|
En Altamoda, 40 personas le dan forma a las ideas de la diseñadora
Silvia Tcherassi.
El 25 de febrero
Silvia Tcherassi desfilará con su colección en la
semana de la moda de Milán.
Por
Beatriz Arango
Sepúlveda
Enviada especial-Barranquilla
A las 12:00 del mediodía del martes 25 de febrero, el frío
de los termómetros de Milán será abrazado por
el toque cálido del talento de Silvia Tcherassi. En la sala
C de Milano Moda Donna desfilarán la paciencia de la bordadora
Yadys Comendador, el cuidadoso trato de telas de Eugenia Rodríguez,
los cortes precisos de Julio Tafur y Marbeluz Barros.
Será visible el brillo de los 206 cristales de Swarovsky
que Milady Suárez pegó con dedicación en la
chaqueta color vino y los 98 que utilizó para la falda de
lana café.
Martha Maldonado verá con orgullo el trabajo de horas y
horas deshilachando trocitos de tela que luego cosió sobre
una falda sentada al lado de la ventana escuchando los cumbiones
del festival de Barranquilla.
Génesis de la creación
El talento de Silvia Tcherassi se reproduce en el taller del barrio
Prado Alto de Barranquilla. Puede nacer en un restaurante de Nueva
York, una tarde mientras mira a través del ventanal de su
oficina, en una caminata en Miami o jugando con sus hijos, Mauricio
y Sofía. En el segundo piso de la tienda funcionan el taller
y las oficinas de Altamoda, razón social de una empresa que
muchos resumen en el apellido italiano Tcherassi.
Después de las escaleras, una pintura del rostro de la diseñadora
da la bienvenida al espacio que expresa con el color blanco el gusto
de Silvia. Las paredes y los muebles revelan la esencia tranquila
que este tono le transmite. También lo hacen el mar que ve
cuando se levanta, los curazaos que florecen afuera de su oficina
o el viento que levanta las hojas del piso. ¿Qué mejor
lugar para inspirarse que Barranquilla?, se pregunta la creadora
de un estilo de sensualidad que ingresará, en nueve días,
a las grandes ligas de la moda internacional.
Un pequeño salón de recibo con 16 fotografías
de películas clásicas permite dar un vistazo al lugar.
Allí están la oficina de contabilidad, la de negocios
internacionales, el salón de tallaje y la oficina que Silvia
comparte con Vera, su mamá. Un corcho gigante detrás
del escritorio da cuenta de los afectos. Comparten espacio las cartas
de la ministra de Defensa y Lola Gavarrón, las fotografías
con Bill Clinton, Fernando Botero, sus hijos, Oscar de la Renta
y Nohra de Pastrana.
Sobre el escritorio, muestras de telas, una cámara polaroid,
un refresco dietético y unas pesas con las que se ejercita
cuando habla por teléfono.
La puerta del color
Una puerta en la oficina es el cordón umbilical de Vera y
Silvia con el taller. De las tres grabadoras encendidas a mediano
volumen salen los sonidos que alteran el orden del salón
vertical con 20 máquinas, 27 lámparas halógenas
y tres secciones de trabajo: corte, confección y obra de
mano.
Yadis Comendador, una joven y menuda morena, asegura, mientras
borda un traje color chocolate, que para hacer bien su trabajo se
necesita paciencia y buena vista. Ya perdió la cuenta de
los kilos de mostacillas y los rollos de mini lentejuelas que había
pegado.
Julio Tafur tiene en la mano las órdenes de corte. Una falda,
una chaqueta o un vestido que luego será transformado con
las ideas de Silvia. "Imagínate tu, yo me siento muy
honrado de trabajar aquí. Con una fama como la de doña
Silvia", es su respuesta de costeño puro para explicar
que la experiencia de 26 años en el campo de la confección
lo tiene allí frente a un enorme mesón de madera.
El taller funciona como una suerte de laboratorio de devotos alquimistas.
Vera de Tcherassi se pasea por allí y está pendiente
de las operarias. Danelys le ofrece un vaso de agua al visitante
y tiñe telas y cintas con el color que Silvia quiere. Las
cuelga frente al ventilador, pues deben estar secas pronto. Ninguna
tela sale virgen del taller de Tcherassi. Todas son intervenidas,
teñidas, deconstruidas, deshilachadas, sometidas al delicado
imperio de la creatividad.
"Calmita y delicadeza"
Everlides Arias trabaja y sonríe en la sección de
obra de mano, es decir el pequeño universo donde se elaboran
los ojales, se cosen los dobladillos y se pegan los botones.
"Aquí todo se hace con mucha calmita y delicadeza porque
hay telas muy finas". Esa es la premisa de Everlides que acompaña
con una frase que está pegada en la pared a su lado: En la
suposición está la clave del fracaso. Letras de molde
que revelan que en aquel espacio que se mueve al ritmo de motores
de máquinas de coser y aromas de carnaval nada se improvisa.
Todos están orgullosos de saber lo que su trabajo representa
en el universo Tcherassi. ¡Eso lo hice yo! es un grito vanidoso
y conocido en la casa de Sandra Colina, cuando ven en televisión
el registro de los desfiles de Silvia.
Al ocuparse de pegar 64 broches en una chaqueta sabe que con la
aguja e hilo en sus manos teje un pedacito del talento Tcherassi.
Atiende la recomendación de la diseñadora que prefirió
la prenda con 64 piezas en lugar de las 10 que se habían
pegado en principio.
Eugenia Rodríguez, la jefe del taller, mide la chaqueta
de lana en el maniquí. Silvia pidió que el corte fuera
más pronunciado. Así funciona Altamoda. Un vaivén
de ideas e interpretaciones. Nunca ninguna prenda queda lista en
la primera prueba. Silvia quiere más.
La creadora pocas veces usa bocetos. El arte de su diseño
surge como quien esculpe con telas y alfileres sobre el cuerpo de
la modelo. El proceso ocurre en un salón aparte. Silvia se
sienta y cruza las piernas. Sobre la rodilla apoya el brazo y sobre
éste el mentón. La modelo va y viene. Se detiene.
Silvia evalúa la caída de la tela, analiza qué
ajustes son necesarios, intuye qué accesorios va a requerir
para ese atuendo, decide si el traje necesita cinturón o
si hay que aplicarle más cristales al pantalón de
lana. Le pide a la modelo que se ajuste el abrigo y el productor
Juan Carlos Obando toma fotos con la polaroid. El desfile de Milán
toma forma.
Para ampliar las fotos haga clic sobre las
imágenes:
Otras Notas
Los
trapos de Tcherassi... Estructuras con movimiento y color
Para
decir ¡gracias! en Colombiatex
Silvia
Tcherassi invitada de honor a Milán
Un motivo solidario
Tcherassi en 52 imágenes
Lista para viajar
Silvia, dueña de la pasarela
Ocho años de pasarelas
Saber comprar
El encanto del jean
A veces llegan cartas
Adiós a Yves Saint Laurent
El denim, según Silvia Tcherassi
Silvia Tcherassi, sutil
como el chifón
Año nuevo, nueva imagen
Brillos y flores para fin de año
|