La comida al alcance de todos

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Ya hemos visto que Isabel incluso se está preparando algunos de sus alimentos y cada día quiere aprender más acerca de las artes culinarias y de la magia de la transformación de los alimentos, eso sí, siempre bajo la supervisión de un adulto.

A todos nos preocupan los buenos hábitos alimentarios y la mejor manera de construirlos. Ya se ha dicho que el ejemplo es la mejor manera de inculcar los buenos hábitos, pero incluso hay otras formas indirectas con las cuales podemos lograr que nuestros hijos se alimenten bien.

 

Cuando la queja de los padres es por el consumo de productos de paquete, dulces, mecatos entre otros, siempre debemos cuestionarnos acerca del origen o el acceso que tienen los niños a estos productos. Yo reto a los padres con la pregunta de dónde obtienen los niños el dinero para comprar esos productos. ¿Quién es el que los provee si los pequeños aún no manejan dinero? Después de responder estas preguntas podemos proseguir a la construcción de la buena alimentación y la creación de buenos hábitos.

La clave está en la accesibilidad que tienen nuestros hijos a los alimentos de calidad. Muchas veces encontramos el orden alterado. Es decir, los productos altamente calóricos ricos en azucares y grasas, incluso las bebidas azucaradas, se encuentran próximas y al alcance de los pequeños. Pero las frutas están en la parte más alta de la cocina o en el rincón más escondido de la nevera. Las tortas y pasteles son lo primero que se ve al abrir el refrigerador, y los vegetales permanecen ocultos como el alimento prohibido y que no se debe comer.

En nuestra casa se debe ser una gran talla para alcanzar los productos de paquete, incluso las abuelas acceden difícilmente a ellos, pero la canasta de frutas puede estar en el comedor o en la cocina a una altura que es accesible para Isabel.

Un truco para evitar que los adolescentes arrasen con lo que haya en la nevera es supremamente sencillo, póngalo hasta la parte trasera de la misma un poco oculto detrás de una bolsa y con seguridad permanecerá a salvo del apetito voraz de los jóvenes. Es por eso que es importante dejar aquellos alimentos que queremos que ellos coman a su alcance. Enseñarles a servirse agua del dispensador o tener el agua en un recipiente seguro para que los infantes puedan acceder fácilmente a ellos y dispongan de los mismos.

Son formas sencillas de orientar los buenos hábitos y no obedecen a la “cantaleta”, además puede promover que frente a las únicas alternativas presentes para comer un alimento, tenga que escoger y esto se convierte en la elección de los niños y no en nuestra imposición. Mucho éxito con el cambio del orden en la cocina y en la casa.

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