EL COLOMBIANO
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02-02-2003
Las batallas de Micoahumado


Según varias versiones, allí las Auc perdieron a más de 30 hombres.
Primera vez que el Eln ataca con cilindros de gas repletos de dinamita.
Población civil sufrió campos de minas y ocupación del corregimiento. Sin embargo, en medio de guerra, la gente logró el triunfo del diálogo.

Por
Carlos Alberto Giraldo M.
Micoahumado

Los habitantes de Micoahumado, corregimiento de Morales, resaltaron el acompañamiento que en medio de la guerra prestaron organismos como la Cruz Roja Internacional, el Programa para la Paz y el Desarrollo del Magdalena Medio, la Diócesis de Magangué, la Acnur y la Redepaz.
Fotos Juan Antonio Sánchez, Micoahumado

El burro, al que en el pueblo llaman "uneraria" por la decena de cadáveres que transportó sobre su lomo en el último mes y medio, cruza lento, cargado con el cuerpo de "Cejas" uno de los jefes de la tropa de autodefensas destacada sobre un cerro que se eleva 50 metros arriba de la calle principal de Micoahumado, Sur de Bolívar.

La gente, atemorizada por los combates que este 16 de enero comenzaron a las dos de la mañana, mira desde las rendijas y puertas de sus casas los colgajos de músculo del brazo derecho del combatiente, ya muerto. El pelaje de la barriga del animal se tiñe con la última sangre que mana del recién abatido.

Es uno de esos días radiantes, del verano de comienzo del año, en los que el cielo, a las diez y media de la mañana, forma una carcasa azul, inmóvil y metálica, que se extiende sobre el Sur de Bolívar y la sucesión de colinas que forman las estribaciones del norte de la Serranía de San Lucas y del Valle del Río Magdalena, lleno de meandros y garzas.

Cejas llegó el 2 de diciembre, en compañía de sus jefes apodados John, El Peruano, El Sucreño y El Caucano, al mando de un grupo de 250 paramilitares. "Dijeron que no se iban a meter con la gente, que venían era a derrotar a la guerrilla", relata un lugareño.

Los insurgentes del Eln los recibieron con una lluvia de cilindros de gas, repletos de dinamita, que cayeron a lo largo de 45 días de combates. Las pipetas son un arma acostumbrada por la guerrilla de las Farc, pero ahora, según lo describen los campesinos, "los elenos" ensayan la "técnica" porque "su fuerte son los explosivos".

Desde La Conformidad, un caserío que se levanta tres kilómetros antes de Micoahumado, se descubren a la orilla de la carretera los campos minados que los guerrilleros señalan con un pedazo de tabla que cuelga de un estacón: "Zona minada. Fljss (Frente Luis José Solano Sepúlveda). Eln". También hay zonas sembradas con explosivos en El Reflejo, otra villita enclavada en las breñas de San Lucas, 30 minutos más arriba de Micoahumado, en donde funciona una escuela, por ahora cerrada por el miedo a que los combates se reanuden.

Los jefes del Eln en la zona sostienen que los cilindros sólo fueron arrojados en los alrededores de Micoahumado. Pero a unos metros del puesto de salud de la localidad se divisa un cráter que hizo uno de los "cohetes artesanales" de la insurgencia. Las señales que alertan sobre los campos minados son precarias: este mismo 16 de enero, un joven campesino madrugó a las seis de la mañana a buscar algunas hortalizas y pisó una trampa que le despedazó parte de sus piernas.

"Pasó por un portón que casi todos los días cruzaba una avanzada como de 50 paramilitares y, tan de malas, la trampa lo cogió fue a él", relata un profesor de la región.

A la orilla se ven
Contemplo a Pepo, que se mueve sobre mis piernas y me da picos y mordiscos en los muslos, sacudido por los saltos de la lancha sobre los rizos de agua del Magdalena. La embarcación se dirige a Morales, un municipio que se halla cuatro horas ríoabajo del puerto petrolero de Barrancabermeja y de un puesto de control de la Armada Nacional.

Ahora el bote se detiene y vara su trompa sobre la margen oriental, en un pueblo llamado Vijagual, donde la gente no conoce el frío ni una sombra fresca de verdad. Agarro a Pepo y se lo devuelvo a Jenny, una niña de 11 años que usa gafas de plástico rosado con estampas del oso Winny Poo. Ella acaricia la cabeza del periquito, que es un nudo de plumas verdes, y lo pone en su vientre, sobre un saco bordado y rojo. Invita a Pepo a dormir una siesta.

