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Por el Monáco ni rondan los fantasmas

Un símbolo del narcotráfico y poder de Escobar recorre el camino del olvido.
Actual sede administrativa de la Fiscalía, no muestra huellas de su pasado.
Nuevo propietario adeuda $776 millones de impuesto predial al Municipio de Medellín.



Por
León Jairo Saldarriaga L.
Medellín

Ni la ostentación de sus primeros ocupantes ni los fantasmas que pudieron rondar la estructura averiada y desocupada tras el primer atentado con carrobomba en la ciudad, hace catorce años, están retratados en lo que hoy es el Edificio Mónaco, cuya recuperación de su propiedad es una de las últimas batallas jurídicas perdidas por los herederos de Pablo Escobar Gaviria.

En el interior de sus ocho pisos, la estructura tiene una sola característica: sobriedad. Salvo un baño del último piso que mezcla enchapes de mármol con baldosín común y una caja fuerte del tamaño de una pequeña habitación, nada alude a lo que fue la morada de un poderoso capo del narcotráfico.

A sus actuales habitantes, unos 70 empleados de la Dirección Administrativa y Financiera de la Fiscalía Seccional Antioquia, los sorprende la ubicación estratégica del edificio, un auténtico mirador con visión hacia los cuatro puntos cardinales del Valle del Aburrá. Los ventanales del último piso, donde se especula que estaban el dormitorio y estudio de Escobar, tienen una visual perfecta sobre las instalaciones del Club Campestre.

El Mónaco de hoy no guarda sorpresas. Tal vez la única, la caja fuerte empotrada en el octavo piso. Tiene una doble puerta metálica de dos metros de altura, la primera con clave de seguridad y la segunda con chapa. Al traspasarla, deja ver un cuarto de 2.5 metros cuadrados por 3 metros de alto con 4 respiraderos en sus partes superior e inferior.

Lo sorprendente es su precario contenido. "Increíble que ahora sólo guarda ganchos de cosedora, cintas para calculadora y libretas, para lo que pudo tener en otro tiempo", anota Rosalbina, una de las empleadas.

Una pequeña piscina abandonada, que formaba parte del penthouse, es otro de los "adornos" que evocan la vida que se llevaba en el Mónaco, ahora con la agitación propia del trabajo en oficinas.

La bomba lo develó
El aparente anonimato en que se mantenía la vivienda del capo se develó la madrugada del 13 de enero de 1988, cuando explotó el carrobomba que causó más destrozos en el entorno del barrio Santa María de Los Ángeles que en el blanco del ataque. A dos vigilantes les costó la vida.

El edificio sufrió daños menores en la fachada y su estructura quedó intacta. En su interior, el rigor lo padecieron los enseres y valiosas obras de arte que observaron funcionarios de la Alcaldía.

Un vecino sostiene que "nadie sabía que Pablo Escobar vivía allí, su residencia sólo se descubrió por el atentado". El Mónaco, agrega, no existía como referencia. "Era un edificio más, como cualquiera de la zona, pero apenas le pusieron la bomba se volvió famoso". Lo concreto es que después del atentado, Escobar lo dejó de habitar porque ya era perseguido por la autoridad, pero el impacto de la acción lo sintió toda la ciudad. "Medellín despertó como Beirut" y "Sería vendetta entre narcotraficantes", fueron titulares de algunas publicaciones de entonces.

Del lote al búnker
De acuerdo con el certificado de tradición y libertad de la Oficina de Registros e Instrumentos Públicos, el inmueble (localizado en la carrera 44 No. 15 sur 31) se levantó sobre cuatro lotes, dos adquiridos por Escobar Gaviria a Gilma Cortés de Angarita, mediante escritura pública 815 del 27 de abril de 1982 en la Notaría 12 de Medellín. Los otros dos los compró Victoria Eugenia Henao, esposa de Escobar, a Andrés Posada Limitada.

La construcción del edificio, que se terminó en julio de 1987, fue realizada por la firma Londoño Vayda y, según consta en el expediente del juzgado, el 29 de diciembre de 1987 Escobar vendió la propiedad por $30 millones a Luz Estela Flórez de Henao, quien un día después, el 30 de diciembre, lo vendió por el mismo valor a Manuela Escobar Henao, quien para la época tenía tres años de edad.

Tras el atentado se generó una batalla jurídica por el Mónaco que se concentra en tres pasos. En primera instancia, el Juzgado 2° Penal del Circuito Especializado de Medellín decretó la extinción de dominio del inmueble en favor de la Dirección Nacional de Estupefacientes el 27 de septiembre de 1999.

