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Profesionales, en alto riesgo
Deportistas colombianos reclaman derechos en seguridad social.
Fútbol,
ciclismo y boxeo, con vacíos en la aplicación
de las normas.
Especialistas
critican manifestaciones de esclavitud en pleno siglo XXI.
Por
Wilson Díaz
Sánchez
Medellín
A sus 28 años y después de representar a Colombia
en todas las categorías, el antioqueño Juan
David Vélez trabaja como empleado de un parqueadero
de Miami. Allí buscó refugio con su esposa y
dos hijos, David y Paulina, tras someterse a tres cirugías
y resignarse al diagnóstico de los médicos:
"usted ya no podrá volver a jugar fútbol".
Una lesión en la rodilla izquierda lo sacó
definitivamente de la competencia, producto de un mal tratamiento
cuando prestaba sus servicios al Independiente Santa Fe. "Juan
David se lesionó de los meniscos el 7 de octubre de
2000. A los pocos días lo infiltraron para que remplazara
a Jair Benítez y el mismo procedimiento se utilizó
en los partidos siguientes. Un día lo expulsaron contra
el América y desde ese momento lo hicieron a un lado",
dice María Elena, madre del jugador.
El lateral permaneció en Bogotá en sesiones
de terapia y el 18 de diciembre lo operaron. Ante la soledad
y poca solidaridad del club capitalino, regresó a su
tierra en busca de la recuperación y, según
su progenitora, el DIM, dueño de sus derechos deportivos,
"tampoco le colaboró", pues el cuerpo técnico
no lo tenía en sus planes para la temporada 2001.
Javier Velásquez, presidente del club, asegura que
el deportista no visitó los especialistas de la institución
y que estuvo bajo observación del médico Javier
Fernández. "Dos meses después nos dijo
que le diéramos el pase y la Junta Directiva aceptó",
comentó el dirigente. Con la fe en volver a las canchas
y dinero de su bolsillo, el futbolista se sometió a
dos intervenciones más y el resultado fue negativo.
Cuenta doña María Elena que cuando su hijo
acudió a la entidad de salud que lo tenía afiliado,
"no lo atendieron porque el Santa Fe no había
cancelado sus obligaciones. Eso sí, religiosamente
le hacían las deducciones por este concepto".
Hoy en día lleva un proceso en contra el equipo cardenal,
"porque a Juan David no podían cancelarle el contrato
estando lesionado. Además, se busca una indemnización
por invalidez". La historia del ex integrante del Medellín,
Envigado, Bucaramanga y Santa Fe, es la misma de muchos deportistas
profesionales, víctimas del incumplimiento de la Ley
100 de 1993 que consagra del derecho de la seguridad social
integral del trabajador en Colombia.
Nacional, buen ejemplo
A pesar de que el Gobierno acaba de presentar un proyecto
de ley ante el Congreso, en el que pide facultades para reformar
el fútbol y uno de los objetivos es buscar mayor seguridad
social para los jugadores, el médico Hernán
Luna, adscrito al Atlético Nacional y estudioso del
tema, asegura que la Ley 100 es muy clara y que el camino
a seguir es revisar si los clubes cumplen o no con estas obligaciones.
"De acuerdo con la ley que rige para el marco colombiano,
todo accidente que ocurre, tanto en el entrenamiento como
en la competencia, y me refiero al caso específico
de los equipos profesionales, es calificado como de trabajo".
El galeno anota que las enfermedades que se derivan de los
riegos a que se somete el deportista durante su tiempo de
práctica, son verdaderas enfermedades profesionales.
"Yo creo que es necesario aclarar ciertas patologías
propias del deporte rentado, que de manera definitiva llegarían
a constituir las enfermedades profesionales del deporte, como
las artrosis articulares de tobillo, cadera, rodilla, cadera
y columna".
Nacional es modelo en organización en este aspecto,
pues además de tener a inscrito todo su plantel a una
EPS, ofrece un subsidio de medicina prepagada. Igualmente
existe un contrato con una aseguradora de riesgos profesionales
y cada jugador elige, al momento de estampar su firma, el
fondo de pensiones que más le llene sus expectativas.
Adicionalmente, el club verdolaga transformó su departamento
médico en una Institución Prestadora de Salud,
IPS, cobijada por le Ley 1295.
Jaime Barrientos, ex arquero del Bello F.C., denunció
que el año pasado nunca estuvo afiliado a una EPS,
con todos los riesgos que implica la participación
en la Primera B, con viajes permanentes, vía terrestre.
Implicaciones
A golpes y en bicicleta
Tres casos concretos han dado de qué hablar en el
boxeo profesional colombiano: la muerte en actividad de barranquillero
Jimmy García, el diagnóstico del virus del H.I.V.
descubierto a Rubén Darío Palacio y el caso
de Antonio Cervantes, Kid Pambelé, la más grande
gloria de este deporte, hasta hace poco abandonado a su suerte.
El manejo de este deporte, pese a ser profesional, no implica
que los boxeadores tengan una remuneración mensual,
ni que sus cuerdas (que no funcionan como clubes), o sus apoderados
(que no ejercen funciones de empleadores, sino como mecenas),
tengan la obligación de vincularlos a entidades prestadoras
de servicios de salud, menos a pensiones o a riesgos profesionales.
Ellos, simplemente firman contratos independientes para realizar
peleas. En los últimos años, se ha progresado
algo ya que cada vez que hay una velada de boxeo, es obligación
que el empresario asegure no sólo el espectáculo
sino que provea de servicios médicos de urgencia.
Las experiencias pasadas obligaron a las autoridades del
boxeo a solicitar seguros de accidentes para evitar que cada
vez que un pugilista termine mal una pelea sea sometido a
la caridad pública para pagar hospitalización,
pero no todos cumplen estos requisitos. De resto, carecen
de casi todo porque esta actividad aún no tiene una
legislación en seguridad social. Los pedalistas nacionales
están a la buena de Dios en cuestión de seguridad
social.
El reciente caso del accidente sufrido por el pedalista Carlos
Andrés Osorio prendió las alarmas en la Federación
Colombiana de Ciclismo, por cuanto se ventiló de nuevo
la necesidad de proteger más al ciclista, porque de
lo poco que tienen, es la afiliación a una EPS y, algunos,
a una ARP, como en el caso de Osorio, quien cuenta para su
fortuna con el total apoyo del 05-Orbitel. Para poseer la
licencia de la Fedeciclismo, es obligatoria la afiliación
a una EPS, sin embargo, muchos son los corredores que dicen
no tener el dinero para pagar los trámites de la licencia
por un valor de $50.000 (prejuveniles), $70.000 (juveniles),
$80.000 (sub-23) y $100.000 (élite sin grupo deportivo)
y $250.000 (para afiliados a grupos deportivos élite).
Como profesión de alto riesgo, la Federación
Colombiana de Ciclismo maneja un seguro de accidentes, que
presenta una cobertura de $5 millones por muerte, incapacidad
parcial o permanente. Además de un $1 millón
para gastos médicos.
Algunos equipos de la élite cuentan con un seguro
de accidente, por muerte o incapacidad, pero son contados
los que pueden hacerlo, como sucede con el 05-Orbitel. Pero
otro punto, son los seguros de competencias como la Vuelta
a Colombia, el Clásico RCN -el comisario internacional
Juan Eugenio Cano asegura que ambas lo tienen-, además
de las pruebas, estilo Vuelta a Antioquia, en la que en el
capítulo de riesgos se dice que toda persona que forme
parte de la caravana, participará, por su cuenta y
riesgo.
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