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Milagros que salen del corazón


La historia de Gabriela Jaramillo está llena de amor y milagros.
Con 77 años, esta mujer lleva dos décadas trabajando por la comunidad.


A sus 77 años, Gabriela Jaramillo, le sobran energías para cumplir la misión que, asegura, le encomendó Dios. Foto Manuel Saldarriaga

Por Gloria Edith Gómez Londoño
Medellín

Las lomas empinadas de Belén Altavista conducen al barrio San Francisco, un lugar en el que cada muro levantado es el testimonio de un milagro.

Hasta esta zona de Medellín llegó hace más de dos décadas, Gabriela Jaramillo, una mujer cuya mano protectora convierte en felicidad todo lo que toca.

Tal vez por eso, los habitantes del sector la quieren como a una mamá, como a una abuela o como a la mujer que, sin interés alguno y sin contar con un solo peso, les tendió la mano y se echó sobre sus espaldas la responsabilidad de proveerlos de un techo digno para vivir.

La historia de los milagros de Gabrielita, como la conocen en el lugar, empezó cuando ella padecía un problema severo en los riñones. Noches de rezos y súplicas no aliviaban sus dolores y, cuando estaba a punto de darse por vencida, tuvo una revelación: "Sentí que Dios me hablaba, me pedía paciencia frente a mis males y yo me comprometí a servirle como instrumento para ayudarle al prójimo", recuerda esta mujer de voz firme y mirada cálida, que camina como si se tratara de su casa, por las calles irregulares y los callejones llenos de recovecos del barrio San Francisco.

Poco después y ante el asombro de los médicos, Gabrielita se recuperaba de manera improbable de todos sus quebrantos. Una vez se sintió bien físicamente, empezó a buscar la manera de cumplir con su parte del trato, primero, ayudando en la parroquia y luego, con ayuda de sus hermanos, decidió "embarcarse" en la compra de un terreno para edificar viviendas.

"No tenía un peso y cada día rezaba pidiéndole a Dios que me iluminara, que yo estaba allí para someterme a sus designios, pero que Él debía orientarme", relata.

Pese a la gran fe que la ha movido siempre, Gabriela Jaramillo no deja de estremecerse cuando recuerda los momentos en los que ante sus ojos ocurrían los milagros.

"Rezaba y luego hacía llamadas o visitas pidiéndole ayuda a la gente para la obra y nunca me cerraron las puertas. De alguna manera que nunca ha podido explicar, siempre resultó el dinero preciso para terminar una casita o iniciar la construcción de otra", dice.

Con el primer cheque que le donó uno de sus hermanos, adquirió el lote y luego, construyó cinco casas. Entre donaciones y construcciones, nació la Fundación La Arboleda que a lo largo de 20 años, ha levantado más de 120 casas, en San Francisco, gracias al empeño de Gabrielita y a la ayuda de las empresas y personas particulares que acuden a sus llamados.

"Casi una santa"
En la mañana del viernes hay grupo de oración en el barrio. La gente espera con ansias la llegada de Gabrielita y su hermano Nelson, pues saben que ellos les llevarán alimentos para el cuerpo y el alma.

La vieja camioneta sube despacio por las calles empinadas. Al detenerse, Nelson Jaramillo, un hombre entrado en años empieza a bajar los bultos, en esta ocasión, de panela y carne que recibirán los pobres. Otros días habrá maíz, papas o arroz, "depende de lo que nos dé la gente", explica Nelson.

Entre tanto, Gabrielita camina por las casas saludando a unos y preguntando por otros. Muchos salen a su encuentro. Dubis, una niña de unos 12 años, le cuenta que va para el hospital pues tiene un nuevo ataque de asma. Doña Mary le recomienda que visite a una vecina suya, recién operada. Todos quieren abrazarla, tocarla, recibir un abrazo suyo.

"Para nosotros es como una santa", comenta Miryam Restrepo. Gabrielita, con suma modestia, insiste en que ella no ha hecho nada. "Todo es obra de Dios", señala.

"Sí, pero usted es su instrumento", le replica Deiby, una jovencita del grupo de oración del barrio Calasanz, que la acompaña en sus obras.

Casi dos décadas le tomó a los habitantes de San Francisco, establecerse. Algunos llegaron hace poco, como Mercedes Monsalve, una desplazada de Argelia que vivía con su esposo y seis hijos en una pieza en Bello y que hoy tiene casa gracias a Gabrielita.

"Sin un solo peso", ha construido más de 120 casas para los pobres. Foto Manuel Saldarriaga

Otros ayudaron a construirlo. Es el caso Diego Reinoso y su esposa Norma cuya casa, una de las primeras, exhibe la imagen del santo que le da nombre al barrio. "Mi familia son mi esposo, mis hijos y Gabrielita. De ella sólo tenemos cosas para agradecer", comenta Norma.

Gabrielita no se cansa de contar que el barrio es un milagro. "Quién iba a creer que sin un peso íbamos a lograr tanto". "Hemos hecho bastante, pero cada día se necesita más nuestra ayuda", agrega.

Y no descansa. A sus 77 años le sobran energías para cumplir la misión que, asegura, le encomendó Dios. La suya es una vida que sólo tiene sentido porque puede dedicarla a servirle a los demás.


Contexto
Fundación Arboleda
La Fundación La Arboleda lleva el nombre del lugar donde nacieron Gabriela Jaramillo y sus hermanos, el municipio de La Arboleda, en Caldas. En el barrio San Francisco, además de las 120 casas, la fundación construye un salón comunal y planea adecuar este espacio con máquinas de coser y talleres para que las mujeres del sector aprendan la modistería y puedan trabajar en este oficio sin alejarse de sus casas. Para lograr su propósito necesitan la buena voluntad de las personas. Tel: 413 34 61.

 


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