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Tres mujeres esperan la libertad en Armenia

La legislación colombiana permite la libertad temporal de las mujeres después del parto.

  • Tres mamás recibieron regalos para sus bebés en una fiesta en la cárcel Villa Cristina, de Armenia. Pronto saldrán a recibir a sus bebés en casa. FOTOS cortesía

    Tres mamás recibieron regalos para sus bebés en una fiesta en la cárcel Villa Cristina, de Armenia. Pronto saldrán a recibir a sus bebés en casa.

    FOTOS cortesía

Ernesto Acero Martínez y Carlos López Rodríguez | Publicado el 20 de febrero de 2022

No se repartieron tarjetas, pero todas las invitadas llegaron. Ninguna llevó regalos a la primera fiesta de Samara Milagros, Victoria y Jerónimo, pero no hicieron falta. Un gran padrino llamado solidaridad, conseguido por una gran madrina llamada Tropicana, regaló todo lo materialmente necesario para que tres mujeres recibieran a sus bebés en los días siguientes.

En pocas semanas, las mamás verán, después de mucho tiempo, la luz de la libertad y la luz de la vida en las pupilas dilatadas, húmedas y temerosas de tres bebés que por ahora duermen en el lugar más cálido y seguro que hay en el mundo: el vientre materno.

Cada mamá llegó a la fiesta con una tiara de flores blancas sujetándole el cabello que pocas veces se cepilla y se consiente porque los ánimos no abundan. Fue un día diferente. Maquilladas, vestidas igual, lucieron con orgullo sus barrigas frente a un pabellón de mujeres de miradas tranquilas y nostálgicas que no dudaron en expresar ternura cuando salían de las bolsas de regalo vestidos de niño y de niña y pequeñísimos zapatos.

Durante una hora, de no ser por los uniformes color caqui que había en cada rincón del patio, se perdía la sensación de estar en el interior de un centro de reclusión.

Este singular baby shower, realizado en el centro de reclusión de mujeres Villa Cristina, de Armenia, fue una iniciativa del personal penitenciario. La directora, con la solidaridad de género y la sensibilidad heredada de su madre y de su abuela, no dudó en hacer eco a lo que en principio era un embeleco, y terminó siendo un acontecimiento que llenó de risas y emoción un día que corría el riesgo de ser uno más en esta cárcel.

Con la autorización de Tatiana, directora del centro de reclusión, comenzó una campaña que apoyó la más bacana. Los micrófonos de la emisora fueron la ruta de la solidaridad. El teléfono de la estación sonó repetidamente y cada llamada anunció la vinculación de diferentes personas, de varias partes de la ciudad, a la iniciativa.

Al final se recogieron dos modernos coches, tres corrales, mucha ropa nueva, decenas de pañales, juguetes, mantas y hasta pañitos húmedos.

Todo fue empacado y llevado hasta la calle 50 de Armenia. Tras esa puerta azul del penal, que divide el error callejero de la sanción por cometerlo. Hubo música, torta, arroz con leche, un globo enorme, decoración infantil y tres pequeños pulpos tejidos en lana que sirven para tranquilizar infantes.

Las historias detrás

Paula Andrea Mazo se enteró de que estaba en embarazo el día que la capturaron. Las razones de su detención no las vamos a mencionar, esa no es la historia. Paula Andrea llegó a Villa Cristina, no sabemos hace cuanto, no preguntamos.

Lo que sí supimos es que después de dar a luz recobrará la libertad. Dios quiera que su paso por este pequeño mundo la lleve por el camino correcto, al lado de Victoria, cuya voz, color de piel y color de ojos conocerá en dos meses, junto a sus otros dos hijos.

Andrea asegura que haber llegado a Villa Cristina fue positivo, pues de no haber sido así el embarazo no hubiera avanzado. Los primeros meses de gestación fueron complicados. Le diagnosticaron embarazo de alto riesgo. Por fortuna, no faltaron las atenciones médicas, el Inpec dispuso lo necesario para que no perdiera ningún control materno y solo falta esperar las contracciones, conocer la potencia del llanto de Victoria.

Si un juez lo autoriza, la normatividad jurídica en Colombia permite que las mujeres privadas de la libertad que están en embarazo vayan a casa el último mes de gestación y permanecer allí junto al bebé hasta cuatro meses después del parto.

Luego, si queda tiempo por pagar de la condena, deberán volver al centro penitenciario. Ese no será el caso de Cindy Johana, la mamá de Samara Milagros, ni de Leidy Johana, la mamá de Jerónimo. Las dos, junto a Paula Andrea, cruzarán en unos días la puerta azul que las ha tenido aisladas del ruido y las nocivas tentaciones que ofrece la pobreza, para ir a casa, luego a un hospital y después otra vez volver a casa.

Cuando lleguen los benditos y eternos dolores que obligarán a Leidy, a Paula y a Cindy a gritar antes, y quizá más duro, que sus recién paridos, y a arañar con fuerza lo que tengan a mano, hasta que sientan que sus pequeños también han visto la luz, serán nuevamente libres, igual que sus hijos a los que, al cortarles el cordón umbilical, los invitarán a pasar a un mundo menos sosegado que las barrigas de sus ilusionadas mamás y en el que las malas decisiones se multiplican cuando las oportunidades faltan.


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