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Economía y Negocios >> Mujeres... Fuera de serie

La mujer que tomó el escudo del guerrero


Sólo cuando terminó la carrera y viajó, descubrió su vena comercial.
Es sagitario y, por ello, con espíritu aventurero y abierto, pero equilibrado.
Viajera veloz, cuando la eligieron presidenta estaba fuera del país.



Por
Lilliana Vélez de Restrepo
Medellín


Una de las novedades del portafolio de productos de Imusa, donde laboran 860 personas, son las ollas hechas en aluminio anodizado duro, con tapa de vidrio, que tienen muy buen mercado en Estados Unidos. Foto Juan Antonio Sánchez

Desde que nació ha estado rodeada de hombres. Fue la primera niña después de ocho hermanos, tiene tres hijos varones y trabaja en una empresa que es un híbrido entre los sectores metalmecánico y del plástico que, por tradición, ha sido muy masculina. Y aunque la han consentido como a una princesa, ha sabido mantenerse a la altura de las circunstancias asumiendo su trabajo con responsabilidad, tesón, creatividad y mucha visión.

Bachiller del Colegio de las Bethlemitas y Administradora de Empresas de la Universidad de Medellín, María Elena Velásquez Restrepo es la presidenta de Imusa desde hace nueve meses, pero trabaja en ella desde hace 15 años.

Se enamoró de la empresa desde que la visitó por primera vez. Fue cuando llegó a prestar una asesoría temporal, pero "el guerrero" la atrapó. Y no sólo es la primera mujer que asume la presidencia de una compañía metalmecánica, sino que asumió el difícil reto de retomar "el escudo del guerrero", ese logo que identifica a la empresa y sus productos y, en sentido figurado, la impecable labor de su antecesor Joaquín Ruiseco Vieira, quien fuera presidente durante más de 25 años y su gran maestro, quien falleció en Estados Unidos el año pasado.

Viajera incansable y veloz, combina con gran equilibrio su vida de ejecutiva con la familiar. La cultura culinaria que se vive en Imusa se traslada a su cocina, centro del hogar, donde en compañía de sus hijos Santiago, Felipe y Miguel, prepara exquisitas y variadas recetas.

Ama el jardín, salir al campo, visitar museos y leer. Confiesa que es una lectora voraz, no sólo de temas de administración y gerencia, sino también de literatura y de historia. Lee muchos periódicos y le apasionan las revistas de actualidad y nuevas tecnologías.

María Elena es curiosa, detallista, de espíritu aventurero, pero con los pies muy puestos sobre la tierra. De temperamento calmado, vive en paz consigo misma y procura no herir a nadie. Por ello a su vida la rigen la equidad y la justicia.

"Descubrí habilidades"
En el medio se le conoce como una experta en mercadeo. ¿Dónde obtuvo su formación y por qué se especializó en este tema?
"Estudié Administración de Empresas en la Universidad de Medellín y al concluir la carrera me casé y nos fuimos a Estados Unidos. Aún no sabía qué quería. Estudié inglés y realicé varios cursos, pero lo más formativo fue que allí aprendí a hacer las cosas por mí misma. Crecer en una familia paisa, en el lugar que ocupaba, hacía que tuviera una visión de la vida muy limitada; era muy protegida. Se me despertó la pasión por aprender. Al regresar empecé a trabajar en Diriventas, donde se inicia el acercamiento a la actividad comercial y comienzo a descubrir mi potencial. Allí conocí otra firma, Tecnoquímicas y empecé a trabajar con ellos en cosméticos, concretamente con Revlon. Descubrí toda la magia alrededor de los productos y aprendí que a un comprador siempre hay que llevarle soluciones."

Dicen que usted creció en Imusa. ¿Cuándo y cómo llegó a la compañía?
"Estando en Tecnoquímicas empecé una especialización en mercadeo en Eafit. Resolví que me quería devolver a las causas: por qué compra la gente, cómo diseñar los productos, qué quiere la gente que hagamos por ella. En esas Ricardo Leyva, un amigo que trabajaba en Imusa, me dijo que necesitaban una persona para mercadeo y fui con el fin de ayudarles. Yo llevaba seis años en Tecnoquímicas y ya tenía dos hijos. Conocía a su presidente, Joaquín Ruiseco, por las fotos de los diarios y lo admiraba muchísimo. Me encantaba el proyecto de empresa que siempre tenía. Nos presentaron y me encantó. Fue un flechazo y logramos una unidad creativa impresionante. Mientras me describía el perfil de la persona que buscaba y cómo quería organizar las cosas, la empatía creció y, finalmente, me dijo: "Quiero que te vengas para acá". Sentí que yo aquí tenía mucho por dar y para hacer. Esta empresa es muy linda y yo crecí con ella. Entré a la dirección de Mercadeo y luego estuve en la Gerencia cuando fue transformada como tal. Empezamos a investigar, con la ventaja de que Joaquín era una persona de una mente muy global. Siempre pensó que teníamos que exportar, que no era suficiente con tener liderazgo en el mercado nacional. Nos dedicamos a elaborar las líneas, a hacerlas mejor, a estudiar los mercados, a viajar... Esto tomó una dinámica tan grandiosa que ya llevamos un camino muy recorrido y estamos exportando a 15 países."

