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Lucho viene del verbo luchar



Aprendió a vivir en la pobreza y en medio de amenazas.
Aglutinó en una causa a quienes no se sentían representados.
Su humor, espontaneidad y claridad en sus ideas lo llevan en alza.


Por
Isolda María Vélez H.
Medellín

Por la pinta, cualquiera diría que es un hombre venido de las "mejores" familias, de las de apellido. Sus gabardinas y el estilo natural con que las usa le da esa clase que dice heredó de su padre, aunque poco hable de él. Cuando llega a algún lugar, de inmediato la gente identifica al hombre de los suéteres oscuros y conversación serena, que vuelve contundente con los movimientos de sus manos y la enumeración espontánea que siempre saca a relucir para explicar sus propuestas.

Luis Eduardo Garzón logró lo que parecía un supuesto lejano en un país polarizado en sus posiciones: juntar en una causa política a sectores tan disímiles para tratar los asuntos de la nación como la izquierda, los independientes, los sindicalistas, los educadores, los alternativos, los indígenas, los homosexuales, los académicos... todos en un Polo Democrático que aspira a ser la sorpresa electoral y colarse a una posible segunda vuelta presidencial, en contra de los pronósticos.

Cuando le preguntan sobre el "milagro" que hizo posible esa "fusión", a diferencia de lo que ocurrió en otras épocas electorales en las que el candidato de izquierda era casi un convidado de piedra en la contienda presidencial, Garzón le da importancia al momento histórico que vive el país. "No quiero entrar a valorar otros proyectos políticos que se gestaron. Simplemente llegue en unas circunstancias particulares y formamos una vocería más colectiva, a la que me corresponde darle credibilidad".

Al presentar su nombre como candidato a la Presidencia de la República, en mayo de 2001, entonces líder del Frente Social y Político (FSP), Lucho Garzón pretendía aglutinar una fuerza que no se sintiera representada ni en el bipartidismo ni en los movimientos de aquellas personas que, en sus palabras, de una u otra manera intentaban seguir con lo mismo a pesar de que cambiaran el discurso.

Su aspiración nació apostándole a la consolidación de un proyecto político serio, que trascendiera mucho más allá la coyuntura de elegir al próximo presidente de la República. En ese entonces ni siquiera figuraba en las encuestas de intención de voto y ni él mismo calculaba el repunte que tendría unos meses más adelante.

Pero hoy, cuando es más visible a los ojos de los ciudadanos, cuando su campaña del afecto y la reconciliación va en alza, cuando muchos ciudadanos comienzan a identificarlo más allá del "tipo bonachón que le pone el humor a los debates", como el hombre claro, que sabe argumentar sus propuestas con coherencia y credibilidad, sabe que este puede ser su mejor momento y quiere aprovecharlo para llegar a la segunda vuelta presidencial.

Desde las bases
Lucho a secas, como le gusta que le llamen, nació el 15 de febrero de 1951 en Bogotá, en el hogar de Eloísa Garzón. La pobreza y soledad de su madre lo obligó, antes de cumplir sus 10 años, a combinar las aulas con el trabajo. Fue mensajero y caddy en el Country Club. Al rememorar esa época, durante el foro de EL COLOMBIANO soltó, con su fino humor, un agradecimiento a esta casa periodística por haber permitido que ingresara gratis, después de tantos años, a un Club de ejecutivos.

Durante 26 años fue dirigente obrero, encabezó la CUT en los últimos seis años de su carrera sindical y fue presidente de la poderosa Unión Sindical Obrera (USO), que agrupa a los empleados de Ecopetrol.

Elizabeth Cruz, secretaria personal de Garzón, recuerda esta época como la más dura del hoy candidato presidencial. "Fueron años de mucho dolor porque estando en Barrancabermeja la violencia e intolerancia le arrebató a sus mejores amigos, pero ni así se dejó vencer por el miedo".

Él mismo se niega a borrar ese pasado y lo recuerda cada que alguien le pregunta sobre amenazas contra su vida. "Vengo del mundo sindical donde se siente con fuerza la violencia. Así he tenido que vivir los últimos 15 años y, aunque tengo miedo, también sé que uno no escoge cuándo nace, cómo se llamará ni cuando dejará esto". Y de inmediato, agrega que ha vivido en un escenario permanente de guerra que le ha dejado a este país 3.000 sindicalistas muertos. "Estuve trabajando en Barrancabermeja desde el 86 hasta el 91 en una situación de permanentes amenazas".

