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Especiales

50 años del hombre en la Luna

Seis anécdotas de los que vieron el alunizaje en vivo y en directo

  • Una captura de pantalla de televisión muestra al presidente Richard Nixon en la Oficina Oval hablando a los astronautas del Apolo 11 en la luna mientras Buzz Aldrin y Neil Armstrong caminan sobre la superficie lunar, el 20 de julio de 1969. FOTO: Robert Knudsen / Casa Blanca / Administración de Archivos y Archivos Nacionales de los Estados Unidos
    Una captura de pantalla de televisión muestra al presidente Richard Nixon en la Oficina Oval hablando a los astronautas del Apolo 11 en la luna mientras Buzz Aldrin y Neil Armstrong caminan sobre la superficie lunar, el 20 de julio de 1969. FOTO: Robert Knudsen / Casa Blanca / Administración de Archivos y Archivos Nacionales de los Estados Unidos
Elena Escobar | Publicado el 22 de julio de 2019

La transmisión de la llegada a la Luna fue el evento televisivo más importante de su tiempo. Varios recuerdos de ese día. En vivo y en directo.

Adriana Ocampo. Directora del Programa de Ciencia de la Nasa.

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“El momento fue mágico para mí. Lo viví como la mayoría de personas en el mundo: pegada a la televisión. El único televisor que había en todo el barrio. La pantalla era pequeña y en blanco y negro. Todos estaban asombrados, caían las lágrimas. El alunizaje fue algo que nos transformó, tanto a los niños como a los adultos. No podíamos comprender lo que ocurría, algo tan increíble. Hicimos pausa, casi en silencio. Entendíamos el alto riesgo que suponía, aunque se contaba con la mejor tecnología que existía en esos momentos. Incluso yo, como niña, me di cuenta de que los astronautas se jugaron la vida para lograr algo extraordinario. Y algo que nos iba a inspirar a todos. Ese momento nos unió como planeta.

Todo el barrio estaba ahí, a la expectativa, siguiendo paso por paso lo que estaba pasando. Fue una confirmación para mí, de que los sueños sí se pueden hacer realidad. Fue algo extraordinario, que me ayudó a confirmar lo que ya desde muy temprana edad sabía que quería hacer, que era seguir una carrera en las ciencias espaciales y eventualmente poder trabajar en la Nasa.

Pienso que el alunizaje cambió al mundo, de verdad. Cambió la forma en que nos veíamos como especie, de lo que podíamos lograr. Lo más hermoso de todo es que no fue algo que hizo un solo país, sino algo que el planeta hizo. Los carteles, de cuando los astronautas retornaron a la tierra, decían: ‘No, we did it’. Estos se vieron en Estados Unidos, la India y en Latinoamérica. Pienso que eso fue un mensaje muy poderoso que nos dejó Apolo 11”.

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Juan Luis Mejía. Rector de la universidad Eafit.

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“Fue un momento en el que había una ansiedad colectiva. Me acuerdo que estaba con mi familia, nos reunimos por la noche, teníamos un televisor de los grandes de marca Westinghouse, que solo tenía uno o dos canales. En ese momento no entraba la señal, entonces mi papá encaramó a un trabajador, para intentar cuadrar la antena en el techo. Solo se escuchaba el “ahí, ahí, ahí... ya, ya, ya”. No sabíamos si había pasado algo y no habían podido llegar a la Luna, o si la señal no estaba funcionando. De un momento a otro apareció la señal y fue muy emocionante. Todos teníamos claro que estábamos viviendo un momento histórico de la humanidad.

Creo que la experiencia me generó un orgullo de pertenecer al género humano, que había logrado una hazaña de esas. También recuerdo la ansiedad de que fuera a fallar. Que ese esfuerzo tan grande se fuera a frustrar por algún error o que no pudieran regresar. Porque bueno, después de que lograron llegar, tocaba hacer fuerza para que el águila despegara y que lograra conectarse otra vez con el Apolo que había quedado sondando la luna.

Puede que vayamos a vivir en el espacio exterior en algún momento. Como Eafit tiene tanta relación con la Universidad de Purdue, de la que es egresado Armstrong y muchos otros astronautas, visité el Centro Armstrong de esa universidad. Tuve la oportunidad de conocer a las astronautas que se están preparando para ir a Marte. El problema no es técnico, a ese planeta ya se ha llegado. El problema es cómo se va a comportar el humano, la mente humana tantos años sin referente, en el espacio, donde no hay ni arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha”.

Aníbal Gil. Pintor.

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“El momento del alunizaje lo vimos en la casa de mi suegra. Nos reunimos allá casi toda la familia, más o menos a las 8:00 de la noche. Fue emocionante y de mucho suspenso. En cámara lenta. Un poquito en alto contraste, porque se notaba mucho la luz del Sol sobre la Luna y la nave. De pronto se vio a Armstrong bajando con mucha cautela. Recuerdo cuando puso el pie sobre la Luna, cómo quedó grabada la huella del zapato. Empezó a caminar y a experimentar la ingravidez. Se notaba su emoción y terminaba contagiando ese sentimiento. Al verlo, casi que experimentaba la ingravidez yo también, viendo cómo caminaba y daba brincos. Esto y la luz fue lo que más me impresionó. Fue de mucha expectativa, todos nos paralizamos. Se sabía a qué hora era la transmisión, entonces todos nos volcamos en el televisor”.

