No más cereal

Recuerdo muy bien mis años de infancia donde siempre pedía con una gran cantidad de promesas a mis padres que me comería todo el cereal de caja que me iban a comprar, pero lo que más deseaba era la promoción que contenía la caja donde venía dicho producto. Recientemente durante la realización del mercado tuve un regreso a mi infancia cuando Isabel me pidió que le comprara un cereal de caja que traía una promoción de una película de cartelera. Le propuse que lleváramos el cereal de costumbre, púes tal vez este no sería de su agrado. A sabiendas que la motivación de Isabel era la promoción y después de negociar con ella, acordamos que si no consumía el producto no volveríamos a comprar cereal de caja. Como han podido leer no soy partidario de premiar o castigar con la comida, pues de esta forma podemos crear malos hábitos en nuestros hijos y la alimentación es un derecho que no le podemos negar a nuestros hijos.

Hoy se llego el día de la apertura del cereal, lo primero que salió fue la promoción y esta acaparo en un 70% la atención de Isabel, en todo caso se llevo la comida a su mesa de desayuno y como yo esperaba no se lo comió todo. Me senté a hablar con Isabel acerca de lo que acababa de ocurrir y acorde con ella que por lo pronto no comeremos más cereal al desayuno y que regresaremos para mi tranquilidad y gusto personal al desayuno con huevo, tostadas o salchichas y queso con pan y mermelada.

No soy de grandes afectos a los cereales de caja, especialmente aquellos diseñados para niños por su alto contenido de azúcar refinado y escaso aporte nutricional, la ventaja de estos productos radica en la mezcla con el lácteo o su derivado como el yogur y algunos casos con fruta.

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