La gente, su fortaleza
Pero usted también trabajó en Alúmina...
"Sí. Llevaba cuatro años en Imusa cuando nació mi hijo Miguel. Resolví hacer un alto en el camino y vivir esta etapa con más sosiego. Así que me retiré de Imusa y me dediqué al bebé. Fue muy rico porque no pasó nada de lo que pensé, como que saldría del mercado laboral y que me iba a desactualizar. Fue todo lo contrario.

Trabajé con un tío de mi esposo y me dieron una asesoría para Alúmina, una de las empresas de acá. Nunca perdí el contacto con Imusa, desde fuera la analizaba y la seguía. Esta compañía se convirtió en una pasión para mí y cuando crearon la Vicepresidencia de Mercadeo y Joaquín me llamó a decirme que era hora de volver, después de dos años, regresé. Maduré mucho durante ese lapso y ví cosas que no había visto. Comenzó ahí otra fase de mi vida."

¿Cómo fue su nombramiento como presidenta y cuál fue la percepción en el medio?

"Yo tenía una unidad creativa con Joaquín y el resto del equipo. Nos entendíamos mucho y cuando a él se le presentó la cirugía a mediados del año pasado, nunca dimensionamos que se pudiera complicar y, menos, que pudiera faltar. Cuando él se iba, yo siempre me quedaba trabajando con el equipo de vicepresidentes. El era una persona muy vital y todo le salía bien. Por eso, su muerte fue para Imusa un golpe durísimo. Lo primero que hicimos fue orar por él y darle gracias a Dios por haber tenido la fortuna de conocer una persona tan buena, que creía en nosotros y en el equipo. Acto seguido resolvimos actuar como sabíamos que él lo hubiese querido. Implementamos un plan de choque y nos repartimos funciones.

La junta directiva nombró a Alberto Valencia Ramírez, uno de sus miembros, como presidente encargado. Nos ayudó mucho a elaborar el duelo y a vivir sin Joaquín. No tuve la pretensión de ser elegida. Nunca fue mi propósito, porque yo siempre pude hacer lo que quería, así que seguí siendo como era. Cuando la junta se reunió para tomar la decisión, yo estaba de viaje visitando unos clientes en Puerto Rico y allí supe de mi nombramiento. Confieso que fue una emoción muy grande. Lo que más me gustó fue que me sentí muy segura y preparada. Uno no crece en un solo día. En cuanto a la percepción en la empresa, me sentí muy apoyada. Es un verdadero reto y la gente confió en mí y me permitió liderarlos."

¿Qué es lo que más le gusta de la empresa y cuál considera que es la principal fortaleza?
"Imusa tiene muy buena calidad y reconocimiento de marca en algunos mercados. Tenemos un portafolio muy amplio y mucha variedad. Creo que lo que más aprecia la gente es que somos muy flexibles y tenemos una capacidad de reacción muy buena. Si vemos que el cliente necesita algo y en nosotros está, hacemos los esfuerzos que sean. Es el caso de los molinillos para las chocolateras y las parrillas para las arepas que, quién creyera, tienen mucha demanda en el exterior.

En estos casos buscamos talleres o cooperativas que desarrollamos para que los produjeran y exportamos esos productos. Somos muy rápidos en hacer pedidos y en responder a los cambios. Tenemos muy buenos departamentos de investigación y desarrollo, y de logística con un enfoque de servicio muy grande. Pero yo diría, de corazón, que lo más grande que tenemos es la gente. Esta es nuestra fortaleza y la razón para que podamos hacer lo que estamos haciendo. Somos muy unidos, tratamos de ganar como grupo, que las cosas nos salgan bien. Estamos vendiendo mucho y el mercado nacional ha estado relativamente estable. Y a nivel internacional, la siembra y lo que hemos trabajado se nos está dando. Un presidente es el arquitecto del futuro de la empresa, pero tiene que tener un equipo altamente efectivo".

Implicaciones
Nuevo modelo de cultura empresarial

La presidenta de Imusa sabe que para afrontar la globalización tiene que darse un cambio de gestión para generar habilidades de competencia, ser más productivos y eficientes. Desde ya se prepara para entrar al Alca optimizando el trabajo de las plantas, consiguiendo nuevos clientes y pedidos.

"Es el caso del anodizado duro, muy moderno, que se vende muy ben en Estados Unidos y que debemos impulsar más", afirmó la directiva. La empresa ya conquistó la Costa Oeste de E.U. y consolida en la actualidad un equipo gerencial muy fortalecido. "Un presidente es el arquitecto del futuro de la empresa pero tiene que tener equipos altamente efectivos. Tengo una visión muy democrática del poder y me gusta generar proyectos de innovación y de creatividad donde el proyecto de empresa sea compartido. Ese es el tipo de modelo en el que estamos trabajando", manifestó María Elena Velásquez.

 


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