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Ex Libris

Por
Iván Rodrigo García Palacios



Philip K. Dick.
Libros para lectores de sillón
Philip K. Dick, ciencia-ficción
en un planeta de simios


Algunos refinados lectores de ciencia-ficción han considerado a Philip K. Dick como uno de los más excelsos escritores del género de todos los tiempos, aunque su popularidad no le sea proporcional, ya que su literatura es compleja y abismal.

Pero para no abundar y para que los lectores de libros de sillón se formen una idea y encuentren una razón para el título de esta nota, mejor reproduzco parte de lo que dijo de Dick, Roberto Bolaño (1953-2003), el escritor chileno, igualmente extraño y fascinante, que tomo de Entre paréntesis, recientemente publicada por Anagrama:
“Con Rodrigo Fresán largamente hemos hablado de Philip K. Dick, sin llegar a agotar jamás el tema, en bares y restaurantes de Barcelona o en nuestras respectivas casas”.

“Éstas son algunas de las conclusiones a las que hemos llegado: Dick era un esquizofrénico. Dick era un paranoico. Dick es uno de los diez mejores escritores del siglo XX en Estados Unidos, que no es decir poco. Dick era una especie de Kafka pasado por el ácido lisérgico y por la rabia. Dick en El hombre en el castillo, nos habla, como luego sería frecuente en él, de lo alterable que puede ser la realidad y de lo alterable que, por lo tanto, puede ser la historia. Dick es Thoreau más la muerte del sueño americano.

Dick escribe, en ocasiones, como un prisionero porque realmente, ética y estéticamente, es un prisionero. Dick es quien de manera más efectiva, en Ubik, se acerca a la conciencia o a los retazos de conciencia del ser humano y su puesta en escena, el acoplamiento entre lo que cuenta y la estructura de lo contado, es más brillante que algunos experimentos sobre el mismo fenómeno debidos a las plumas de Pynchon o DeLillo. Dick es el primero, literariamente, en hablar con elocuencia de la conciencia virtual.

Dick es el primero, y si no el primero el mejor, en hablar sobre la percepción de la velocidad, la percepción de la entropía, la percepción del ruido del universo en Tiempo de Marte, donde un niño autista, como un Jesucristo mudo del futuro, se dedica a sentir y a sufrir la paradoja del tiempo y del espacio, la muerte a la que todos estamos abocados. Dick, pese a todo, no pierde en ningún momento el sentido del humor y por lo tanto no es un descendiente de Melville sino un descendiente de Twain, aunque Fresán, que sabe más de Dick que yo, oponga algún reparo. Para Dick todo arte es política. No olvidar eso.

Dick es posiblemente uno de los autores más plagiados del siglo XX. Para Fresán, La flecha del tiempo, de Martín Amis, es un plagio descarado de El mundo contra el reloj. Yo prefiero creer que Amis rinde con esta novela un tributo a Dick o algún antecesor del mismo Dick (no olvidemos que su padre, el poeta Kingsley Amis, también cultivó la ciencia-ficción y fue un gran lector de este género).

Dick es el escritor norteamericano de estos últimos años (junto a Burroughs) que más ha influido en poetas, novelistas y ensayistas no norteamericanos. Dick es bueno incluso cuando es malo y me pregunto, aunque ya sé la respuesta, de qué escritor latinoamericano se podría decir lo mismo.

Dick expresa el dolor de forma tan contundente como Carson McCullers. Sin embargo Sivainvi es más inquietante que cualquier novela de McCullers. Dick parece, en determinadas ocasiones, el rey de los mendigos, y en otras el millonario oculto y misterioso, y con esto quizás nos quiso decir que ambos papeles son en realidad uno solo.

Dick escribió Dr. Bloodmoney, que es una obra maestra, y revolucionó la nueva narrativa norteamericana en 1962, con El hombre en el castillo, pero también escribió novelas que nada tienen que ver con la ciencia-ficción, como las Confesiones de un artista de mierda (que se reseña adjunta), escrita en 1959 y publicada en 1975, lo que demuestra bien a las claras el efecto que la industria editorial norteamericana le profesaba”.

Hay tres imágenes del Dick real que siempre llevaré conmigo, junto a sus innumerables libros. Primera imagen: Dick y todos sus matrimonios, ese gasto incesante en divorcios californianos. Segunda imagen: Dick y algunos miembros del Black Panther que lo visitaban en su casa, con un automóvil del FBI detenido en la acera de enfrente.

Tercera imagen: Dick y su hijo enfermo y las voces que escucha dentro de su cerebro y que le aconsejan volver otra vez al médico, sugerirle otro tipo de enfermedad, muy rara, más grave, cosa que Dick hace, y los médicos se dan cuenta de su error, y operan de urgencia y salvan la vida del niño”.