Un combatiente sube a la lancha y rompe el silencio y la espera. "Buenas, somos de las Autodefensas Unidas de Colombia. Les decimos para que nos conozcan y se enteren. ¿Dónde está el de la cámara?", dice en alusión a mi compañero. Ya algún vigía, ríoarriba, alertó sobre la presencia de un par de periodistas.

Le explicamos que viajamos rumbo a Micoahumado a conocer de cerca la situación de los desplazados por los combates. "Ahhh, ¿eso está como durito por allá?", replica con un dejo de ironía.

Luego aborda a la mamá de Jenny y le pregunta por los niños. A su organización, dice con aire de salvador, no le gusta descubrir menores secuestrados. Pero la doña le responde sin vacilar: "yo vengo con esa mona (Jenny) y con estos dos negros (los hermanitos). Son míos". Y los abraza.

Después de repasar los documentos de los pasajeros, uno por uno, el paramilitar hace el ademán de un jefe que sabe que todo está bajo control y empina en su mano una subametralladora íngram. También lleva un revólver en una estuchera amarrada a su pierna derecha. La lancha zarpa y los autodefensas se quedan junto a la orilla, vigilantes de la partida.

El ascenso a Micoahumado comienza en Moralito, en la orilla de enfrente de Morales. Allí los campesinos abordan un par de camperos Willys modelo sesenta y algo. Tienen un volco en el que está adaptado un corral de madera, carpado, con dos bancas laterales.

Un campesino de unos 60 años sube de último con su perra Marbella. Nadie la quería llevar y él insiste en que sin su mascota no anda. -"Tranquilo, me dice, ella ya mordió ayer, para no morder hoy. La traigo desde Aguachica y está feliz conociendo carros".

Marbella es fea: flaca, sin ojos marinos ni pelaje esplendoroso. Pero al hombre le basta. Marbella hace pareja con otro perro descastado que es experto en cazar los venados de la Serranía de San Lucas. El camioncito comienza a devorar los 34 kilómetros que separan a Micoahumado de Moralito. Su carrocería rígida se hunde en una nube de polvo y rebota contra el pedregal. Atrás los pasajeros se las arreglan para no salir disparados contra el techo.

La vía se empina y a lado y lado del trazado se divisan pequeños plantíos de coca. El conductor, que acaba de subir dos canecas de gasolina que van rumbo a una "cocina" (laboratorio clandestino) de la zona, se ve obligado a detener la marcha porque el radiador se está desarmando.

Cuando lee el chaleco de mi compañero y confirma que no hacemos parte de una de las misiones humanitarias que atienden a los desplazados de la zona, atina a gritar: "¡Ayyyy, gran hediondos, si ustedes son periodistas! No me le vayan a hacer fotografías a las canecas ni a los cocales".

Hoy, en el Sur de Bolívar, los arbustos de coca son tan comunes como la guerrilla y los paramilitares. El Eln y las Farc, que cobran su impuesto, dieron permiso de sembrar unas cuantas hectáreas por familia, sin que descuiden los cultivos alimenticios, mientras que en los cascos urbanos y en algunos parajes rurales, los "paras" intentan controlar la compra-venta de la pasta.

Aeropuerto en la loma
A las 10:00 de la mañana de este lunes 2 de diciembre, en el sitio El Solito, Carlos, un guerrillero que marcha adelante de una escuadra del Eln sale de un sendero a la vía principal.

El insurgente, que se dirige a una vivienda en busca de agua, no nota la presencia de una avanzada de los paramilitares, que comienza a entrar al área, y cae tras los disparos que le hace un enemigo a unos diez metros de distancia. Cejas se hace al fusil y al radioteléfono del muchacho. También a su canana, en la que portaba 90 tiros.

Al mediodía los "paras" entran a Micoahumado y desatan el temor colectivo. El cadáver de Carlos permanece en el mismo sitio, por orden de uno de los jefes "paras" conocido como 77.

"Lo iban a quemar, pero convencimos a los ´paras´ de que nos lo dejaran enterrar y sacarlo de ahí porque su descomposición iba a enfermar a un anciano que vivía cerca", dicen dos líderes de la comunidad. "A medida que pasaban los días la cosa se puso más dura. En mi casa, en La Conformidad, los ´paras´ se metieron a disparar desde el patio. No aguantábamos más y nos reunimos ocho familias y caminamos cuatro horas y media a Arenal, cerca de Morales. Estuvimos desplazados y ahora apenas vamos a ver si volvemos", cuenta un muchacho.

