EL COLOMBIANO
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03-02-2002
Iglesia quiere civiles libres de armados


En sur de Bolívar la Diócesis de Magangué alienta pueblos autónomos.
Monseñor Leonardo Gómez reitera que salida a guerra no es militar.
Espera que los grupos armados cumplan su palabra en Micoahumado.


Por
Carlos Alberto Giraldo M.
Morales, Sur de Bolívar


Leonardo Gómez

El valor de la palabra, el diálogo regional (no la negociación) y la necesidad de que el Gobierno de Álvaro Uribe invierta en lo social y no en la guerra, son puntos de partida del trabajo que realiza la Diócesis de Magangué en busca de la paz en el Sur de Bolívar.

El obispo Leonardo Gómez, líder de esa comunidad eclesial, dice también que es priotitario que las comunidades construyan su autonomía y no dependan de grupos armados para resolver los problemas.

Monseñor, ¿cómo vio el esfuerzo de diálogo con los actores armados de los habitantes de Micoahumado, para frenar un mes y medio de combates?
"Las comunidades del Sur de Bolívar tienen el respaldo y el apoyo de la Diócesis de Magangué, y de la Parroquia de Morales. Tenemos las mesas de trabajo por la paz. Queremos alentar a la gente a buscar autonomía, independencia.

Algunas comunidades, de tiempo atrás, se ven obligadas a convivir con grupos de la guerrilla o de las autodefensas. Sienten esa presión de los armados y es normal que donde está un grupo quiera aparecer el otro, el opuesto.

Así ocurrió con Micoahumado, por eso hubo incursiones de las autodefensas. Hoy, con la guerra, los ilegales buscan posicionarse. Eso trae conflictos graves. Por eso le decimos a la comunidad que busque solución a sus problemas partiendo del compromiso por buscar autonomía e independencia".

¿Qué es eso, cómo definir autonomía e independencia de los civiles?
"Decimos: la paz sí es posible. Por eso lo primero es orar. Ser hombres de fe. Lo segundo es el trabajo de organización de la comunidad. Organizarse es que tome conciencia de lo que es y vea cómo entre ella misma soluciona sus dificultades de todo orden. Que asuma responsabilidades.

En esa línea no necesitará llamar a uno u otro grupo para que le arregle los problemas. Si se llama a un bando, entonces éste se cree con derecho a impartir ´justicia´. Hay muchas experiencias de ese tipo en el país, lo cual margina a los grupos armados. La gente se empodera y sabe que puede definir su destino.

Se trata, incluso, de que ese empoderamiento sea para exigirle al Gobierno soluciones a sus problemas económicos. La comunidad tiene derecho a vivir de una manera digna y requiere que el Estado haga presencia no sólo militar.

Es un proceso, no es fácil, la gente lo hará poco a poco. A los grupos armados se les compartió ese anhelo y ha sido bien visto de parte de uno y otro".

En Micoahumado hubo infracciones del Eln y de las autodefensas al Derecho Internacional Humanitario, DIH, ¿qué llamado vuelve a hacer la Iglesia para que los civiles no estén en medio del fuego cruzado?
"La Iglesia es clara frente a los grupos armados: queremos tenderles la mano y encontrar la oportunidad de diálogos pastorales con ellos, para conversar sobre sus atropellos al DIH, porque creemos que no se trata de estigmatizar a uno u otro grupo, sino hacerles ver que por ese camino no llegaremos a ninguna parte. Y que necesitamos que contribuyan a la consecución de la paz por medios de diálogo, de concertación y de acercamiento. Que, por el contrario, contribuyan al desarrollo de las comunidades y a que haya justicia social. No estamos de acuerdo con una salida militarista al conflicto. La paz está en el diálogo y la salida política.

Lo que ha originado la guerra, concretamente en Colombia, ha sido la injusticia. Toda la miseria en la que vive el pueblo. De ahí nació la guerrilla. Hoy, en parte, la causa es la corrupción. Todo eso es caldo de cultivo. Como Iglesia le hacemos un llamado al actual Gobierno, al doctor Uribe Vélez: que le meta fuertemente a la inversión social, no a la guerra, y que abra espacios de concertación con los grupos armados. Que así como iniciaron los diálogos con las autodefensas, reanude, pero en forma, los diálogos con la insurgencia. Abogamos por reabrir esos espacios. La paz no se conseguirá con más enfrentamientos".

Hay cierto ánimo de abrir espacios regionales de diálogo, para alentar conversaciones nacionales, ¿le parece?
"Pensamos que es necesario abrir espacios a las regiones, creemos en las regiones. Allí es donde se da la problemática concreta de insurgencia y de autodefensas, de miseria y pobreza. Entonces hemos abocado por diálogos regionales como Iglesia. Así se pueden buscar soluciones concretas. Desde una línea nacional no se perciben los matices que hay en las regiones. La Iglesia anima diálogos pastorales, no políticamente, porque no somos representantes del Gobierno. La tarea es la evangelización integral".

Micoahumado es un ejemplo, ¿qué tan posible será concretar el respeto a los civiles?
"Las autodefensas y el Eln manifestaron voluntad, interés por respetar el anhelo del pueblo de ser autóno. Es natural que esa buena voluntad se confirme con los acontecimientos. Seguiremos en diálogo. Poco a poco, veremos qué pasa".

Implicaciones
"Creemos en la palabra empeñada"

El diálogo no sirve sólo para abrir caminos de entendimiento sino también para poner en práctica el valor de la palabra empeñada por las comunidades y los grupos armados, observa monseñor Leonardo Gómez Serna.

"Tratamos de rescatar la palabra entre nosotros. Un elemento que perdió su significación. Antes se hablaba de la ´palabra de hombre´. Se empeñaba la palabra y lo que se decía se cumplía. Ha habido cambios". Monseñor dice que hay que partir de la palabra del Señor, como ejemplo: siempre fiel, que no engaña.

 


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