Isabel no quiere comer

Ahora entiendo la angustia de los padres cuyos hijos no quieren comer. La responsabilidad de nosotros para con ellos nos hace extremadamente sensibles a sus cambios y como proveedores que somos no queremos dejar desatendidas sus necesidades y la alimentación es particularmente susceptible en este aspecto, pues dejar de brindarle la alimentación se puede traducir en enfermedad. Entonces cuando su apetito disminuye buscamos de todas las formas posibles darles la alimentación. Es en este punto donde antes de empezar a hacer gala de nuestra imaginación para que coman, debemos prestar atención a las situaciones que hay alrededor que puedan ocasionar una alteración del apetito. Estas pueden ser por enfermedad donde la fiebre, las alteraciones intestinales, los cuadros respiratorios altos (amigdalitis por ejemplo) afectan el apetito. La otra causa frecuente relacionada con disminución en el apetito son los cambios emocionales. Por ejemplo los cambios en las rutinas diarias puede producir disminución en el consumo de alimentos por falta de adaptación al nuevo horario. En fin se debe ser buen observador y analizar todas las causas posibles para darles solución.

En el caso de Isabel fue por el inicio del pre escolar. Ahora se debe bañar temprano en la mañana, antes lo hacia más tarde, igualmente ya no desayuna con su madrina como lo hacia antes, sino que lo debe hacer con sus padres, no puede hacer su siesta matinal y esta en un ambiente totalmente nuevo con nuevos amigos y cuidadores. Todos estos cambios se dieron de un día para otro. Esta situación genera un estrés emocional marcado que puede afectar el apetito y todo depende del tiempo que este dure para corregir esta situación.
Estrategias:

  • Identificar los alimentos preferidos para ofrecerlos en primera instancia.
  • Respetar los horarios de comida para evitar grandes traumatismos.
  • Establecer nuevas rutinas y ser consistentes con ellas.
  • Evitar dar altas cantidades de alimentos alrededor de los horarios de comida.
  • No sobrecargar con liquidos, es la opción que elegimos por facilidad y  la que probablemente mas afecta pues terminamos llenando a nuestros hijos con biberones y bebidas azucaradas, perdiendo los nutrientes de las comidas regulares.

En el caso de Isabel además de lo anteriormente mencionado solo accedi a darle su bebida de láctea en la noche solo si había comido, de lo contrario se dormia sin comer y al día siguiente su apetito era voraz. Solo nos tardamos 2 días en mejorar esta situación, por fortuna la adaptación a el pre escolar se ha dado normalmente y su apetito cada día es mejor.
Lo más importante es ser mantener firmeza en nuestras decisiones y de esta manera fijamos nuestra posición y nuestros hijos entienden y comprenden cual es su sitio y así alcanzamos la armonía dentro de esta relación.