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Gustavo Vélez, de tendero a empresario


Genera 73 empleos directos y trabaja con nueve de sus hijos.
Comenzó con un granero y hoy, a los 90 años, tiene un gran supermercado.
Llegó en 1959, de Gómez Plata a Medellín con su esposa y 12 hijos.



Por
María Isabel Molina V .
Medellín

Toda una vida de lucha le deja a Gustavo Vélez Restrepo el supermercado Mervélez, en Aranjuez. Comenzó con un granero y hoy, gracias a su tenacidad y al trabajo con sus hijos y familiares, el supermercado no tiene que envidiarle a otros de la ciudad. En la imagen superior, con su esposa Irene. Foto: Donaldo Zuluaga

El miedo acompañaba a Gustavo cuando vio por primera vez la gran ciudad. Hace 44 años decidió hacer el viaje Gómez Plata-Medellín, se vino en una chiva y un camión, con su esposa, sus 12 hijos y sus enseres.

La idea de una vida mejor para él y su familia, le ganó al temor. Gustavo Vélez Restrepo tomó una decisión de la que nunca se ha arrepentido.

Hoy, sentado en una silla en el balcón de su casa en Aranjuez, y acompañado por su esposa Irene Salazar y su hija Nora, don Gustavo, como le dicen todos en el barrio, con un notorio tono de respeto, deja ver en su rostro la bondad y la tenacidad de un hombre que sacó adelante a una familia numerosa.

Lleva el cabello recortado, las cejas son tupidas y hacen un arco sobre su párpado, lleva el bigote incipiente, como el de los hombres del campo de hace varias décadas. Su voz casi no se escucha porque fue operado de un cáncer en la laringe, pero su hija Nora Vélez se acerca y repite, como un eco amoroso, las palabras de su padre.

Inicios
Con 90 años, don Gustavo recuerda con gran precisión su vida en Gómez Plata. Sólo cursó hasta tercero primaria y cuando tenía 16 años conoció a Irene, su esposa, que, dice, "es la fuerza que me ha impulsado todos estos años". En junio de este año cumplirán 67 años de casados, que celebrarán con sus hijos, 30 nietos y 16 bisnietos.

Dice que no fue fácil levantar 14 hijos -en Medellín nacieron los dos últimos- y afirma que en Gómez Plata trabajó con ganado y luego fue carnicero por 15 años.

Cuando llegó a la gran ciudad ya tenía decidido que se establecería en Aranjuez. Comenzó con un pequeño granero en la esquina de la calle 94 con la carrera 51, donde las ventas eran se hacían al menudeo: 10 centavos de mantequilla y quesito.

Años más tarde, se fue con su familia y ya sin miedo de Aranjuez a instalarse en Belén, pero no estuvieron a gusto y a los cinco años regresaron al barrio, que los recibió de nuevo, donde consiguieron un local unos metros más arriba del antiguo.

Empezaron con 300 metros cuadrados y después fueron comprando otras propiedades aledañas para hacer realidad el supermercado Mervélez.

"A mi papá le ha tocado toda una vida de lucha desde que éramos niños. Él nos inculcó la honestidad y a atender por igual a todas las personas sin importar su condición social", recuerda Edilberto al hablar de las lecciones tan bien aprendidas y aplicadas.

De ayer a hoy
Hoy, el supermercado que nació con cara de granero, tiene el rostro pintado de blanco y verde. Tiene secciones de frutas, legumbres, granos, enlatados, panadería, carnicería y farmacia. Y otros espacios que le dan un aire de hipermercado: en el segundo piso funciona una mueblería, venta de electrodomésticos y miscelánea, y en el tercero viven don Gustavo y su esposa Irene.

La rutina de don Gustavo comienza a las siete de la mañana, reza el rosario y ve la misa por televisión. Luego lee el periódico y da una vuelta por el supermercado. Antes no faltaba en el Estadio para ver a Nacional, ahora se conforma con escuchar los juegos de su equipo de toda la vida.

Su Mervélez tiene 73 empleados, entre ellos nueve de sus 12 hijos. Allí laboran Hugo, Martín, Guillermo, Edilberto y Juan Carlos, que están en el primer piso, y César, John Jairo, Lugarda y Nora, en el segundo piso. Unos se encargan de conseguir parte del surtido en La Plaza Mayorista y en la Feria de Ganado, y los demás atienden a los proveedores.

En su recorrido diario por las instalaciones don Gustavo va de sección en sección, donde se notan la limpieza y el orden. En las cajas registradoras tienen dispuestas banderitas de Colombia, que él mira con orgullo durante su paseo.

Una de los sitios que más le agrada de Mervélez es la carnicería, situada en la parte posterior del primer piso. Allí saluda a don Alfonso, de delantal blanco, quien atiende tras el mostrador, rodeado de ganchos donde cuelgan distintas clases de carne. "A Gustavo lo conozco hace 30 años. Él no ha cambiado, sigue igual de querido y el negocio ha evolucionado mucho", dice.

Al pasar por una de las cajas registradoras se encuentra con Marta Gómez, que lo conoce muy bien porque hace nueve años labora en Mervélez. Ella cuenta que su jefe es una persona muy echada para adelante y que le ha dado buen ejemplo a todo el barrio. "Es muy humanitario y por eso Dios lo ha premiado".

De la registradora pasa a la sección de las frutas y las legumbres y toma entre sus manos un gran aguacate, como tratando de adivinar su peso. Luego concluye su recorrido en el sitio de los granos, donde examina las bolsas del fríjol cargamanto de su propia marca y se despide con una sonrisa de sus empleados, para quienes su vida es un ejemplo de superación.

A sus 91 años, don Gustavo Vélez es una persona tan vital, que quisiera que su vida fuera eterna o como expresa su hija Nora, "si vida vendieran, mi papá la compraría a montones".

Contexto
"Se destaca por su generosidad"
Albeiro Vélez Gómez*

"Don Gustavo Vélez es muy conocido en todo el barrio, su nombre puede que no le diga nada a mucha gente, pero se escucha con mucho respeto en Aranjuez y sus alrededores. No sólo es su envidiable visión empresarial, su fe en Colombia y su capacidad de generar empleo, sino por su solidaridad y ayuda a las personas más necesitadas del sector, a quienes entrega donaciones y mercados, en especial a varias instituciones de beneficencia".

*Sobrino de don Gustavo.

 


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