Incumplir una norma de tránsito es arriesgar la vida y atentar contra la de otras personas. A pesar operativos permanentes, los programas de educación vial y la tecnología utilizada en los controles a la movilidad, en Medellín parece que lo “normal”, para un alto número de conductores, sea infringir la normas.
En promedio, según reportan las autoridades de la ciudad, cada año se están registrando 600.000 infracciones a las normas de seguridad vial (detectadas por los agentes de tránsito).
De acuerdo con el reporte de la Secretaría de Movilidad local, en lo que va de 2018 van 259.475 multas, solo contando cinco de las más incumplidas (ver gráfico).
Para Gustavo Cabrera, investigador en movilidad y docente de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, las normas se siguen incumpliendo en Medellín y Colombia, porque además de la falta de cultura no existe percepción del castigo: “lo hago porque no me pasará nada”, dice el experto.
“Las 600.000 infracciones registradas en la Secretaría de Movilidad, en promedio por año, son apenas una parte de una gran cantidad, ya que mucha más gente comete infracciones y no son notificados”, destaca.
El experto agrega que para enfrentar la problemática se tiene que trabajar una estrategia estricta de tolerancia cero a las infracciones, pues el tema de la cultura ciudadana es lento, y mientras tanto seguimos expuestos al riesgo en las vías.
“El problema nuclear del riesgo vial es el irrespeto a la normatividad. No respetar la velocidad de 30 km en zonas escolares o de 60 km en la Regional, o cuando se pasa un semáforo en rojo o amarillo representa una mortalidad mayor, hace que el riesgo de morir sea más alto para quien va como peatón o en otro vehículo, que el que cometerá la falta”, dice.
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