Terapia de pareja bajo la lupa

  • La terapia de parejas está rodeada de mitos y preconcepciones que alejan a quienes más la necesitan. Foto: ShutterStock.
    La terapia de parejas está rodeada de mitos y preconcepciones que alejan a quienes más la necesitan. Foto: ShutterStock.
María Camila Duque Escobar | Publicado el 14 de julio de 2018

Las crisis en la vida en común de una pareja pueden surgir en cualquier momento. Como una opción para tratar de solucionar los problemas se plantea la terapia de pareja, sin embargo, es un paso difícil de dar y a veces se evita por completo, incluso, desconociendo cómo funciona. Las psicólogas clínicas Laura Londoño y Astrid Ramírez aclaran algunos puntos y creencias comunes.

La terapia no tiene claves mágicas

“Muchas parejas desde la primera sesión, exponen la situación y preguntan qué deben hacer o qué va a pasar”, expone Laura Londoño. Sin embargo, el proceso no consiste en aconsejar a la pareja sobre qué debe hacer, sino en restablecer la confianza y la comunicación perdidas. A medida que avanzan las sesiones la pareja comprende, desde su historia y dinámicas juntos, cuáles son los síntomas de su crisis para trabajar en ellos y así aprender a manejar situaciones futuras.

El terapeuta no es un juez

Iniciar una terapia implica un esfuerzo grande de exponerse y exponer al otro ante una persona neutral que no busca juzgar ni emitir juicios sobre los comportamientos de uno u otro. “Las parejas llegan pensando que el terapeuta es quien va a decir qué es lo malo, qué hay que corregir, quién tiene la razón”, comenta Astrid Ramírez, pero en realidad el profesional no crea alianzas con ninguno de los dos, su paciente es el vínculo. Ambas partes tienen un espacio, allí se manifiestan.

Trabajar la pareja requiere de dos

Asegura Astrid Ramírez: “Cuando llegan hay unilateralidades y ahí comienza el debate, a mostrar quién es el que tiene el problema. Cuando llevan más avanzado el proceso se dan cuenta de que esto es 50-50, es de los dos. Ya hay una sensibilización y escucha del otro”. La idea no es buscar culpables. Durante la terapia cada uno de los miembros del vínculo debe responsabilizarse y hacerse cargo de su rol en la pareja. Finalmente se dan cuenta de qué es lo que le gusta a cada uno, qué no le gusta, a qué deben prestarle atención y a qué no es tan necesario.

No rendirse si a la primera no funciona

Iniciar un proceso psicológico implica trabajar con una persona desconocida y existe el riesgo de que no haya empatía. No quiere decir que la terapia no sirve. “Puede ocurrir que las personas no se sientan cómodas con un terapeuta, pero eso no significa que no se puedan beneficiar de una terapia. Deben darse la oportunidad de buscar otros espacios, tal vez con otra persona sí les funcione”, agrega Laura Londoño. Esta es una opción para trabajar el vínculo. Existen otras igual de válidas que pueden funcionar para vivir la pareja en armonía.

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