Las autodefensas ocuparon varias casas de La Plaza, como llaman los lugareños a la zona central de Micoahumado. El 10 de diciembre, recuerda un habitante, el Eln dañó la bocatoma del acueducto. En las horas siguientes restringió la circulación de vehículos y la entrada de víveres y medicamentos al pueblo. El 12 de diciembre sentenció a los pobladores a abandonar sus viviendas.

"Casi a diario había hostigamientos de la guerrilla a las posiciones de los paramilitares que esta vez avanzaron, como no lo habían hecho antes, hasta El Reflejo". Pero los "paras" pagaron una cuota alta en su intento de meterse al territorio de los "elenos", observan los campesinos. Coinciden en señalar que murieron unos 30 hombres de las Auc y por lo menos otros 30 sufrieron graves heridas en campos minados y otras trampas explosivas.

"Los sacaban en un helicóptero blanco y en otro verde. El cerro donde los ´paras´ tenían su base parecía el aeropuerto de Medellín", bromea uno de los colonos, para describir el movimiento permanente de las aeronaves.

La palabra, salvadora
En el límite del desespero, la gente decidió declararse en resistencia civil y 127 familias determinaron no abandonar el pueblo. Al tiempo, conformaron una comisión de diálogos para gestionar ante los grupos armados garantías mínimas. Planearon una agenda de conversaciones.

Primero, el 17 de diciembre, hablaron con las autodefensas y les pidieron que se alejaran del casco urbano y que no controlaran los servicios básicos. Al día siguiente se entrevistaron con el Eln y reclamaron el desbloqueo de las vías y la autorización para reparar el acueducto. "Entre todos lo arreglamos".

También le solicitaron a la guerrilla que no atacara más con cilindros. "Nos quedamos en las casas, llenos de fe en Dios y fue como un triunfo del diálogo en medio de la guerra. Logramos que uno y otro bando rectificaran". Minutos antes de que la comunidad se reúna para quemar el año viejo la noche de este martes 28 de enero, ritual que aplazó la guerra en diciembre, igual que la Navidad el 24, cuando hubo uno de los combates más intensos, un labriego comenta que estaban cansados de tanta guerra y por eso actuaron unidos.

Se cierra el círculo
En una loma contigua al pueblo Cejas y otro paramilitar disparan. En la distancia, Horacio, el hermano de Carlos, dirige su escuadra de 10 guerrilleros. Son las nueve de la mañana del 16 de enero. Uno de los hombres alerta a Horacio: "ese ´paraco´ que está allá en la loma tiene el fusil de Carlos, su hermano". Horacio mira. Calla. De golpe, deja a su tropa y dice: "me voy a matar con ese hijueputa". En la distancia dispara e impacta a Cejas. Corre a recobrar el arma de su hermano.

En su desespero tropieza y cae junto a Cejas que, en el último hálito de vida, aprieta el gatillo y le pega a Horacio un tiro en el corazón. Los campesinos terminan la historia: "murieron combatiendo cuerpo a cuerpo y se despacharon pa´l carajo, el primero y el último día de los combates".

Implicaciones
Solidaridad en medio del fuego cruzado

Los habitantes de Micoahumado, en el Sur de Bolívar, resaltan el valor de varios organismos que los auxiliaron en medio de los combates que sostuvieron durante un mes y medio el Eln y las Autodefensas Unidas de Colombia, Auc.

"Nos fue vital e indispensable la presencia de entidades amigas. Tenemos que decirle al país que entraron en medio del fuego cruzado y se jugaron la vida por ayudarnos. Le estamos muy agradecidos al sacerdote Joaquín Mayorgas, a la demás gente del Programa de Paz y Desarrollo del Magdalena Medio, a monseñor Leonardo Gómez Serna, Obispo de la Diócesis de Magangué, a la Cruz Roja Internacional, a la Acnur (Comisaría de Naciones Unidas para los Refugiados) y a otras organizaciones que llegaron en los últimos días, como Redepaz, para seguir en la tarea de hablar con los actores armados ilegales". En Micoahumado ahora tienen su Comisión de Diálogo por la Vida y la Paz.

 


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