Un bar y una peluca ¿por qué se celebra el día del Orgullo Gay?

  • FOTO ROBINSON SÁENZ
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Jonhatan Acevedo Escobar | Publicado el 28 de junio de 2018

En la madrugada del 28 de junio de 1969, cuatro agentes vestidos de civil y dos uniformados, pertenecientes a la Policía de Nueva York, anunciaban a gritos su llegada a Stonewall Inn, un pub ubicado en el barrio de Greenwich Village donde se reunían homosexuales, lesbianas, bisexuales, heterosexuales, habitantes de calle, punkeros, negros; todos los marginados posibles de la época.

La Policía prendió la luz, bloqueó las puertas y ventanas, de modo que no había salida. Obligaron a los asistentes a filarse, les pidieron su identificación, y a quienes lucían como mujeres los revisaban los agentes para comprobar su identidad sexual.

Los presentes empezaron a negarse a mostrar su identidad y sus genitales. Lo que obligó a la Policía a detener a algunos y liberar a otros. Pero para sorpresa de las autoridades, las personas del lugar, en vez huir, se agolparon en las puertas de Stonewall Inn y, muy pronto, a ellos se unieron personas de los alrededores, de tal manera que en poco tiempo terminaron siendo más de 100 las que abucheaban a los policías y aplaudían a aquellos que salían libres.

Los ánimos se caldearon, los agentes trataron de contener a la multitud, pero no pudieron: les lanzaban monedas a los representantes de la ley, no ya 100, sino más de 500 personas que se habían sumado afuera del recinto, una multitud que, sin importarles sus razas raza, inclinaciones sexuales o credos, se unió en contra de la represión que ejercían los agentes de seguridad.

Este hecho es el inicio de la constante lucha de la comunidad LGBTIQ por el reconocimiento. Por eso, desde 1970, el mundo celebra la alegría de la diversidad.

“Un extravagante roba una peluca”

Lejos todavía de la tolerancia a la diversidad sexual estaba Medellín. Sin embargo, en ese momento ocurrió en sus calles un hecho que tal vez se pueda calificar de premonitorio. Como un anuncio de que tiempos menos opresivos vendrían para las personas salidas de las hormas que marcan las convenciones sociales.

EL COLOMBIANO publicó el 30 de junio del mismo 1969 el robo de una peluca ocurrido en “Mariela” un reconocido salón de belleza de la época.

Según la información suministrada por la policía, los hechos ocurrieron en la tarde del sábado 28 de junio —el mismo día de la redada en el bar neoyorquino—. Añadía que aquel “extravagante” tenía la cara llena de colorete, rubor y pintalabios.

En el libro Homosexuales y Travestis: memorias de guayaquil, los investigadores Elkin Naranjo y Walter Bustamante consignan este suceso, más que como una simpática anécdota, como un hecho reivindicativo, pues el autor del delito, quien, por cierto, se niega a identificarse para “no perjudicar la imagen de su familia”, al ser cuestionado por la motivación del robo respondió: es que esa peluca “me traía loca, loca. Casi de perder el juicio...”.

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