La sentencia fue apelada ante el Tribunal Superior de Medellín, pero la Sala Penal confirmó el fallo el 14 de junio de 2000. "Esto no es reciente, hace dos años quedó ejecutoriado, pero ha vuelto a cobrar interés en los últimos meses", comenta el director Administrativo de la Fiscalía, seccional Antioquia, Manuel Darío Aristizábal.

La inquietud pudo surgir en que los abogados de la propietaria, Manuela Escobar, presentaron demanda de casación ante la Corte Suprema de Justicia para buscar la revocatoria de la decisión del Tribunal Superior de Medellín. La acción no fue admitida por la Sala de Casación Penal de la Corte, a través de providencia dictada el 14 de mayo de este año. La Dirección de Estupefacientes asignó el edificio en destinación provisional a la Fiscalía General de la Nación el 31 de diciembre de 1999.

Por pocos meses estuvo allí el Cuerpo Técnico de Investigaciones, CTI, porque una tutela que instauró la comunidad del sector de Santa María de Los Ángeles, lo obligó a salir en el primer trimestre de 2000 (tras un convenio con la Gobernación, hoy ocupa las instalaciones del antiguo Tránsito Departamental, en Guayabal). "Se ordenó la salida de la parte operativa, porque la tutela pretendía que no se causaran traumatismos al sector con la presencia de personal armado", afirma el funcionario.

Después de la salida del CTI, la Dirección Administrativa de Antioquia se instaló en el Mónaco desde el 1° de diciembre de 2000, en cuyos casi dos años de ocupación se conserva el diseño estructural que recibió. "Se hace un mantenimiento riguroso para evitar el deterioro del inmueble", asegura.

La piscina principal del edificio, cuenta, se recuperó para evitar su deterioro y el del entorno, y se aprovechará para el grupo familiar de los empleados los fines de semana. Ese mantenimiento, subraya, se hace con recursos de los funcionarios, no con el presupuesto de la entidad. ¿Pero qué sigue con la ocupación del inmueble? "La expectativa es seguir hasta que el Fiscal logre la construcción de la sede que se tiene planeada para Medellín, que congregará todas las direcciones de la entidad", afirma.

La comunidad del entorno no anda en plan de querellas, pero algunos vecinos recalcan que "Fiscalía es Fiscalía". Aristizábal replica que tras la salida del CTI no se han vuelto a presentar reclamos. "Las unidades encargadas de la parte investigativa están en el Hotel Veracruz y en el Palacio de Justicia, aquí sólo está la parte administrativa", insiste.

Para el abogado César Zapata Arias, asistente jurídico, el atentado de 1988 no tiene peso en el presente. "Eso hace parte de un capítulo de la historia que ya dobló la página", recalca.

Pero el edificio que entregó la justicia a la Dirección de Estupefacientes está "enculebrado". En la cartera de la Secretaría de Hacienda Municipal aparece que los dueños del Mónaco deben, por concepto de impuesto predial, la suma de $776.075.389. Los funcionarios de la Fiscalía comentan que Estupefacientes no ha hecho el registro de la propiedad. La razón es que las cuentas siguen llegando a nombre de Manuela Escobar Henao.

Costos y cifras
¿Cuanto vale el edificio?

Cuantificar a estas alturas el valor del Mónaco va más allá de una simple operación matemática. Juan Fernando Montoya, gerente de la firma Perímetro Inmobiliario, plantea que en esa zona el precio de los apartamentos oscila en un rango entre $800.000 y $1.300.000 por metro cuadrado, dependiendo de muchas variables por tratarse de vivienda usada, y agrega que el valor de las celdas de parqueo se tasa entre $6 millones y $7 millones cada una.

Explica que una metodología clara para saberlo es el costo de reposición, que consiste en estimar el valor que tendría la edificación, afectándola por las condiciones actuales del estado, la edad y el diseño. "No se trata de pensar qué se le debe hacer al edificio, sino cuánto estaría dispuesto a pagar el mercado, dadas sus circunstancias en un momento determinado".

Montoya agrega que paralelamente con el de costo de reposición, se manejan el método comparativo de mercado y el método de la renta, que se refieren a la capacidad que tiene un inmueble de generar renta.

Con estos tres métodos, más la aplicación de factores de comercialización, subraya el experto, se encuentra el valor comercial, entendiéndose por éste el máximo valor posible que estaría dispuesto a pagar un comprador por un inmueble, libre de toda presión o urgencia por la negociación.

Al margen de las observaciones del analista, dado que el inmueble tiene un área de 8.000 metros cuadrados, su valor, castigándolo, puede estar por encima de los $6.000 millones.

 


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