Philip K. Dick nació en Chicago en 1928 y residió la mayor parte de su vida en California. Asistió a la universidad, pero no llegó a finalizar sus estudios. Empezó a escribir profesionalmente en 1952, alcanzando la cifra de treinta y tres novelas y cinco colecciones de relatos.

En 1962 ganó el Premio Hugo a la mejor novela con El hombre en el castillo, y en 1974, el Premio John W. Campbell Memorial a la mejor novela con Fluyan mis lágrimas, dijo la policía. Philip K. Dick murió el 2 de marzo de 1982 en Santa Ana (California), de un paro cardíaco.
Y, quienes no hayan leído alguna de sus novelas y relatos, no saben de lo que se están perdiendo.
 

Confesiones de un artista de mierda

Autor: Philip K. Dick
Valdemar, Madrid, 1992 (185 p.)


Bien se sabe que algunos autores de ciencia-ficción, por coincidencia o por deducción, han anticipado desarrollos científicos y tecnológicos, pero, muy extrañamente, nunca eventos o fenómenos reales. Lo asombroso en Confesiones de un artista de Mierda, es que sin ser una novela de ciencia-ficción, sí anticipa un evento sucedido realmente.

En la novela, un grupo de personajes está preocupado en “descifrar la fecha exacta en la que el mundo sería destruido”, y luego de establecer tal fecha, esperan un grupo de platillos del espacio para que los evacue. Suena igual a la noticia de aquel suceso real en la que grupos de personas se suicidan para que una nave interplanetaria los lleve al paraíso.

Pues bien, Confesiones de un artista de Mierda, es eso, pero mucho más. Véase lo que dice Paul Williams en la introducción de esta publicación:

“Confesiones de un artista de Mierda es la historia de cuatro personas que viven en un universo que perciben de manera muy diferente, pero cuyas vidas se enredan desesperadamente gracias a la combinación usual del destino, el accidente y sus propios actos deliberados (subrayen esto último... la novela alcanza sus cotas más agudas en las escenas donde cada personaje evalúa su propia situación y, luego, deliberadamente, actúa de tal forma que se hunde más en el agujero).

Jack Isidore “de Sevilla” (al parecer, un referente de un personaje medieval que escribiera la enciclopedia más corta que se hubiera redactado jamás), el “artista de Mierda” del título, es una ingenua alma perdida, un ser fascinado por fragmentos de información e incapaz de distinguir los hechos de la fantasía... ver el mundo a través de sus ojos es una experiencia extraña e inolvidable. No es un idiota en la tradición de los idiotas famosos de Faulkner o Dostoievski; su idiotez es tan próxima a nuestra normalidad como para asustarnos”.

“Fay Hume, la hermana de Jack, es una mujer inteligente, atractiva y perdidamente egoísta, casada con un tipo corriente e incapaz de expresarse, un bebedor de cerveza llamado Charley Hume, propietario de una pequeña fábrica en el Condado Marin. Viven en una zona rural (Point Reyes), en una casa moderna, absurdamente no funcional, a varias horas de viaje al norte de San Francisco, junto con dos hijas, algo de ganado y una increíble factura eléctrica.

El objetivo de Charley en la vida de Fay parece haber sido construirle esa casa de ensueño; una vez hecho, se marchita ante sus ojos y centra su atención en un hombre joven y casado que se llama Nathan Anteil. Nathan es un verdadero intelectual, un estudiante de derecho; enseguida cala a Fay por lo que es, pero, de todos modos, se ve atraído hacia ella. ¿Por qué? Lo ignora; quizás ni siquiera el autor lo sepa; sólo sabe que es verdad, que así es como se comporta la gente”.

En fin, una delirante aventura de un Jack, que como don Quijote, ve la verdad y produce la más sana y subversiva risa en el lector.

 

El declive y la cuesta

Autora: Mercedes Salisachs
Ediciones B, Barcelona, 2004 (296 p.)


Esta novela histórica parte del conocido episodio del buen ladrón, crucificado junto a Jesucristo, para abordar el dolor y la angustia maternos ante el sufrimiento de un hijo.

Es la historia de Eva, de Dimas, de un profeta llamado Jesús, y en cierta medida la del pueblo judío y el Imperio Romano, pero, más allá de todo ello, es una novela sobre la condición humana.

De la trama: Eva y Lucio, un matrimonio de campesinos judíos que vive bajo el yugo romano, reciben con ilusión el nacimiento de su hijo, al que darán el nombre de Dimas. Madre e hijo tienen una relación muy estrecha, pero a medida que pasan los años las inquietudes del muchacho demuestran ser muy diferentes de las de sus progenitores, de los que acaba distanciándose. Dimas ambiciona una vida más próspera y cuando tiene la posibilidad, deja a su familia.

Pasado un año sin noticias de él, Eva comienza a alarmarse. Un día sus temores se confirman: Dimas sigue vivo, pero se rumorea que forma parte de una cuadrilla de ladrones. Y la historia sigue para que los lectores la descubran.
 

