El enredado cuento del cromosoma Jaramillo

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Por Ramiro Velásquez Gómez | Publicado el 14 de noviembre de 2017
Infografía
El enredado cuento del cromosoma Jaramillo
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a 5 hijos es el promedio de las familias en la vereda, aunque hay más pequeñas

Jaramillo con Jaramillo, primo con primo, el abuelo tío del abuelo, sobrina y tía de la misma edad y un enredo que solo se vive en el Alto de los... Jaramillo.

Es la historia del cromosoma J, que surgió como un proyecto escolar del programa Ondas de estudiantes de octavo y noveno grado de la Institución Educativa Farallones, en Ciudad Bolívar, sección Alto de... bueno, ya se sabe.

Una vereda de gentes de nariz achatada, cabello ondulado, ojos claros u oscuros y cejas pobladas y separadas.

Paraje que casi nadie conoce por su nombre de los libros oficiales, La Angostura parte alta, establecido hace casi 200 años por Antonio Jaramillo y su esposa M. Dolores Arboleda que pasaron por Titiribí en su camino colonizador, aunque su patria chica podría haber sido Envigado o quizás Marmato (Caldas).

Tal vez es el único enredo por descifrar del cromosoma J, que nació de una pregunta de la estudiante Yuri... Jaramillo y que seguro llevará la historia a la esfera internacional (recuadro) al haber obtenido reconocimiento nacional de Ondas, programa de Colciencias para despertar el sentido inquisidor e investigativo de los estudiantes de educación básica.

“Mi hermana tiene capacidades diferentes. Entonces me pregunté si tenía que ver con que mi papá y mi mamá fueran primos segundos, y le comenté al profesor Jorge”, cuenta Yuri.

Jorge Humberto Marulanda, nacido en Jardín, es profesor en la escuela hace dos años. Antes estuvo en la de más abajo, dice. Y ha animado a sus alumnos a investigar, habiendo desarrollado otros proyectos con Ondas. También, agrega, se preguntaba por qué no se veían enfermedades tan marcadas.

Así, ahora la vereda conoce su historia, que se fue perdiendo en el tiempo y durante las uniones del mismo apellido. De los casi 600 habitantes, 450 llevan el Jaramillo que les dejó el primer poblador.

Se enteró también de una que otra infidelidad olvidada que dejó su retoño, de pocas enfermedades manifiestas pese a la alta endogamia y del patrón fenotípico (la fisonomía de las personas) presente en casi todos los Jaramillo.

“Al comienzo a los estudiantes les daba pena (al ver lo que iban encontrando), algunos pensaban que era pecado, qué iban a decir los demás. Hoy no, se reconocen y están orgullosos de lo que son”, explica la profesora Isma... Jaramillo, una docente que recorrió otros municipios hasta regresar a su origen.

La vereda

Para llegar al Alto se toma una carretera destapada nueve kilómetros antes de Ciudad Bolívar, y en vez de ingresar al poblado Farallones se coge un carreteable transitable, con algunas rocas que sobresalen, que poco a poco se empina.

Donde termina, casi en la cima de la montaña, está la escuela y se divisan casas campesinas regadas por las laderas del frente y abajo, tierras pobladas por cafetales y uno que otro árbol que desafía, imperturbable, la gravedad

Casas multicolores que contrastan sobre al menos siete tonos del verde que dan cultivos, árboles y laderas. Abajo, al fondo, discurre la quebrada La Angostura, por la vereda de la parte baja.

Tras la loma del frente está Betania, y detrás del cerro San Nicolás, al otro costado, está Chocó.

La sede, roja y de un amarillo pálido, tiene cinco aulas. Adriana, Viviana y Danilo completan la planta docente, que sigue la metodología de Escuela Nueva hasta noveno.

La cabecera municipal queda a unos 50 minutos en auto.

Tal vez esta agreste geografía es la que ayuda a explicar algo, si se puede, de las razones del cromosoma J.

Marulanda afirma que como en aquellos tiempos no había carreteras, Antonio y su esposa y sus descendientes, dos hijos, se quedaron allí y así los hijos de estos.

También, especula, los papás recomendaban a sus hijos casarse con alguien conocido y allí los conocidos eran, casi todos, del mismo apellido.

Pero es apenas una parte de la respuesta que persiguieron, y aún buscan, los estudiantes.

La genética

Sembrada la idea, los muchachos se dieron a buscar habitantes con enfermedades genéticas, como discapacidad cognitiva o malformaciones. Identificaron tres y una prevalencia alta de hiper e hipotensión y casos de cáncer de estómago. “En mi familia hay alzheimer, cáncer, hipertensión, pero como no teníamos recursos para explorar desde lo genético, nos tocó cambiar”, relata Yuri.

Ante esa dificultad para detectar otras patologías representativas debidas, posiblemente, a la endogamia, replantearon la pregunta. Se centraron en determinar el fenotipo del extenso linaje.

De paso reconstruyeron la historia de la vereda y la biografía de las familias, documentadas en escritos.

Ana Isabel García, estudiante de noveno, aclara que no es Jaramillo “pero me crié toda la vida con una señora Jaramillo y me siento Jaramillo”, y cita que uno de los últimos bebés, de tres meses, tiene los mismos rasgos de un antepasado del Alto fallecido hace tiempo, pero del cual existe una antigua fotografía.

