LA ORACIÓN POR EXCELENCIA
Varias veces los evangelios presentan a Jesús en oración. Él se mantenía en constante unión con el Dios cuya cercanía predicaba y al que llamaba en arameo “Abbá” (Papá).
Por eso, cuando sus discípulos le piden que les enseñe a orar, comienza con esta invocación. Nadie antes se había dirigido así a Dios. Las dos versiones evangélicas del “Padre nuestro” (Mateo 6, 9-13 y Lucas 11, 1-13), son en plural, implicando así la superación del individualismo.
El “Padre Nuestro” suele considerarse como una oración de petición, y en verdad lo es. Sin embargo, lo primero que encontramos en ella es la alabanza, luego el ofrecimiento, y finalmente las peticiones. Primero, al decir “santificado sea tu nombre”, expresamos nuestra gratitud y nuestro deseo de que Aquél que se reveló con el nombre de “Yahvé” (Yo soy), sea reconocido y glorificado en su ser como un Padre que nos ama a todos sus hijos. Luego está el ofrecimiento, porque cuando decimos “venga tu reino” le estamos ofreciendo nuestra disposición a que su poder, el poder del Amor, dirija nuestras vidas. Lucas omite la frase “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, que sí aparece en Mateo. Pero esta frase ya está implícita en la anterior (venga tu Reino), pues la realización del Reino de Dios es el cumplimiento de lo que él quiere: que se haga presente en nosotros el poder de su Amor.
Finalmente, las peticiones. Jesús nos invita a pedir el pan: no solo el alimento material, sino también el espiritual; a pedir perdón, manifestando nuestra disposición a perdonar; y a pedir no ser expuestos a la tentación, (aquí concluye Lucas, mientras Mateo agrega “y líbranos del maligno”).
Son tres peticiones que nos recuerdan tres necesidades fundamentales de nuestra vida: el alimento, la reconciliación con nuestros prójimos como condición para vivir en paz, y la fuerza protectora de su Espíritu para no dejarnos vencer por el poder del mal. Esto último es lo primero que necesitamos, como lo dice Jesús al concluir su enseñanza con la parábola del amigo insistente. Por eso debemos pedir la disposición para recibir lo que Él sabe que es más conveniente para nuestra vida. Esta disposición nos la da el Espíritu Santo.