integral a los beneficiarios.



Por
María Isabel Molina V .
Medellín

A Beatriz Londoño la quieren todos en el sector de La Avanzada, en el barrio Santo Domingo Savio. Ella lidera la Fundación Pro-Marginados que en alianza con la Corporación Fenalco Solidario hicieron realidad el Jardín Infantil, donde se educan 120 niños. Ahora se construyen más aulas para que los menores continúan la primaria. Foto: Manuel Saldarriaga

Una mujer de estatura baja y contextura delgada se desplaza con agilidad por las calles de La Avanzada, en el barrio Santo Domingo Savio, comuna Nororiental.

Las lomas le exigen más ritmo a su corazón, pero ella sigue ascendiendo tranquila, al fin y al cabo conoce el sector desde hace 22 años, como líder de Pro-Marginados, una fundación que les ha dado casas a familias que estaban en la pobreza absoluta.

Son las ocho y treinta de la mañana de un lunes. Beatriz Londoño de Arango toma un taxi en su residencia de El Poblado y se dirige a Santo Domingo. Media hora después ya está en el barrio dando saludos y sonrisas.

En la sala múltiple varias señoras del barrio esperan que comience una charla sobre cómo combatir el estrés. Entre ellas está Yorfidely Muñoz, quien lleva nueve de sus 20 años, viviendo en el sector. "Resido en una casa que me otorgó Pro-Marginados. Terminé la primaria e hice el bachillerato en el Liceo Santo Domingo Savio, me graduaré en secretariado ejecutivo sistematizado y veré si puedo entrar a la universidad", dice con satisfacción.

"Beatriz es una señora muy generosa, comprensiva, que se preocupa por los demás y los apoya. En el barrio la queremos bastante", dice Yorfidely.

La idea
Beatriz cuenta que la vocación de ayudar a los más necesitados la heredó de sus padres Jesús Londoño y María Escobar. "Ellos se preocupaban por darle primero al que no tenía que a nosotros mismos y recuerdo que en Navidad compraban obsequios para los pobres".

La idea de trabajar por dar vivienda a los marginados le nació después del viaje del Papa Juan Pablo II a Medellín. Beatriz y su esposo, el médico Oriol Arango (ya fallecido), tuvieron el privilegio de escuchar al Papa en el Seminario Mayor. En su mente quedaron grabadas las palabras del Sumo Pontífice cuando habló de la importancia de que la gente tuviera una vivienda digna, "asunto que no es de caridad sino de justicia", dijo en esa ocasión Juan Pablo II.

Son las diez de la mañana y Beatriz deja la sala múltiple y recorre el barrio, desde donde se aprecia una hermosa vista de Medellín. Saluda a mujeres y niños, a quienes llama por su nombre y les da una palmadita en el hombro. Recuerda que hace varias décadas la zona era ocupada por fincas y que fue gracias a un tío, propietario de gran parte del terreno, que supo de la existencia de un barrio de invasión, donde la gente sufría y él le pidió que se encargara de ayudar a la gente.

Comenzó con visitas domiciliarias para tratar de solucionar los problemas más apremiantes de la comunidad, como la alimentación y vestido. Se dio cuenta, con una visión futurista, que lo importante no era realizar una labor asistencial, sino encontrar la forma de realizar un programa global de vivienda social, con el único fin de dar un hogar digno donde los niños pudieran crecer en un ambiente que garantice la unidad familiar.

Toda esta labor la realizó con un grupo de voluntarias y gracias a la ayuda de la Fundación Lorenza Quevedo de Cock, que también donó un lote que tenía en inmediaciones del sector. Se formó así la Corporación Pro-Marginados, como una organización sin ánimo de lucro, con la misión principal de promover y defender el núcleo familiar y realizar un trabajo de capacitación con los beneficiarios del programa, padre, madre e hijos, para fomentar valores que fortalecieran la convivencia

Ayudas
Se conformó una junta directiva, con las voluntarias y sus esposos, que sería la responsable de sacar adelante el proyecto. Comenzaron con el diseño de la urbanización, a la que se dio el nombre de Nuestra Señora del Rocío, y se proyectó la construcción de 110 viviendas, oratorio, aulas de primaria, auditorio-comedor, polideportivo y guardería.

En esa época, afirma Beatriz, no había carretera para llegar al barrio, pero gracias a su tenacidad, la hicieron después de siete años. La Fundación ha contado con la ayuda de varios alcaldes de la ciudad, Empresas Públicas de Medellín y entidades como la Cámara de Comercio, la Federación de Cafeteros y la Fundación Clásico de Ejecutivos EL COLOMBIANO, y personas como el empresario Arturo Calle. Así, se pudo realizar el estudio de suelos, los planos y el diseño de las casas. Su esposo le consiguió equipos de odontología y rayos X y estudiantes que hicieron el año rural en el barrio.

El proyecto de vivienda se hizo por autoconstrucción. La primera etapa, que se inició en 1993, fue de 24 casas, que fueron rifadas entre los beneficiarios. Han pasado 10 años y hoy viven 48 familias en la Urbanización Nuestra Señora del Rocío.

Pero hay todavía muchas familias que viven en tugurios, entre ellas la de María Eugenia Vera. ¿Qué hubo Mariu?, le dice Beatriz. Con 28 años de edad, "Mariu" tiene seis hijos, cuatro de ellos estudiando y su esposo es ayudante en un depósito. "Ella me ha colaborado mucho, hace poco se cayó gran parte del baño y ella me dio madera para reconstruirlo", afirma, mientras recuerda que le gusta asistir a las capacitaciones en el barrio, donde aprendió a leer y a escribir y ahora quiere estudiar para ser costurera.

A unas cuadras de los tugurios está el Jardín Infantil que construyó la Corporación Fenalco Solidario y en el que se educan 120 niños, gracias a una alianza estratégica de la Fundación con la Corporación. "La labor de Beatriz me parece excelente. Es una persona de mucho corazón y calor humano", afirma Berenice Moreno, directora del Jardín Infantil.

Y es que Beatriz Londoño nunca pensó que la tarea que empezó hace 22 años, hoy sea una realidad. Ahora, dice, estamos terminando las aulas de Primaria y vamos a construir 20 casas. Recuerda que en sus ruegos decía: "Mi Dios querido, voy a cerrar esto, voy a tirar la toalla, porque no tenía recursos, pero Él hacía la forma de enviar la platica y ahí vamos", afirma Beatriz. Ella es, sin duda, una mujer de avanzada.

Servicio y utilidad
Actividades de la Fundación
Además de la construcción de las viviendas, para Beatriz es fundamental el programa integral de familia porque según sus palabras, nada se haría si solo se diera vivienda y no tuvieran los beneficiarios la posibilidad de recibir la formación que en un futuro los convierta en multiplicadores y gestores de su propio desarrollo. Es así como se realizan talleres de formación familiar, dictados por el voluntariado, en temas, como crecimiento personal, educación para la fe, fortalecimiento en valores, y de capacitación tanto laboral como de beneficio para la comunidad. Por el alto desempleo se vio la necesidad de crear un Fondo Rotatorio, para facilitar a los usuarios, en calidad de préstamo, una cuota inicial para desarrollar microempresas. También hay venta de ropa de segunda y una despensa comunitaria, a precios bajos.

 


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