Columnistas

La innovación, el olimpismo y los valores

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09 de agosto de 2016

A través de la historia, la eficiencia se ha basado en gran medida en la competencia. Los seres humanos buscamos de diferentes maneras dejar huella y trascender, buscamos ser recordados y es allí donde la competencia nos insta a mejorar, a romper el status quo y así desatar el progreso y el avance de la humanidad.

En el deporte los atletas buscan ser los únicos en portar una marca, tener un título por el mayor tiempo posible o asegurarse una medalla para hacer parte de la historia. Este afán por alcanzar la excelencia, positivo la mayoría de las veces, tiene también un lado oscuro: los deportistas inescrupulosos que por rozar la gloria están dispuestos a hacer lo que sea, incluso, doparse. Ejemplos abundan. Íconos como Ben Jhonson en 100 m planos a quien se le encuentran restos en su orina con Estanozolol, Lance Armstrong en ciclismo y sus famosas transfusiones de sangre con EPO o Javier Sotomayor, atleta de salto alto, cuando se le descubrieron restos de cocaína en su organismo. Estos son apenas algunos casos de doping que no existían antes y que ayudaron a ganar muchas pruebas atléticas, gracias a un desarrollo tecnológico polémico. Ese deseo de ganar a cualquier costo, haciendo uso indebido de sustancias ilegales, desvirtúa los valores del olimpismo que son llegar Más Alto, Más Lejos y Más Fuerte, pero incumpliendo las reglas. Es claro que el avance tecnológico sin controles y unos valores mal fundamentados en los competidores, vician lo valioso de una competencia con seres humanos bajo las mismas condiciones.

Desde el otro ángulo ha sido la constante del Comité Olímpico Internacional promover el avance tecnológico sin afectar la salud de los atletas y estimulando la competencia justa. En ese escenario, el sueño de ser reconocido como medallista olímpico ha impulsado tanto a los atletas, entrenadores, marcas patrocinadoras y comunidad científica a desarrollar de manera permanente tecnologías para la alimentación, ropa deportiva, pero también, escenarios deportivos más adecuados para el progreso atlético legal. La ropa deportiva y sus innovaciones han jugado un papel fundamental en las últimas décadas. Evolucionando de las fibras de algodón a las fibras sintéticas creadas por el hombre. Ejemplo de esto, es la natación donde se utilizan trajes como el Aqua Shift, que imita la piel de un pez, permitiendo incrementar la velocidad por menor fricción hasta en un 10 %. La combinación de diferentes fuentes de disciplinas y conocimientos ha logrado incorporar mediciones del ritmo cardiaco y la temperatura en estos trajes. Esta implementación deportiva fue inspirada en el tiburón y parte de su composición tiene la piel de este animal. Pero hasta la NASA se ha involucrado en el desarrollo de estas piezas, con materiales muy avanzados que disminuyen las oscilaciones de los músculos y la vibración adhiriendo el traje completamente al cuerpo y con un diseño sin costuras.

En el atletismo, también se ha avanzado bastante. Hoy día, las zapatillas son livianas, cómodas y de materiales sintéticos que se acomodan a la postura de la planta del pie, su suela avanzada permite un menor impacto en la rodilla, y se secan rápido. La ropa no es la excepción, camisetas Dry Fit, que gracias al nailon, poliéster, y al spandex permiten que el sudor pase a las capas superiores de la prenda para así ser evaporado mucho más fácil.

Al final de todo siempre el honor estará en ganar la competencia con esfuerzo, disciplina y compañerismo. La tecnología siempre será secundaria, porque para un verdadero deportista, más importante que el ganar a cualquier precio, son los valores y el mismo deseo de competir.