Edipo Rey

Autor: Sófocles
Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2004 (97 p.)

Edipo Rey es, para la cultura popular, la tragedia aquella en la que Edipo mata a su padre, descifra el enigma de la esfinge, se casa con su madre y atrae la desgracia para su pueblo y que se castiga destruyendo sus propios ojos para espiar su culpa y devolver a su pueblo la tranquilidad.

Es también el mito que hiciera famoso Freud. Pero eso son casi simplezas; para entrar en Edipo he aquí algo de lo que dice Ciro Alegría Varona, en la parte correspondiente a la vida y la obra de Sófocles, en este libro de la Colección Cara y Cruz:

“Edipo es el hombre radical. Indaga qué le depara la hora presente, asume grandes esfuerzos con grandes esperanzas. Su vida es explorar, buscar en lo desconocido los caminos para dejar atrás el mal y el sufrimiento. Lo que busca es un lugar sereno donde ya no lo alcancen los profundos temores que lo persiguen desde niño.

¿Pero por qué busca ese lugar en una polis? ¿Por qué se ampara tras murallas? ¿Qué lo impulsó a tomar el poder de un pueblo entero? Él, que ha perdido la presencia amable del bien junto a sí y ya no tiene esperanzas de ser feliz entre los suyos, se entrega con pasión a la búsqueda de la justicia. Edipo viaja, lucha, gobierna, investiga, y de pronto encuentra, entre las huellas de su marcha justiciera, pasos de trasgresión, abuso, impureza”.

Un clásico para leer y asombrarse con el extraño ser que es el hombre.

 

Puro cuento

Autor: Juan Gossaín
Seix Barral, Bogotá, 2004 (243 p.)


La gracia y la agudeza narrativa de Juan Gossaín, dice el editor, se repiten en este nuevo libro con personajes conmovedores, como el solitario que se hace amigo de un pájaro de playa con el que conversa y al que trata de enseñarle a cantar, o la bella españolita trastocada desde que su ventilador da marcha atrás, o el aristócrata que renuncia a sus blasones y se muda a vivir en banco de la plaza del pueblo, o la oficinista que se gana la lotería pero a quien su horóscopo le hace una mala jugada, hasta la no tan lejana ciencia ficción de una sociedad en la que a todo el mundo se le cobra por usar las palabras, o en el que el legendario Buck Rogers agoniza, presa de la melancolía.

Fábulas o anécdotas, los relatos de Puro cuento son vida y literatura puras, esa extraña argamasa de la realidad y la fantasía que en la sangre de Gossaín se remonta hasta los orígenes de Las mil y una noches.
 

Las cinco personas que encontrarás en el cielo

Autor: Mitcht Albom
Editorial Océano de México, 2004 (250 p.)

Este es un relato conmovedor y profundamente humano que muestra la manera en la que cada persona influye en sus semejantes y cómo todos formamos parte de una historia común. En Estados Unidos se ha creado una subcultura, por la que si no eres una estrella o no tienes dinero, no eres nadie.

A través del personaje de Eddie (que representa a su tío), Albom nos descubre la importancia de la gente normal, la importancia del alma de las personas. Eddie muere, y en el cielo se encuentra con cinco personas, que le demostrarán que él no fue “uno más”.

El autor presenta el cielo como la materialización de lo que más nos ha gustado o ha hecho felices en la tierra y, sobre todo, como el lugar en el que todo será comprendido, en el que todas nuestras sensaciones y acciones adquirirán el significado que en la tierra no hayamos comprendido o conocido.

Encontrar o redescubrir el sentido de nuestra vida y de nuestra profesión es quizás el mensaje más sobresaliente de este libro, porque... si supiéramos la repercusión de nuestras acciones... ¿actuaríamos de la misma forma?
 


Cursillo de historia de Colombia, de 1830 a 1946

Autor: Roberto Cadavid Misas- Argos
Intermedio Editores, Bogotá, 2004 (264 p.)

Este es ya el segundo volumen de la Historia de Colombia, contada por Argos y que hace parte de la publicación de las obras de historia que Intermedio Editores está ofreciendo a los lectores y que ya incluye, además, su Cursillo de mitología y La historia sagrada:

Aquí se retoma el cuento donde se había dejado en el primer volumen: Bolívar ha muerto y poco después habrá de hacerlo el más preciado de sus sueños: “empezó a desgranarse la mazorca de lo que hoy llamamos la Gran Colombia”.

Pero no tema el lector encontrar aquí la historia acartonada y tediosa que suelen presentar los textos escolares; Argos es un guía travieso y ocurrente, que nos permite ver de cerca muchos personajes, y de tal manera, que podríamos decir que la historia, conversando, entra. Y eso, en últimas, es lo que se podrá esperar de este libro: una gratísima tertulia sobre cómo se construyó nuestra nación.

 


 




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