La vida que pasa en un camión

  • La carroza del camión de don José es de madera y varillas (estacada). El vehículo se llama Karolin, como la hija del primo que se lo vendió hace 12 años. FOTOS miguel Ángel López
    La carroza del camión de don José es de madera y varillas (estacada). El vehículo se llama Karolin, como la hija del primo que se lo vendió hace 12 años. FOTOS miguel Ángel López
Por Miguel Ángel López | Publicado el 31 de julio de 2016

Al mediodía, José Eduardo Peña, camionero de 57 años, está esperando cerca a la Central Mayorista de Antioquia. El intermediario que le consigue trabajos en Medellín le tiene que confirmar la carga de 25 cajas con insumos plásticos para una juguetería y llevarla a una fábrica en Sabaneta.

Este hombre, con 200 mil pesos de ACPM en el tanque, quiere terminar rápido las entregas que tiene para tomar carretera rumbo a su hogar en Cali, donde lo esperan su esposa y dos hijos.

En su camión rojo, don José pasa la mayoría de sus días. Una cobija, una toalla, cinco mudas de ropa y dos mangos lo acompañan.

- Radio no tengo porque hace poco me lo robaron.

- ¿Cómo así? ¿En dónde?

- Ahí afuera de donde nos encontramos. Esa gente se mantiene pendiente por si uno deja el camión abierto. En la ciudad uno se descuida y pierde.

- ¿Y qué le gustaba escuchar antes del robo?

- ¡Ah...! Salsita y baladas. No tengo un artista favorito, pero esa bullita es la compañía de uno.

Para controlar su horario laboral, decidió comprarle el vehículo que ahora maneja a un primo suyo por 65 millones de pesos.

“Lo mejor de esto es que en cierta forma soy mi jefe y descanso cuando quiera. Lo que de todas maneras es poco, pero me va mejor que a los que trabajan con una empresa. A esos sí los ponen a camellar todo el tiempo”.

Así, bajo sus propios contratos, don José ve a su familia una vez cada ocho días cuando le va bien, pero puede pasar hasta un mes sin volver a casa. El celular es la herramienta para mantener contacto, llamando de tres a cinco veces cada día, para saber cómo está su familia.

- ¿Y antes de los celulares cómo hacía?

- ¡Ja! Imagínese usted.

Parquee, aguarde y siga

Las ventanas de un camión son tan grandes que no hay necesidad de pensar en aire acondicionado. Incluso andando a 60 km/h el viento refresca la cabina completa.

Al llegar a la fábrica, él mismo debe bajar las cajas del camión porque no contrató cotero. Son jóvenes que cobran 40 mil pesos por subir y bajar la carga de los vehículos. “Se supone que eso va a cambiar y las empresas van a tener que contratarlos. Por ahora me toca a mí. ¿Me ayuda? Yo sufro de los tendones y me duele hacer fuerza”.

Don José gana entre uno y tres millones mensuales. Paga su Administradora de Riesgos Laborales (ARL) y lo que cotiza para pensión, pero no la salud. Además, saca dinero para gasolina, peajes, mantenimiento, parqueadero (12 mil pesos si es cerrado o 6 mil pesos para que alguien se lo cuide en la calle), comida y estadía, cuando puede.

- ¿En dónde se quedan cuando están en carretera?

- Si uno tiene plata, paga un hotel que puede costar 25 mil pesos, por barato que sea.

- ¿Y si no tiene dinero?

- Maneja uno hasta las 2 o 3 de la mañana, parquea donde pueda y se extiende aquí en la silla a dormir un rato.

- ¿También les toca seguir derecho?

- A veces, pero yo no tanto porque no soy frutero. Esos sí no pueden parar.

Afuera de una fábrica de químicos, don José limpia su camión con un trapo rojo mientras espera que le entreguen el cargamento. “A veces uno llega a las 8 de la mañana y toca esperar hasta las 6 de la tarde, pero es rico porque uno sale a la carretera y ya no está estresado”.

“Hola, María de los Ángeles. Llamaba a escucharla. Si Dios quiere salgo mañana para allá, ¿y usted cómo está, mujer? No, ya hoy no alcanzo. Me tocó venir a recoger algo a última hora”, le dice a su esposa por teléfono, antes de salir a buscar una pieza para dormir esa noche.

Contexto de la Noticia

Miguel Ángel López

Periodista en incubación, pero con mucho que cacarear. Trabajo en el área de Interacción y Comunidad. Universidad de Antioquia.

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