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La llama olímpica, más que una señal
¡Que
empiecen los Juegos!
Una mujer vestida con túnica blanca,
que transportan el pensamiento a la Grecia antigua donde los rayos
del sol iluminaban sus calles, es la encargada de prender la llama
olímpica, alegoría a esa ceremonia sublime que daba inicio a los
Juegos que se hicieron en honor a los dioses del Olímpo, en la
región del mismo nombre, ubicada en el Peloponeso.
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Este año, el diseño de la Antorcha Olímpica está inspirado
en el Edificio de la Ópera de Sydney, las azules aguas del océano
Pacífico y las curvas del bumerang. Para sus creadores, la Antorcha
refleja los valores que encierran los Juegos, el espíritu igualitario
de Sydney y en general de Australia, el compromiso de los atletas
y la inspiración de la innovación.
Las tres capas que simbolizan la tierra, el agua y el fuego, recubren
la parte interior que guarda el sistema de combustión elaborado
en cobre, aluminio, latón y acero inoxidable pulido; la fase media
que contiene el cartucho de combustible, fabricado en aluminio
anodizado y la capa exterior que es de aluminio con un revestimiento
especial.
Tratando de preservar el medio ambiente y fomentar la idea de
ofrecer unos juegos ecológicos, como se puede ver, el sistema
de combustión y el diseño de la tea poseen una gran tecnología
que la hace una Antorcha segura, con llama brillante y una resistencia
suprema capaz de resistir diversos cambios meteorológicos.
Y bien, esta Antorcha que pesa un poco más de un kilo y mide 72
centímetros, antes de llegar a Australia recorrió Grecia y algunos
países de Oceanía. Una vez encendida la llama, los atletas y el
mundo entero sabrán que los grandiosos Juegos Olímpicos empezaron.
Foto
AFP
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Foto
AFP
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Foto REUTERS
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