La exploración, adelantada por las tardes tras la jornada escolar y los fines de semana, mostró las características que predominan en estos que son, de un lado o del otro, familiares cercanos o lejanos.

“Trabajamos con la comunidad, las personas de edad que nos dieron datos que estaban perdidos, que las generaciones nuevas no conocíamos, supimos quiénes eran nuestros antepasados”, dice Yuri.

En un lenguaje que dominan luego de más de un año de trabajar el tema, cuentan que los Jaramillo se distinguen por una la línea nasogeniana marcada (la de la risa), estatura baja de mujeres y hombres, piel trigueña, nariz chata, frente plana, pelo ondulado y castaño, ojos claros u oscuros no intermedios, apiñamiento de dientes, cejas separadas y pobladas, pómulos sobresalientes, labio superior delgado e inferior más grueso.

La profesora Isma comenta que esos descubrimientos subieron la autoestima de los adolescentes. Antes, la nariz aplanada podía verse como un defecto, pero al descubrir que es común se sienten orgullosos de ser así.

Xiomara, otra Jaramillo, lo resume con claridad: ”nos metimos en lo que somos nosotros, la comunidad, ¡y encontramos tantas cosas!”

Sorpresas

El apellido de Yully es por el papá, su mamá es Cartagena, de familia de Betania. Con la investigación se enteró de que sus abuelos eran primos hermanos. “No lo sabía. Conocí a mi familia”.

No es la situación de todos. Mayerly, sentada en el aula adelante de Yuri, revela que esta es su sobrina, solo se llevan seis meses y son compañeras en la escuela.

Yuri dice sonriente que su abuelo materno es sobrino de su abuelo paterno, parte de ese cromosoma J que se pasea enredando ese alto donde con frecuencia las nubes ocultan al cerro San Nicolás y el viento frío sopla.

Son hallazgos que han despertado la curiosidad de quienes no son Jaramillo. Laura Corrales, quien solo hace dos años vive allí, expresa que “conoce uno la cultura de acá y no conoce la de uno. Pero es muy bueno ayudarle a la comunidad”, porque todos los estudiantes han colaborado en el rastreo histórico de una población que va por la séptima generación.

“Mi entorno es todo Jaramillo y uno se pregunta, tantos y yo no. Luego de la pregunta de Yuri, nos metimos en el cuento”, refuerza Ana.

El árbol genealógico de los Jaramillo está plasmado en un cartel de unos cuatro metros de largo y poco más de uno de ancho, en el cual se sigue el rastro desde el primer poblador, Antonio, su hijo Salomón que tuvo dos hijos y un apellido que se desparramó.

En él se reconoce cada uno de los estudiantes (más de la mitad de la población de la escuela), que cuando lo repasan no dejan de sorprenderse por los parientes que conocían pero no sabían su cercanía ni la historia detrás.

Un asunto que no es exclusivo del Alto. En La Linda, otra vereda de Ciudad Bolívar, predominan los Taborda y en Amaranto los Galeano.

Es común en Antioquia, recuerda la profesora Isma. “Se pregunta uno ¿por qué todavía?, ¿qué hay en esos imaginarios de las personas?, ¿qué piensa cada comunidad?

Preguntas que, en La Angostura parte alta, comenzaron a aclarar para contar ahora con orgullo que los Jaramillo son así.

Contexto de la Noticia

¿CÓMO FUNCIONA? ASÍ ES EL DÍA A DÍA EN ESTA ESCUELA

La sección Alto de los Jaramillo de la Institución Educativa Farallones tiene 110 estudiantes, de los cuales unos 60 se benefician del restaurante escolar. La sede no posee placa deportiva, por las dificultades del empinado terreno y la educación física, a veces, la hacen en una placa a unos 20 minutos. Algunos estudiantes viven hasta a 45 minutos caminando desde las laderas vecinas.

Como zona cafetera, los estudiantes, en cosecha, como ahora, se ausentan 2 o 3 días para ayudar a sus familias en la recolección del grano.

¿qué sigue? La participación en un concurso internacional

El proyecto del cromosoma J pasó varios filtros antes del reconocimiento nacional.

Primero, en el concurso municipal en Ciudad Bolívar, con 15 grupos y pasaron al departamental en noviembre de 2016 en Medellín. Allí, entre 45 grupos fueron escogidos para el regional en Popayán; a ese asistieron 116 grupos. Salieron entre los finalistas para ir al nacional en Bogotá.

En la capital escogieron 10 para representar al país en eventos internacionales. La sede del Alto de los Jaramillo y su cromosoma J quedaron cuartos: Por eso irán a un concurso internacional en 2018. No se sabe dónde será, sí que será en el sur del continente.

Jorge Humberto Marulanda destaca el apoyo del alcalde, Antonio Castaño, con transporte y para la visita inicial de Ondas.

Los estudiantes, por su parte, piensan ahondar su investigación y divulgarla más.

Ramiro Velásquez Gómez

Los temas de la ciencia, la astronomía y el medio ambiente con énfasis en cambio climático son mis campos de acción periodística. Con vocación por el mundo de los pequeños felinos y la defensa animal.

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