Esas mismas vivencias lo llevaron a trabajar por una salida política negociada como miembro activo del Consejo Nacional de Paz, la Comisión de Conciliación Nacional, el Comité de Búsqueda de la Paz, la Comisión Facilitadora para los diálogos con el Eln, entre otras iniciativas. Y por ello no se cansa de repetir: "soy un correcaminos de la paz y por eso prefiero un proceso de paz imperfecto, susceptible de ser mejorado, a una guerra perfecta".

Tras bambalinas
En la intimidad, Garzón prefiere disfrutar de la compañía de sus amigos y de la vida nocturna de la ciudad, especialmente de la rumba, del que lo consideran un enamorado. La campaña lo obligó a sacrificar las tertulias a la luz de la luna, a "encerrarse temprano a ver televisión" y a pulir sus propuestas programáticas.

Su amigo personal, el pintor José Ismael Rivera, dice que Lucho se gana la admiración de la gente por su espontaneidad, sencillez, autenticidad y porque "es un buen hombre". Pero ni en la intimidad, Garzón se aleja de sus posturas frente a la guerra. "Este país no aguanta un muerto más", repite con frecuencia ante sus amigos e insiste que se requiere de un proceso de negociación pero "sin dejarse acorralar por la insurgencia".

Marcela Hernández, su compañera, y sus dos hijos, Eduardo Andrés y Ricardo, saben que Garzón se descompone con la deslealtad y la injusticia, "en eso es intransigente", afirma, por su parte, Rivera.

Su generosidad no conoce límites. "Es capaz de quitarse el pan de la boca para dárselo a sus amigos". Y como prueba de ello, sus allegados recuerdan que en mayo del 2001, siendo presidente de la CUT, recibió el Premio en Derechos Humanos "George Meany-Lane Kirkland de AFL-CIO, organización sindical de Estados Unidos, y de inmediato el dinero, unos US$5.000, lo entregó a la madre de Jorge Ortega García, vicepresidente de la CUT, asesinado en Bogotá, el 20 de octubre de 1998, para que ella comprara una vivienda.

Sus compromisos
En sus intervenciones en la plaza pública, las cuales aspira a mantener vigente en la actual contienda, "sin ser un suicida", repite sin cansancio su sintonía con la búsqueda de acuerdos humanitarios en las regiones, tal como lo hicieron en su momento los alcaldes del Oriente antioqueño y los gobernadores de Cauca, Tolima y Nariño. "Ellos asumieron el liderazgo que le ha faltado al Gobierno Nacional", no duda en afirmar.

También se muestra partidario de la consolidación de un país de regiones, pero con autonomía política y fiscal. Y se compromete con una reforma política que no solo toque al Congreso de la República, del que insiste debe ser bicameral, sino el presidencialismo (para bajarle su poder de influencia en el legislativo), recomponer el sistema de financiación de campañas, la dispersión de los partidos, la reglamentación de las encuestas, entre otros aspectos.

Es además, un convencido de la urgencia de dar el debate sobre la legalización de las drogas y de la necesidad de establecer unos períodos de no pago de la deuda externa para liberar recursos y destinarlos a la inversión social.

A medida que describe sus programas, que los aplausos colman los escenarios en los que se presenta y que los números en las encuestas de intención de voto siguen creciendo, Lucho se convence más de su propuesta de reconciliación y, sin titubeos, se atreve a decir "estoy atortolado porque de pronto nos tomamos el poder".

Antecedentes
De su hoja de vida

Nació en Bogotá en 1951.
Se vinculó a la Empresa Colombiana de Petróleos – Ecopetrol- en 1971, entrando como operador del télex en la oficina de comunicaciones. Al poco tiempo se afilió a la Unión Sindical Obrera –USO-, en donde ocupó varios cargos de dirección.
Ingresó a la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia –CUT- en su II Congreso (1990), en donde ocupó los cargos de Secretario del Sector Estatal, Secretario General y fue elegido Presidente en las elecciones por voto directo realizadas en noviembre de 1996, cargo que ocupo hasta mayo de 2001, cuando decidió postular su nombre como candidato a la Presidencia de la República, por el recién conformado Frente Social y Político.
Tras las elecciones para Congreso de la República, en marzo pasado, recibió el apoyo de los recién elegidos congresistas independientes, y su movimiento se transformó en Polo Democrático.

 


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