Economía
y Negocios >> Mujeres... Fuera de serie
Con el Cuartel de las
Feas integró al barrio
María teresa Cano Aguirre fue elegida la Tendera Líder
de Fenalco.
Con su trabajo a favor de los niños logró convocar
a toda la comunidad.
Al lado de su esposo y sus tres hijos trabaja 364 días
al año.
Con su ejemplo las señoras del barrio Versalles se pelean
por colaborar.
Por
Lilliana Vélez
de Restrepo
Medellín
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| Empezamos
de cero hace menos de dos años. La gente venía
y se devolvía diciendo que aquí no podían
entrar todavía porque no había nada. |
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Fotos Jaime Pérez |
Nació hace treinta y cinco años en el barrio
Campo Valdés, donde vivió hasta los 18 años
de edad, cuando se casó. Seis años después
enviudaría y su vida, junto a la de su primogénito,
cambiaría por completo.
Fue hija única y, aunque durante su infancia y adolescencia
poco pudo compartir con su madre por los horarios de trabajo
que ella manejaba atendiendo un restaurante, se siente orgullosa
de la formación que ella y su madrina le inculcaron.
Nadie nos puede señalar en el barrio ni decir:
a esa pelada yo la vi en tal esquina.
El no tener a mi mamá al pie mío me ayudó
a madurar y aunque no me afectó creo que ahora yo ofrezco
lo que más falta me hizo: ese cariño por los
niños, esas ganas de que ellos disfruten y se entretengan,
afirma María Teresa Cano Aguirre, elegida el pasado
1o. de octubre como la Tendera Líder de Fenalco.
Después de trabajar por varios años en oficios
domésticos conoció hace cinco años a
su actual esposo Jonier de Jesús Agudelo, albañil
de profesión, con quien formó su nuevo hogar
junto con sus hijos Johnatán Fernando Ruiz, Kelín
Yuliana Agudelo y la pequeña Daniela, fruto de la unión
Agudelo-Cano. Juntos, y desde hace cerca de dos años
son los protagonistas del Minimercado El Buen Precio, una
surtida tienda en el barrio Versalles, al nororiente de la
ciudad, donde además de variedad en los productos y
buenos precios, María Teresa dirige la integración
comunitaria.
Sin experiencia
¿Cómo surgió
la idea de montar una tienda y por qué?
Las circunstancias hicieron que nosotros tuviéramos
una tienda. Vivíamos más abajo y con la crisis
de la construcción Jonier se quedó sin empleo.
Sólo teníamos lo que yo hacía en las
casas donde trabajaba. En vista de la situación, el
papá de Jonier consiguió una platica prestada
y se la dio para que montara una tienda y luego le pagara.
Empezamos con nada.
La gente venía y se devolvía diciendo: allá
no podemos entrar todavía porque no hay nada. Nos hicimos
conocer con el fin de conseguir créditos y poder crecer.
El primero que confió en nosotros fue Johnson, un distribuidor
de más abajo que nos fió y nos presentó
con otros distribuidores que nos dieron la oportunidad de
recibir mercancía y pagarla después. Así
pudimos arrancar y lograr que la gente no se devolviera. Nosotros
no sabíamos nada de ventas ni del manejo de una tienda
y Johnson me enseñó, me explicó cómo
se podía vender. Ahora nos ayuda Huber, de otra distribuidora.
Ya no necesitamos fiador porque pagamos cumplidamente.
A usted la conocen por la inmensa
labor que ha realizado por los niños. ¿En qué
consiste este trabajo?
Desde que llegué aquí me preocupaba que
ver que los niños se mantenían muy encerrados,
no los sacaban y la gente no disfrutaba. No había integración
debido a muchas circunstancias del barrio: violencia, estrechez
de las calles, falta de espacios comunes. Un día le
propuse a las clientas que venían a la tienda que hiciéramos
una reunión para los niños.
En ese momento estaba de moda la novela Betty La Fea y de
ahí salió el nombre del grupo que conformamos:
el Cuartel de las Feas, que integramos Aura, Lilian, Luz Dary,
Verónica, Nora, Dora, Francy, Anita y yo. No teníamos
nada pero se me ocurrió escribir unas cartas a mano
para pedirles colaboración a las distribuidoras. También
hicimos una rifa. Compré una lámpara y le puse
un letrero que decía: me rifan.
