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El valioso tiempo de Joaquín Vallejo


Tiene 92 años y mil historias para contar. El suyo no fue tiempo perdido.
Fue ministro, docente, empresario y es un gran pensador del país.


Por
Gloria Edith Gómez Londoño
Medellín

Espectador de primera fila de cada acontecimiento en el Parque Bolívar. Tranquilo y retirado de todo, Joaquín Vallejo Arbeláez disfruta de su tiempo a solas. Su vida tiene un balance positivo.
Foto: Donaldo Zuluaga.

"La vida de una persona puede ser insignificante en la historia de la humanidad, pero cada uno de nosotros va dejando su huella en el universo". Lo escribió Joaquín Vallejo Arbeláez en 1976, en la introducción de su libro El Misterio del Tiempo, uno de los textos que publicó a lo largo de su agitada carrera en los sectores público y privado y, en el que abordaba el problema que ocupaba gran parte de sus pensamientos.

Casi 30 años después, a Vallejo ya no le preocupa el tiempo, por lo menos, no el que marca el reloj. Los días transcurren apacibles en su apartamento ubicado en el Parque Bolívar. Junto a su ventana, un cómodo sillón lo convierte en espectador privilegiado de los acontecimientos de la plaza.

"Aquí me paso los días, en conversaciones con Simón", dice refiriéndose a la escultura de El Libertador que se levanta en mitad del parque.

Cuando mira a atrás no puede menos que sentirse satisfecho y seguramente también orgulloso. Sin embargo él, un hombre de principios y valores tradicionales no tiene espacio en sus 92 años de vida para lisonjas y menos cuando se trata de hablar de sí mismo.

Con modestia admite que fue ministro en tres oportunidades, "bajo gobiernos conservadores aunque yo era liberal", y aclara que se lo debe a que nunca ha sido sectario. "Creo que los partidos son matices y no deben ser grupos enfrentados como enemigos sino colaboradores desde puntos de vista diferentes", señala.

Retirado de todo
Aunque su lucidez y sus ideas están vigentes, reitera que está alejado de todo, incluso del Club Unión en el que sostenía largas tertulias con sus amigos de siempre y a los que no menciona porque "son muchos y muy queridos y sin duda se quedaría alguno sin mencionar".

Ya no habla de política aunque sigue observando el país con prudente distancia y no deja de sorprenderse porque alguien como él "pudiera sobrevivir a tantos cambios".

Muchos de estos cambios, corrieron por cuenta de sus ideas vanguardistas. En 1957, bajo el gobierno de la Junta Militar, fue nombrado ministro de Fomento. Entonces estableció el Plan Vallejo, un instrumento de promoción del comercio exterior, que eximía del pago de derechos aduaneros en las importaciones de materias primas, a los empresarios que estimularan la comercialización externa de los productos. Esta idea aún está vigente.

En 1964 el presidente Guillermo León Valencia lo nombró ministro de Hacienda. Luego fue Embajador jefe en las Naciones Unidas y luego ocupó el ministerio de Gobierno, durante la presidencia de Misael Pastrana.

Con este ilustre pasado a sus espaldas, hoy Joaquín Vallejo prefiere hablar de libros, de los diez mil títulos que tenía en su biblioteca y que le vendió a Eafit para quedarse sólo con un "rinconcito", en el que conserva textos de historia, filosofía y literatura.

Su único consejo para aportarle al país es cultivar el patriotismo y el amor por la bandera, valor que aprendió de Bolívar, "un patriota como pocos".

El otro pilar de sus convicciones es la amistad y por ello aún frecuenta amigos de sus épocas de estudiante de ingeniería en la Escuela de Minas.

Se siente feliz, con su vida y sus recuerdos. Con ellos vuelve una y otra vez a Cali, ciudad que no se saca del alma porque allá se casó con Nelly Mejía Arbeláez, prima hermana suya, la madre de sus 10 hijos y la mujer que se mantiene viva en el retrato que aún preside la sala del apartamento.

Perdió la cuenta de los nietos y bisnietos que tiene, pero no se detiene en éste ni en otros dilemas. La suya es la vida tranquila de alguien que al final logró resolver el misterio de su propio tiempo. De las horas, minutos y segundos que, para él, nunca han transcurrido en vano.

Ayuda al lector
Vida prolífica en trabajos al servicio del departamento y el país
Joaquín Emilio Vallejo Arbeláez nació el 4 de octubre de 1912 en Rionegro, Antioquia. Casi siempre ha vivido en Medellín, aunque su trabajo lo llevó a pasar temporadas en ciudades como Cali, Bogotá, Nueva York y París. Es Ingeniero Civil de la Escuela de Minas, donde fue estudiante y profesor de matemáticas. Fue director del Liceo Antioqueño. Hizo parte del Concejo de Medellín, la Asamblea de Antioquia y el Congreso. Desde la Secretaría de Educación Municipal promovió la creación del Instituto Central Femenino (Cefa) y el Tecnológico Pascual Bravo. Participó en la creación de compañías como Cementos del Valle y trabajó en las juntas directivas de más de 30 compañías, entre ellas presidió Droguerías Aliadas y Droguería Humanitaria.

 


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