Docencia
y Educación >> Calidad de la Educación
Niños que tienen hambre
rinden menos en el colegio
Por
María
Cristina Rivera Ochoa
Medellín

Gracias a los restaurantes
y refrigerios estudiantiles muchos niños tienen
su comida del día.
|
La dieta de muchos niños en el departamento es un
termo con agua de panela y a veces unas galletas de soda.
Algunos si desayunan no almuerzan y otros ni desayunan ni
almuerzan, ni comen.
Con galletas y agua de panela se llenan de fuerza para estar
parados todo el día, muchos para caminar hasta el colegio,
pero no les alcanza para rendir en el estudio.
La mala alimentación genera en los menores problemas
de desarrollo, por eso no es extraño encontrar niños
de diez años que parecen de seis y hallar, entre los
repitentes, pequeños que llegan al colegio sin "probar
bocado".
En el 2000, Antioquia tuvo índices de desnutrición
más altos que el promedio nacional: mientras en Colombia
un total de 13.5% de niños menores de siete años
presentaron desnutrición crónica, en el departamento
un 15.6% y en Medellín un 8.4%.
"La desnutrición crónica señala
que la población ha estado por un largo periodo de
tiempo sometida a carencias alimentarias, lo que afecta el
crecimiento en talla, aunado a procesos infecciosos repetitivos
y a condiciones socio económicas adversas", según
José Fernando Montoya, secretario de educación
departamental.
La desnutrición está asociada a la situación
económica de los estudiantes. En las zonas rurales
la mayoría son hijos de campesinos, "muchas veces
no tienen con qué comprar uniformes ni tampoco con
qué comer", cuenta Ramón Castrillón,
rector del colegio rural El Guayabo, del municipio de Santa
Bárbara.
Restaurantes
Los niños entre los 6 y 14 años pueden acceder
a los restaurantes escolares. Éstos garantizan a muchos
la comida del día pero no siempre son suficientes para
los estudiantes que demandan el servicio.
En el municipio de Andes, en el suroeste antioqueño,
55 instituciones se benefician del restaurante escolar pero
apenas atienden a un 30% de la población necesitada.
El Guayabo tiene 400 alumnos y sólo 70 niños
van al restaurante. "Este año tuvimos que recortar
el número de estudiantes para el restaurante y sólo
podemos atender a 100", cuenta Eleázar Bahos,
rector del colegio Jesús María Rojas, en la
zona rural de Santa Bárbara.
Por eso, cuando llega el recreo en algunos colegios del departamento
muchos abren sus loncheras para comer lo que las mamás
les mandan de la casa. Otros sacan su botellita con el agua
de panela que pasa seca para embobar un estómago que
se acostumbró al vacío.
"Eso es crítico", comentan algunos expertos
que han visto como los profesores sacan monedas de sus bolsillos
para ayudar con la mesada de algún estudiante hanmbriento.
"Las condiciones de convivencia interactúan con
las nutricionales y si las dos son adversas no hay artificio
pedagógico que pueda hacer el milagro", dice Montoya.
El nuevo gobierno promete a 500.000 niños pobres matriculados
"un refrigerio y un almuerzo todos los días en
los colegios". Ellos esperan, algunos acostumbrados al
hambre, otros estudiando con un hueco en el estómago.
A las 10:00 de la mañana dos mellizos de el colegio
El Guayabo casi nunca han desayunado, pero van siempre a estudiar,
sin uniforme, y "hasta aprenden", dice la profesora.
Agua de panela y galletas
de soda en recreos escolares
De los nutrientes que un niño consuma dependen su
desarrollo y rendimiento en el estudio. En el recreo algunos
juegan para entretener el hambre, los que tienen derecho al
restaurante escolar acceden a un menú balanceado y
otros sobreviven con agua panela y galletas de soda. Niños
en la Escuela Jesús María Rojas en Santa Bárbara.
|