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ASÍ, ¿QUIÉN AHORRA?

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27 de septiembre de 2014

Los comentarios respecto a la anunciada reforma tributaria por parte del Gobierno se han centrado esencialmente en el impacto que sobre las empresas tendría la continuación del impuesto al patrimonio, con su incremento, así como, la extensión del 4X1000. Poco se ha dicho de su impacto sobre el ahorro y más específicamente sobre el ahorro y la inversión de las personas naturales.

La importancia de ahorrar es algo que oímos a lo largo de la vida, y está en el ADN de la mayoría de personas. Ahorrar para una eventualidad futura, para la cuota inicial de una vivienda, para ampliar el monto de la pensión, para los estudios, en fin, para cualquier cosa que se pueda ocurrir.

Por supuesto, a cambio, se debe recibir una retribución suficientemente atractiva que justifique el dejar de consumir hoy para consumir en el futuro.

Pues bien, el impuesto al patrimonio y el 4X1000 no solo son antitécnicos, sino que van en contravía del interés de una persona por aumentar su capital, vía el ahorro o la inversión, y estimulan, por el contrario, el endeudamiento. Para ilustrarlo, basta con unos ejemplos sencillos.

Una persona con un CDT de $1.000 millones y una rentabilidad sobre el mismo de 4 % anual, recibe $40 millones de renta, antes de impuestos.

Al incluir los impuestos, que en total suman $17,4 millones –renta, patrimonio, 4X1000-, esta se reduce a $22,6 millones, con lo cual el rendimiento neto termina siendo 2,3 %, inferior en 0,7 % a la inflación actual de 3 %. Es decir que esta persona, al final, en lugar de haber aumentando su capital vía el ahorro, terminó perdiendo plata en términos reales. Pero, el desestímulo no solo viene por el lado del ahorro.

El cálculo del impuesto al patrimonio se hace sobre el patrimonio líquido, esto es, sobre todos los bienes – vivienda, CDT, fondo de pensiones voluntarias, cuentas bancarias y de ahorros, casa de recreo, etc., menos lo que se tenga en acciones y las deudas.

Así, una persona con bienes, incluyendo su fondo de pensiones voluntarias, superiores a $1 mil millones, que no tenga deudas, ni acciones, tendrá necesariamente que pagar el impuesto al patrimonio.

Pero, si esta misma persona decide endeudarse para comprar acciones, por ejemplo, u obtiene un préstamo hipotecario para ampliar su vivienda o incluso para viajar o comérselo en galletas, puede reducir el valor de su patrimonio líquido hasta el punto en el que ya no tenga que pagar el impuesto.

El impuesto al patrimonio y el 4X1000 son tan nefastos para las personas naturales como para las empresas. ¿Quién en su sano juicio, sabiendo de lo onerosos que resultan, va a querer ahorrar o utilizar los ingresos producto de su trabajo, sobre los que ya tributó, para comprar una vivienda? Sin duda, contrario a cualquier lógica, su mejor opción es no ahorrar ni invertir, sino endeudarse, y aumentar su consumo actual, sacrificando sus reservas para consumo futuro.

Una sociedad para desarrollarse y crecer requiere del ahorro de todos sus miembros. En este sentido, los gobiernos, en lugar de imponer trabas como las actuales en Colombia, lo estimulan por medio de diferentes mecanismos, y sobre todo a través de claridad en las reglas del juego.