Mil millones de razones para comer fibra

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La flora intestinal tiene tanta cantidad de células, incluso es mucho más grande que nuestro código genético, que está siendo considerada como un órgano adicional. De su estabilidad depende la salud de nuestro organismo, no solo intestinal, pues al parecer tiene relación con la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles como la obesidad, la diabetes, la hipertensión, algunos tipos de cáncer e incluso la salud mental.

Los puntos determinantes están relacionados con los primeros años de vida. Un parto vía vaginal aporta una impronta importante de microorganismos, luego la lactancia materna y el contacto del hijo con la madre refuerzan ese proceso. Posteriormente la inclusión de fibra en la dieta cuando se inicia la alimentación complementaria acaba reforzando la producción y el equilibrio de esta flora. Y por supuesto los hábitos de ingesta de la familia para garantizar el consumo de fibra.

“Una mala flora intestinal se hereda así como un mal hábito se adquiere y juntos se conforman como algo nocivo para la salud humana.”

Tenemos que la flora se establece en los primeros días de la vida y se mantiene con la alimentación de dos formas. Una ya mencionada es la fibra que actúa como nutriente para la flora intestinal, es decir, no aporta microorganismos (probióticos). Y la otra es aportarlos o recibirlos directamente en productos alimenticios que contienen estos probióticos adicionados, especialmente en yogures. También se consiguen en presentaciones farmacéuticas como capsulas, polvos o bebidas que se utilizan bajo prescripción médica particularmente para el manejo de diarreas y problemas digestivos que alteran su orden y requieren de este para su normal funcionamiento.

Los probióticos ejercen su efecto por su alto poder antioxidante que ayuda a la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles. Igualmente aportan para la función de defensas del organismo (inmunológica) contra infecciones y enfermedades autoinmunes (producidas por el mismo organismo).

Las dietas de moda de exclusión de algunos alimentos o nutrientes especialmente el gluten, no tiene ninguna indicación a excepción de una intolerancia establecida o documentada, lo mismo aquellas que eliminan todos los carbohidratos (la fibra es un carbohidrato). Al excluir el gluten como la harina de trigo incluso la integral, y sin existir un habito de consumo de fuentes de fibra como frutas, verduras y leguminosas, es la sentencia para tener una mala flora intestinal y favorecer la aparición de las condiciones antes mencionadas.

Una mala flora intestinal se hereda así como un mal hábito se adquiere y juntos se conforman como algo nocivo para la salud humana.

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