Columnistas

PRIMERO LA NACIÓN

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14 de octubre de 2016

Los resultados del plebiscito dejaron al país en el limbo y es responsabilidad de todos unir esfuerzos y voluntades para salir de allí, ojalá hacia el cielo de una sociedad más equitativa y no hacia el infierno de más violencia. Veamos la coyuntura que estamos viviendo como una gran oportunidad para construir nación.

Con frecuencia oímos repetir que los pesimistas se quejan del viento; los optimistas esperan confiadamente que cambie de dirección; y los realistas, ajustan sus velas en la dirección correcta. Los resultados del pasado plebiscito nos indican que debemos ajustar estas para hacer viable el propósito de la paz. El primer paso es crear confianza mutua, colocando los intereses de la nación por encima de las ambiciones partidistas. El objetivo inmediato debe ser llegar a acuerdos sobre lo fundamental, en el proceso de hacer posible la reconciliación. Lo mejor de la semana ha sido la movilización social de quienes en su momento fueron partidarios del Sí y del No y hoy reclaman acuerdos justos para avanzar en la construcción de la paz. Estamos rompiendo la indiferencia y eso es un gran avance.

Los acuerdos de La Habana, con las modificaciones que surjan de las actuales conversaciones con las fuerzas políticas y sociales, deberían mantenerse como una ventana de oportunidad para el cambio hacia nuevas relaciones sociales, o como decimos desde La Paz Querida, hacia una nueva ética social. Debemos construir sobre lo construido en más de un lustro de conversaciones que terminaron en unos acuerdos donde más del 20 % de las 562 disposiciones están encaminadas al desarrollo y a la mayor equidad para los colombianos. Ello hay que preservarlo.

Este llamado a la unidad y a pensar con altruismo en los intereses de la nación adquiere especial énfasis si nos referimos a las Fuerzas Militares. Causa dolor oír a una líder política que en tono recriminatorio confunde la digna misión del soldado con la criminal actitud del sicario, en una equivocada intención de mover a la institución castrense de su obligada verticalidad y compromiso con los intereses nacionales.

Tampoco deberían existir manifestaciones públicas de diferencias entre quienes continúan en servicio activo y quienes hemos pasado de manera honrosa a la reserva activa, en una relación que históricamente ha sido óptima. La obligación de quienes opinamos públicamente desde el retiro, debe ser en apoyo o como concepto constructivo, hacia quienes tienen la inmensa responsabilidad de comandar las tropas en momentos como el actual, decisivos de la vida nacional.

Es natural y deseable que entre militares existan diferencias de pensamiento, tanto individual como colectivo, pero siempre enfocadas al fortalecimiento institucional, sin permitir ningún esguince, menos cuando hacemos parte de una sociedad polarizada por intereses políticos personalizados y necesitada de un Estado fuerte, donde la institución castrense sea el sustento principal de la democracia.

Hay demasiadas cosas por corregir, pero es fundamental y prioritario que todas las instituciones y manifestaciones de la vida nacional se comprometan con una salida exitosa de la coyuntura riesgosa en que nos encontramos. Hagamos de ella una oportunidad para el cambio. Se necesita inteligencia, ecuanimidad, visión de futuro y por sobre todo sentido de patria, para construir los escenarios que permitan superar las objeciones razonables a los acuerdos.

No podemos permitir que el miedo a la verdad y la mezquindad sea un obstáculo insalvable para la paz.

* Miembro de La Paz Querida.