Así hicimos la primera integración para 150
niños. Fue en la calle con comida, frescos, regalitos
con dulces y una carrera de encostalados. Ya no sé
cuántas hemos hecho. Nos programamos para las fechas
especiales como Navidad, el Día de los Niños,
de Amor y Amistad. Hoy, todas las señoras colaboran
e incluso algunas vecinas a veces se enojan cuando no les
ponemos trabajo. Ya hay integración y todas trabajamos.
He tratado de unir a la gente del barrio con la mentalidad
de que no todo en la vida es déme. La idea es trabajar
por algo que sea justo y entre todos. Eso es lo que trato
de infundir.
Lo mejor de mi vida
¿Cómo llegó
usted a Fenalco?
Yo no tenía ni idea de qué era Fenalco
ni de que había fiesta del tendero. El que me dijo
que me inscribiera fue un muchacho de la Distribuidora Supi,
que me conocía y sabía la labor que hacía
tanto para los niños como para decorar las calles en
los diciembres. Ya voy a ajustar un año de estar con
Fenalco.
El primer diploma que obtuve fue el de Economía Popular.
¡Para mí Fenalco es lo más lindo que puede
haber! Cuando voy a los cursos no quisiera salir de allí
por el carisma, el afecto y la forma como lo tratan a uno.
Nos enseñan de todo: economía, administración,
contabilidad, servicio al cliente y hasta la manera de colocarse
en una mesa y servirse. Nos ponen videos que nos enseñan
mucho. Eso es lo que ha hecho que, hoy por hoy, yo piense
y esté atenta a presentar de una mejor forma los productos.
Desde que estoy en Fenalco me siento más que una tendera.
Siento que estoy uniendo a la gente y que les estoy sirviendo
a los demás.
¿Qué sintió
cuando la eligieron la Tendera Líder de Fenalco?
Yo nunca me había ganado nada en la vida. El
día de la Fiesta del Tendero, el 18 de agosto en el
Palacio de Exposiciones, logré que Jonier me acompañara
con Daniela. Los otros dos niños se quedaron con mi
suegra y un muchacho que nos colabora porque en la tienda
no cerramos. Trabajamos todos los días de 6:30 a.m.
a 10:00 p.m. y el único día que descansamos
es el 1o. de enero.
Yo me fui tranquila sin tener idea de nada. Sabía que
se habían inscrito más de 150 tenderos y que
había gente que ha hecho cosas maravillosas. Las del
Cuartel de las Feas tenían fe en mí y desde
las 4:00 p.m. empezaron a prender velitas. Incluso Jonier
me prendió un cirio. Estaba con los compañeros
de Fenalco cuando me llamaron para una entrevista y creí
que eso lo hacían con todos los inscritos. Cuando llamaron
al tendero ganador y empezaron a presentar un video mío
empecé a temblar y me arrodillé para darle gracias
a Dios. La gente aplaudía y yo lloraba y le agradecía
a todo el mundo: a la distribuidora, a Fenalco, a toda la
gente que me ha colaborado, al Cuartel... Les dije que el
premio no era mío sino de todos, refiriéndome
a mi barrio. Si ellos no me hubieran apoyado yo no habría
logrado nada.
Implicaciones
El reciclaje es vital para el futuro de
los niños
Además de las rifas y las colaboraciones de las distribuidoras,
María Teresa ha inculcado en los niños del barrio
la importancia de reciclar. Allí, hasta la tienda, los
pequeños llevan las botellas plásticas, los cartones
y las canastas de huevos que se recolectan y que luego ella
se encarga de buscar a los mejores compradores.
Esa plata es sagrada y la guardamos en un tarrito aparte
porque de ella dependen, en buena medida, las fiestas de integración.
La última que hicimos, en septiembre, vinieron casi 300
niños. Yo digo que fue gracias a Dios que alcanzamos
a repartir comida para todos. Fue muy lindo ver cómo,
cuando llegaban los papás de trabajar, se agachaban a
ayudarle a los pequeños a comer. Hubo mucha integración.
¡Eso sí da felicidad de la buena! Otra idea que
ha tenido muy buena acogida, que la traje de Fenalco, ha sido
la de poner a los muchachos a barrer las calles. Ya hay ocho
que lo hacen y la gente les colabora. |