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El "machinero" le rompe el alma al cemento


Es otro de los oficios difíciles y con él mantiene a sus cuatro hijos.
Sin embargo, hasta ahora no ha sentido ninguna enfermedad.
Diego Antonio hace unos ocho años le está dando al martillo neumático.

El, con el sudor de la frente se gana, pero muy bien ganado, el sueldo. "A lo que aspiro es a arreglar mi ranchito", dice Diego. Su sueldo es de 395 mil pesos al mes. Foto: Donaldo Zuluaga

Por Gustavo León Ramírez Ospina
Medellín


En una brecha abierta en el pavimento, entre la carrera 80 y la canalización de la quebrada La Picacha, el cuerpo de Diego Antonio Buelvas Herrera se sacude en constantes temblores provocados por el trepidar de un martillo neumático que rompe rocas y pavimento.

Ese aparato de hierro, que pesa más de 30 kilos y se mueve con una presión de 120 libras, se ha convertido en una extensión mecánica de sus brazos y sólo lo deja de lado cuando culmina la jornada laboral a las 5:00 de la tarde.

Ese instrumento lo acompaña como un amigo inseparable en los últimos ocho años, desde el momento en que decidió dejar de cuidar ganado en valdivia para volverse un machinador, un oficio difícil que le rompe el alma a las piedras y a las calles.

Desde las siete de la mañana, Diego Antonio está metido en una zanja de un metro de ancho y una profundidad de dos metros tratando de pulverizar un bloque de cemento blanco de una columna subterránea que, al parecer, alguna vez formó parte de un puente en la carrera 80.

Como al principio de la jornada, al medio día y luego de almorzar y descansar durante media hora, su cuerpo seguirá sacudido por el continuo temblor que le provoca, a pleno sol, esa máquina que llena el barrio de un ruido estridente y ensordecedor. Es un trabajo que no puede realizar de noche porque el intenso ruido perturba el sueño de la comunidad.

Con sudor perenne
Ahora, metido en el hueco, el rostro y todo el cuerpo se le cubren de sudor tanto por el esfuerzo de su labor como por el intenso sol del verano del mes de marzo. Como fruto de los movimientos del taladro mecánico, los cachetes se le mueven rítmicamente, mientras conserva los ojos fijos en el concreto que se va desmoronando poco a poco. Es una labor que le demorará unos dos días. La misión de Diego Antonio, en esta oportunidad, es abrir un boquete para extender y reponer las tuberías de aguas negras en el sector de Malibú, de acuerdo con el contrato que firmó la compañía con Empresas Públicas de Medellín.

Sin el casco industrial, sin los guantes grandes, sin las orejeras para protegerse del ruido y sin las botas con punteras de acero, el machinero se asemejaría a un arriero, a un carnicero o a un antiguo herrero de los que había en los pueblo de Antioquia en los tiempos de la herradura, pues uno de los elementos de su indumentaria es un delantal de cuero.

El de Diego Antonio es un trabajo en el cual se consume mucho líquido, se soporta una alta contaminación auditiva y en el que es inútil tratar de sostener una conversación. El taladro ya le dejó la piel de los brazos templada por la vibraciones, la cintura rendida y, en muchas ocasiones, presa de fuertes dolores de cabeza. A pesar de su experiencia de ocho años en el oficio, el cansancio no lo abandona ni siquiera cuando llega a su casa de San Blas donde lo esperan sus cuatro hijos: Lina Joana, Sandra Milena, Diego Mauricio y Davinson Antonio, y su esposa, Ana Teresa Castañeda.

"Es una labor dura y no se encuentran muchos para este trabajo. Deben ser personas especializadas", dice un ingeniero de la empresa contratista.

En los alrededores hay otros cien obreros operadores de máquinas no tan complicadas como la de Buelvas: volqueteros, paleros, conductores, retroexcavadores, supervisores de obra y gestores de impacto, es decir, aquellos dedicados a colocar las señales adecuadas de prevención y supervisión de la seguridad industrial dentro del proyecto. También está el "cangurero", nombre vulgar que se le da al hombre que maneja una compactadora manual de suelos. El término se deriva de que la máquina se parece a un canguro australiano.