J. Mario Arbeláez. Poeta nadaísta.

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“Unos meses antes de la subida del hombre a la Luna, tuve un encuentro con un grupo de médiums que estaban invocando a unos espíritus selectos. Entonces me reclutaron para esta organización de personas que estaban en comunicación con esos personajes. El 20 de julio de 1969 estaba viviendo en el Hotel San Francisco, gracias a estos maestros que me dieron unas instrucciones para vivir tranquilo en ese lugar. El dueño no solo me permitió vivir ahí, sino que también me dejó escribir en los baños turcos del hotel, que eran visitados por políticos del parlamento, entre ellos Nacho Vives. Uno de los médiums me pidió que el día anterior al ascenso de Armstrong a la Luna me sometiera a hipnosis, en medio de esta me subieron a la superficie selénica para que estuviera presente cuando llegara la nave. Me tocó entonces estar allí en la Luna y ser testigo del alunizaje. Yo lo describí, en medio de la sesión mediúmnica, quedó grabado. Narré cómo llegó la nave, cómo bajó el astronauta, dando brincos de canguro y llevando la bandera. Esa historia la consigné en una columna que tenía por entonces en el suplemento literario Magazín, de El Espectador.

Después de que grabamos eso, fue la transmisión por televisión de la llegada de los astronautas. Estaba todo el gentío de los políticos. Le bajaron el volumen a la transmisión televisiva y pusieron la grabación de lo que yo había visto, teniendo una coincidencia casi absoluta.

Eso fue lo que yo viví. Es asombroso e increíble. Cuando cuento estas y otras historias parecidas, la gente cree que le estoy tomando el pelo. No es así, solo cuento mi experiencia”.

Eduardo Escobar. Escritor.

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“Yo en ese tiempo era muy dado al pensamiento izquierdoso. Todas las cosas que venían de Norteamérica me parecían dignas de rebajar y criticar. Me acuerdo que vi la llegada del hombre a la Luna invitado por Gonzalo Arango, en la casa de su novia Rosa Girasol en Envigado. Mi amigo se emocionó muchísimo. Para él era como un milagro humano, un triunfo de todos. Y yo, de mamerto, trataba de rebajar el milagro a nada, diciéndole que la Luna era ‘una cosita así chiquita, nada más a la vuelta de la esquina’, que el alunizaje no era para tanto. Él lo seguía viviendo con el apasionamiento de una cosa maravillosa para el ser humano.

Él incluso intentó publicar en el periódico El Tiempo muchos poemas relativos metafóricamente a ese triunfo humano. Hizo una antología con poemas de Rimbaud y fragmentos de Shakespeare donde se profetizaba la llegada del hombre al espacio. Incluso, en la columna que tenía en ese mismo medio, dijo que cuando el hombre había dado su primer paso en la Luna, se había tirado un pedo y ese era un pedo inmortal. El director del periódico, al ver el texto ya publicado, lo llamó a decirle que eso era una traición al diario, que cómo se le ocurría utilizar esa palabra. En fin, le terminó suspendiendo la columna.

Del acontecimiento como tal, recuerdo que lo vimos en una televisión, solo estábamos mi esposa, la novia de Gonzalo, Gonzalo y yo. De aquello rescato mis intentos de restarle importancia y el entusiasmo de mi amigo”.

Álvaro Barrios. Artista.

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“Yo vi el momento con mi familia. Porque quería expresar mi emoción sin ningún artificio. Con las únicas personas que me sentía cómodo haciendo esto era con ellos, que me habían visto crecer desde niños. Ahí me sentía natural. Podía gritar, saltar, hacer lo que yo quisiera, sin pensar en que mis amigos pudieran criticar mi reacción. Fui feliz al verlo con ellos. Agradezco que no hubiera ningún periodista, nadie que me pudiera criticar o preguntar ‘¿por qué grita, por qué llora, por qué salta?’ Quería que fuera un momento íntimo y así fue. Además, lo recuerdo con mucho amor porque ya mis papás no están en este planeta y tal vez estén en la Luna.

Fue impresionante ver la imagen de los astronautas caminando con la falta de gravedad. Superó todas las fantasías que pudieron haber tenido las películas de ciencia ficción. Es verdad que la humanidad llevaba romantizando esta llegada desde hacía mucho tiempo. Se habían hecho muchas películas e incluso tiras cómicas, mi favorita Tintin, sobre esto. La realidad superó toda obra imaginativa. Me impresionó la misión porque si llegamos a la Luna, no fue por lo gustoso que pudo haber sido hacer el proyecto, sino por algo que hay en el interior de los científicos y hombres. Un sueño que fueron capaces de lograr. Creo que otra cosa que también me impresionó mucho fueron las fotografías que se tomaron de la Tierra desde la Luna. Y claramente también me impactó el regreso, con todas las transformaciones que tuvo la nave, hasta quedar en forma de cápsula y caer al océano” I

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