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Desde el cielo llegó la señal para dar el golpe


El creador del lema “Paz, justicia y libertad”, gobernó durante cuatro años.


Eran comunes los regalos de caballos y ganado para el General.
Medellín
El 12 de junio de 1953 cayó viernes y como casi todos los fines de semana que podía, el general Gustavo Rojas Pinilla se dedicaba a su familia. Con su esposa Carolina Correa y su hija María Eugenia, viajó a la finca de Melgar con el fin de descansar hasta el lunes.

“Antes de viajar había preparado un plan de comunicación con las figuras más importantes del Ejército, con el ánimo de no permitir ninguna maniobra contra su honor militar. Había convenido con sus más leales colaboradores que en caso de producirse cualquier situación anómala, un avión de la Fuerza Aérea daría tres vueltas sobre la casa de Melgar, para advertirle la urgente necesidad de trasladarse a Girardot y de allí tomar el avión a Bogotá”, relató su hija, María Eugenia Rojas.

El incidente refleja lo precavido y sagaz que podía llegar a ser el entonces comandante de las Fuerzas Militares, en situaciones de extrema tensión como las que vivía el país en aquella época. “¿Fue Rojas un dictador? desde luego que sí. Pero no peor que los tres presidentes que lo antecedieron en el mando (...) Rojas Pinilla no fue el monstruo que pintaron sus enemigos ni el apóstol sin mácula que exaltaban sus seguidores”, escribió el liberal, Carlos Lemos Simmonds.

El quinto hijo de Julio Rojas Jiménez y Hermencia Pinilla Suárez nació en Tunja,Boyacá, el 12 de marzo de 1900. Su primera vocación fue la de ingeniero civil, pero se retiró de la carrera e ingresó a la escuela militar (gratuita), para que su hermano pudiera ser médico. En 1924 pidió la baja del servicio activo y viajó a Estados Unidos donde se graduó de ingeniero, mientras trabajaba “como cualquier obrero” en diferentes oficios.

En 1932, cuando se inició la guerra con Perú, Rojas construía la vía Vélez-Landázuri, en Santander. El Gobierno llamó a filas a los oficiales de la reserva, así que su reincorporación al Ejército se produjo con el grado de capitán. Concluída la guerra Rojas decidió seguir en los batallones. Mientras ascendía en su carrera militar, se ganaba el respeto de sus subalternos, al punto de que aquel 12 de junio, los oficiales reclamaban su presencia en la capital. “Mi general, lo estamos esperando. No obedecemos sino órdenes suyas”, le dijo, por teléfono, el general Alfredo Duarte.

Los libros de historia lo describen como un conservador a la antigua, intransigente, hogareño, bolivariano, creyente, carismático, nacionalista y campechano. El primer año de su gobierno fue mirado, en casi todos los círculos, como una luna de miel en la que se alcanzaron altos niveles de tolerancia entre los partidos políticos y se llegó a acuerdos con los nacientes grupos guerrilleros.

La misma finca de Melgar donde recibió la noticia de una inminente crisis política, fue el escenario de su muerte. En la tranquilidad de su lecho y en compañía de su hija María Eugenia, quien retomó su bandera política, y de su nieto Samuel, hoy senador, Gustavo Rojas Pinilla sufrió un infarto el 17 de enero de 1975. [ZAS]
 


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