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Inicio serie Las Mujeres no se callan
Mujeres que pelean vidas en Barranca
Integrantes
de la OFP venden, a $1.200, almuerzos para los más pobres.
Pero el
conflicto ha intentado meterse a las mesas. Ellas no lo han permitido.
Graciela
se atrevió a montarse sobre un ilegal que quiso llevarse
menor.
Por Elizabeth
Yarce Ospina
Enviada especial, Barrancabermeja

En los comedores de la OFP
las mujeres pusieron letreros en los que prohibían
el ingreso de hombres armados. Aun así entraron y ellas
los sacaron. Fotos: Manuel Saldarriaga, enviado especial,
Barrancabermeja-Santander |
"Mataron a dos muchachos, los descuartizaron. No pude hacer
nada por ellos. Cuando quise movilizarme del barrio para avisarle
a alguna de las compañeras me siguieron y me tocó
regresarme".
Eso ocurrió en 2001, relata Graciela Alfaro, y antes que
miedo la mujer sacó valentía y decidió que
de ahí en adelante no dejaría que mataran a nadie
más al frente de su casa, en el barrio San Pedro Claver,
de Barrancabermeja, Santander.
Ahora vive en otro barrio porque desde que decidió no
quedarse callada está en medio de amenazas. Y no es sólo
por su silencio: se enfrentó con hombres de las Auc, cuerpo
a cuerpo, para quitarles a una menor que se llevaban en un taxi.
"Alzaban diariamente personas en el día y ya en la
noche decidían qué se hacía con ellas: si
merecían un castigo, si las desaparecían o las asesinaban",
recuerda.
"En el barrio La Esperanza llegué a mi casa muy tarde
acompañada de Brigadas Internacionales. Dos niñas
llegaron a decirme que corriera, que se estaban llevando a una
menor de 15 años que la tenían por los lados de
la cancha.
"Llegamos y a la niña la estaban embarcando en un
taxi. Había cinco de las Auc. Tres en un taxi y dos en
una moto. Ella gritaba. Mi reacción fue irme sobre el carro,
empecé a golpear muy fuerte el taxi. Los que estaban en
la moto me reconocieron y se fueron. Tuve que forcejear un rato
con uno de ellos y quitarles la niña. Forcejeamos por ella,
que alcanzó a agarrarme y él era tratando de sacarme
a mí del carro. El me empujaba y la niña gritaba
hasta que uno de ellos dijo: ´déjela no le vamos
a hacer nada, después miramos qué hacemos con ella.
Me golpearon y yo caí y la niña estaba tan aferrada
a mí que caímos las dos. No me dio tiempo de pensarlo",
continúa con su historia.
Graciela es madre de cuatro niños y es una de las coordinadoras
de la Organización Femenina Popular, OFP, que agrupa a
3.000 mujeres.
Como ella cientos de mujeres de Barranca tuvieron que ponerse
los pantalones para evitar que siguieran los atropellos.
Aunque las muertes y ataques no cesaron, ellas insistieron, no
sólo para proteger sus vidas y las de sus familias, sino
para que las dejaran seguir con varios proyectos comunitarios.
Almuerzo a $1.200
Fue así como, agrupadas en la OFP, montaron los comedores
especiales en varios barrios del puerto petrolero en los que ofrecen
almuerzos a 1.200 pesos que ellas mismas cocinan.

Fotos: Manuel Saldarriaga,
enviado especial, Barrancabermeja-Santander |
Este espacio tampoco fue respetado por los actores armados, cuenta
Dora Guzmán González, encargada de uno de los comedores.
"Pusimos letreros iguales a éste: ´esto es
un espacio de los civiles y los armados no pueden entrar´
y cada vez que llegaba uno de ellos (cualquier grupo armado) no
los dejábamos pasar y como había tanta gente en
el restaurante salían y se iban aunque seguían haciendo
ronda".
Una vez, dice Dora, algunos de ellos entraron haciéndose
pasar por civiles. Pero la gente los reconoció y tuvieron
que salir. "A veces defender los derechos básicos
significa ponerse una lápida encima. Pero hemos peleado
mucho y la gente ha entendido eso y a pesar de los muertos y desaparecidos
ya hay muchos que no se tragan entero eso de obedecerle a los
violentos", comenta.
Dora decidió, desde 2001, cuando hombres de las Auc "embistieron"
una sede de la OFP y no dejaron ni los escombros, que de ahí
en adelante había que pelear por la vida.
Contexto
La OFP, 41 años de vida en el
Puerto
La Organización Femenina Popular (OFP) de Barranca es la
organización de mujeres más consolidada del país.
Pese a los ataques de los que ha sido objeto, que van de las amenazas
al asesinato de varias de sus integrantes, se mantiene en pie
y hoy reúne a más de 3.000 mujeres de esa región.
La mayoría de ellas son de escasos recursos.
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