"Es una labor agotadora el hecho de enfrentarse a un equipo que sacude todo el día el cuerpo, de romper superficies como el concreto y el asfalto que causan problemas auditivos y de estar sometido al sol", afirma el ingeniero auxiliar de la obra, Jaime Caicedo. Sin embargo, Diego Antonio reconoce que todavía no siente las consecuencias de los ocho años de intenso trabajo con el martillo perforador.

Un destino buscado
Buelvas Herrera nació hace 39 año en Caucasia. Antes de venirse para Medellín se desempeñó como administrador de una finca ganadera de la región, hasta que le dio por probar cómo funcionaba el martillo que operaba un obrero en la carretera. Por esos días le regaló a la empresa tres días de trabajo por ociosidad. "Le daba vuelta al ganado, ordeñaba y luego me iba a machinar. Esta gente estuvo trabajando por allá. Me gustó el trabajo y me vine para acá, pues se ganaba un poquito más", dice Diego mientras reposa un poco el almuerzo, bajo un árbol. Con la empresa Aguidel estuvo laborando durante cinco años y, ahora, con Ingeomega, cumplió tres.

"El compresor era de Aguidel y a diario trabajo con él. No me ha faltado el trabajito y con él he sacado adelante a la familia. Mi trabajo es ser machinero porque al taladro le dicen machín. Tengo todas las prestaciones sociales y el equipo de seguridad industrial. Las botas tienen platinas y me protegen mucho si una punta del martillo se parte o me salta sobre el pie", dice Diego Antonio.

"Con el trabajo, de pronto uno queda sordo y jodido de la columna. Hasta el momento no he sentido nada. La primera vez que cogí un aparato de estos fue duro. Me sentí bastante cansado. Por la tarde me acostaba y no me daban ganas ni de comer", manifiesta el obrero.

"Me dio duro porque me tocó romper puro concreto. Sí se cansa uno, pero no tanto como en las tres primeras semanas. Me tocaba los brazos y era como si estuvieran quemados. Por la vibración, se le templa la carne a uno como si estuviera quemada. Cuando uno deja de trabajar no sigue temblando como piensa la gente. Uno vuelve después del descanso a la normalidad", dice Diego Antonio. "Con el trabajo he cogido más fuerza y musculatura. Ojalá me pudiera jubilar y aguantar hasta allá... El ruido no lo mata a uno sino el sol". El machinero está prevenido ante el surgimiento de otras enfermedades. "Este oficio es de gran riesgo. Muchos médicos nos han dicho que ha habido personas que han quedado locas por el ruido. ¿Quién sabe el riesgo que pueda correr uno?", se pregunta Buelvas, al retornar al trabajo que cree que ya no abandonará jamás, en tanto existan obras públicas.

Contexto
Una actividad que tiene altos riesgos
Los expertos llaman"compresorista" al oficio de Diego Antonio Buelvas, cuya actividad de mayor riesgo es el trabajo con el machín o martillo neumático. Dicen que la mayoría de las empresas de la construcción poco han hecho con el personal a cargo en materia de salud ocupacional.

El comprensor, cuyo operario requiere gafas para protegerse de la proyección de partículas y doble protección auditiva, produce cerca de 115 decibeles y la norma dice que a partir de 85 hay que empezar a hacer seguimiento a la exposición al factor de riesgo, pues ya es nocivo para la salud. Los dos riesgos más altos son las vibraciones y los ruidos y las compañías de riesgos profesionales recomiendan que un trabajador no labore más de cuatro horas seguidas y hacer actividades intermitentes, con el fin de evitar lesiones en el túnel metacarpiano, otras lesiones en las manos y en la columna.

La exposición regular puede generar una serie de lesiones en las manos y antebrazos que son conocidas como el Síndrome por Vibraciones en Extremidades Superiores (Sves), las cuales pueden incluir los daños siguientes: en el sistema circulatorio el síndrome del dedo blanco. El primer síntoma es un ataque ocasional cuando las yemas de los dedos se ponen blancos. También durante un ataque, los dedos pueden entumecerse y adquirir la sensación de "piquetes de clavos y agujas". Igualmente, puede ocasionar daños en los nervios de los dedos y daños en los músculos.

 


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