Impunidad
>> Diez años de la fuga de La Catedral
Escobar, penúltima
fuga
Se inicia serie sobre fuga de La Catedral y la impunidad.
¿Qué queda de aquella cárcel de "cinco
estrellas" en Envigado?
Hablan protagonistas de aquel episodio de vergüenza.
Por
Reinaldo Spitaletta
Medellín
La fuga de Pablo Escobar de la cárcel de La Catedral,
hace 10 años, aumentó por esos días el
mito de la invulnerabilidad del máximo capo de la mafia
colombiana, pero, a su vez, marcó el comienzo del fin
de la carrera criminal del hombre que, durante una década,
puso en jaque al Estado colombiano y cuya existencia osciló
entre los odios y las admiraciones, las demostraciones de
poder y la clandestinidad.
Para unos, una suerte de Robin Hood criollo; para otros, la
mayoría, un delincuente que perpetró magnicidios,
hizo volar un avión de pasajeros, dirigió el
asesinato de 317 policías, ordenó el crimen
de periodistas, magistrados y jueces, y sembró de terror
y muerte varias ciudades colombianas.
A un decenio de su espectacular fuga y a ocho y medio años
de su muerte, la sociedad colombiana, la misma que, como una
especie de doctor Frankenstein múltiple, creó
al monstruo, se debate hoy entre los mismos o peores problemas
de hace 10 años, con un narcotráfico tal vez
de más bajo perfil pero igual de efectivo, con grupos
guerrilleros y paramilitares, también dedicados al
negocio de la droga, con altos índices de impunidad
(muy parecidos a los de los tiempos de Escobar) y un Estado
que no ha resuelto las necesidades más urgentes de
la mayoría de la población.
La huída de Escobar de la "cárcel de máxima
seguridad" de Envigado, donde estuvo preso 13 meses y
3 días en lo que entonces se denominó un "hotel
de cinco estrellas", puso en evidencia la fragilidad
del sistema penitenciario nacional, el cuestionamiento a la
política de sometimiento del presidente César
Gaviria y, de contera, reveló el poder que, desde adentro,
seguía teniendo el "Patrón".
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