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Elsy, un canto a la vida y el amor


Es la finalista por Antioquia al Premio Cafam a la Mujer, que se entrega hoy.

Una mujer campesina, líder de la comunidad de Pontezuela.

Cuarta entrega de la serie especial sobre los adultos mayores.

El título del libro de Elsy Ríos Buitrago, Un canto a la vida y al amor, refleja el sentido de su vida de entrega a los demás. Ella conformó el grupo Crecer, para la capacitación integral de la mujer y promover la lecto-escritura. Foto: Juan Antonio Sánchez

Por María Isabel Molina V.
Medellín

Elsy no puede vivir sin los arreboles del atardecer, el abrazo de las nubes y las flores de su casa campesina en la vereda Pontezuela, en Rionegro, oriente antioqueño. Esa es la casa donde nació y que no piensa dejar.

Trascender a los demás con vida y amor, es el secreto de la existencia para Elsy Ríos Buitrago. Ella es una de las 24 finalistas al Premio Cafam a la Mujer, que se entrega hoy en Bogotá.

De extracción campesina, sólo cursó segundo grado de primaria. Su pasión por la lectura, el contacto con la gente y la naturaleza, han sido su escuela.

Unos cinco kilómetros separan el hogar de Elsy de la carretera que va de Llanogrande a Rionegro. Es una amplia casa que albergó a su familia de 15 hermanos, de los cuales ella es la menor.

Infancia
"Mi papá vino a Pontezuela en 1912, su primera esposa le dio 10 hijos y mi mamá le encimó cinco", recuerda Elsy. A pesar de que nació con problemas en sus pies, que le dificultaban caminar, no se dejó vencer. "Uno no puede compadecerse de sí mismo porque si lo hace hasta ahí llegó", dice.

En un extremo del corredor de su casa, sentada en una silla vinotinto y con la pierna izquierda sobre un butaco, esta mujer, de rostro bondadoso, manos pequeñas y ojos grises, habla con alegría y nostalgia de su infancia. Al frente se ve un enorme pino en el que depositó dos palomas blancas de cerámica y una Virgen.

Habla con devoción de su papá que trabajó en el campo y en carpintería y recuerda que caminaba un kilómetro, a pie limpio, para ir a la escuela, donde no había sino hasta segundo grado.
Elsy nació después de siete varones. "Me dejaron crecer sola, fue muy rico porque cree mi propio mundo y esa libertad fue muy grata".

Campesino
En la adolescencia, cuando empezó a escribir poesía dice que, "vivía montada en las nubes, soñando con príncipes" y entonces se preguntó ¿Para dónde voy? Entendió que la vida es diferente. "La vida tiene que ser con los pies en la tierra, soñando, pero entendiendo que la realidad es diferente. Así comencé en la búsqueda de una poesía más reflexiva y que se basara en la realidad y una de las que primero escribí fue Campesino".

Hace una pausa y pide que le traigan el primero de sus cinco libros de poesía. Busca en la página 44, donde está la pieza dedicada a los hombres del campo. Lee el primer párrafo: "Ama tu campo, no busques las ciudades, no quieras limitar tu cielo azul, ama tu terruño y la fuente que lo cruza, no dejes que se muera tu plantío de soledad".

Afirma que es un poema que le duele mucho porque al campesino hoy no se le puede decir: "Campesino, en tu campo puedes cultivar hasta tu alma, tus sueños y tus ansias, igual que las flores, tus hijos florecerán en risas y se volverán canciones de esperanza".

Sus hermanos se casaron y dejaron la casa. Después de la muerte de su papá, estuvo 20 años con su madre, quien antes de fallecer le dijo que no se fuera a quedar sola allí.

A los 15 años Elsy supo que no se casaría. "Renuncié a los hombres porque son muy machistas, lo que ellos dicen no tiene reversa y entendí que me gustaban todos", dice, y suelta una sonora carcajada.
Sin embargo, aprendió a acompañarse. "Para mí la mejor compañía es uno mismo. Yo me desdoblé, para que una parte de mí me consintiera y la otra me regañara".

Amante de la fotografía, que considera su poesía gráfica, le gusta hacer imágenes de paisajes, atardeceres y flores, con su pequeña cámara Olympus.

Una de las candidatas a ser la Mujer Cafam del año. Foto: Juan Antonio Sánchez

Para la juventud
Al mismo tiempo que escribía se dio cuenta que podía ayudar a su comunidad de Pontezuela y participa en los eventos de la Acción Comunal y en los del colegio Baltazar Salazar, porque le inquieta mucho la juventud, a la que se siente muy cercana.

Se dio cuenta que los alumnos no tenían acceso a la informática y consiguió que el colegio ingresara al programa de Computadores para educar. Hoy, el establecimiento cuenta con sala de informática y 13 computadores con acceso a internet. La sala lleva el nombre de Elsy Ríos Buitrago y es miembro vitalicio del consejo directivo del colegio.

Todos los domingos a las once de la mañana, se va para Tutucán, donde tiene una salita de lectura, La Casa del Poeta, donde habla con la gente, le muestra y le vende sus libros.

No quiere pensar en el valor monetario si gana hoy el Premio Cafam, porque no desea que se pierda el sentido de lo que ha hecho, sin dinero. Si lo gana lo donará al colegio Baltazar Salazar.

Para Elsy el mayor premio es descubrir que no ha vivido en vano, "que la vida es una búsqueda que nunca acaba".

Servicio y utilidad
Una muestra de la poesía de Elsy Buitrago Ríos
Apartes del poema Te bendigo vida, de Elsy Ríos Buitrago.
"Te Bendigo Vida porque nos envejeces, porque en cada aurora tu mirada es nueva, porque en cada espiga tu vigor se siente, porque en los minutos te renuevas fuerte.
Eres siempre joven... Oh, ¡vida que no cesa!

Te encontramos vida danzando con las horas, en la casa del universo entero, en el aire puro; en el crepúsculo de colores, que se vuelve emoción en el corazón del hombre. Te encontramos musitando versos en el rumor del viento, convertida flor en cualquier lugar agreste, o pincelando nubes en el azul del cielo".

 


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