!Así se vive un rally, señores!

Textos y fotos: Cristian Abril Gómez

Aquel día despuntó con una claridad inusual. El clima en la mañana era agradable y había pocas nubes, eran más o menos, las siete de la mañana. A tan temprana hora, caminaba ansioso y sentía los latidos de mi corazón como atrapados en mi pecho. A pesar de todo estaba listo para hacer parte de una experiencia más que increíble: Acompañado por mi padre adoptivo y un gran amigo, iba a participar en un rally. Este es el relato.

El "Parque cerrado", antes de partir

Gracias a la generosa invitación de Autogermana, concesionario BMW, estábamos inscritos en el Rally Red Misión 2011, evento a beneficio de obras de caridad y que está patrocinado por varias empresas y concesionarios de la ciudad. Participábamos en un bellísimo BMW 523i de 2011 y nos encontrábamos en  el sector de Llanogrande,  en Rionegro, en un estadero donde se daría inicio a la competencia y mucho después, finalizaría.

Llegamos temprano. Mucho antes del rally, ya había bastante que ver y que disfrutar: Las máquinas de los demás competidores, bellas y poderosas en su mayoría, captaban nuestra atención y nos distrajeron mientras llegaba la hora de competir. Finalmente, sobre el medio día, la categoría en la que participamos estuvo próxima a salir. Los organizadores del evento empezaron a repartir las hojas de ruta, documento con los caminos y sitios de referencia,  los tiempos que tendríamos que cumplir y a asignar a cada carro el número con el que participaría.

Estudiando la ruta

Nosotros éramos el 456, cariñosamente, nos bautizamos como el Equipo BLOGARAJE. Minutos más tarde, el motor estaba encendido y nosotros, listos para partir. Al interior, Juan Pablo, amigo nuestro, sería el navegante. Con la hoja de ruta en sus manos, cronómetros y aparatos chinos un tanto dudosos, sería el encargado de llevarnos por buen camino y en los tiempos establecidos. En el asiento del copiloto estaba yo, sin mayor responsabilidad y a mi lado, mi papá, para llevarnos por las vías del oriente antioqueño y regresarnos sanos y salvos al estadero de donde partimos.

El Equipo Blogaraje, listo para partir

El momento de la salida fue sumamente emocionante. Frente a nosotros, varios kilómetros de carretera a disposición de nuestro BMW. Cada uno de nosotros crispaba los músculos, aguardábamos en un silencio ansioso que un hombre del staff, a mi derecha, en la ventana, nos diera la salida. Yo no podría describir con certeza qué sentía: Daba la impresión que estábamos a poco de alcanzar una dulce victoria, de cubrirnos de gloria. Los accidentes y la desgracia, presentes siempre en los deportes a motor, no me amedrentaban. Esa especie de desafío al destino me llenaba de más valor aún y pensaba que sería aún más glorioso triunfar en las narices de la muerte. Pensamientos muy soñadores, como todo los que me genera esta pasión por los autos. Fue una gran alegría poder participar en este evento, es una vivencia que guardaré siempre en mi memoria y en mi corazón.

“Cinco… Cuatro… Tres… Dos… ¡Fuera!” ¡Finalmente arrancamos! Al salir del estadero y llegar a la carretera, el motor revivió con un rugiso y salimos a toda marcha a cumplir con los tiempos establecidos. De la misma manera como le debemos muchísimo a nuestro conductor, a nuestro automóvil le agradecemos bastante también: El buen BMW se comportó con gallardía. Qué gran pieza de ingeniería y de técnica es este carro, se mantuvo a la altura de las exigencias de la competencia y respondió en los momentos de necesidad, angustiosas frenadas a altas velocidades y maniobras al mejor estilo de los videojuegos.

Que sea este el momento para recordar que la prudencia siempre será campeona en la vida diaria al volante y que, aunque la velocidad sea apasionante y divertida, hay lugares y momentos para correr. Nuestras ciudades y sus alrededores no son pistas de carreras y no existe botón de ‘reset’ alguno para los accidentes.

Por supuesto, dada la especial ocasión, aquel día llevamos al límite nuestra máquina y recorrimos autopistas y caminos de una manera que en el día a día sería más que insensata. Esto, claro, nos proporcionó varias angustiantes emociones, momentos en los que nos salvó la pericia de nuestro conductor y maravillas de la seguridad como los frenos ABS. A estos momentos se les exprimió por igual su jugo, muy seguramente los Petrolheads, fanáticos y amantes del automovilismo, entienden de mejor manera la emoción y la genialidad de situaciones así. Con la adrenalina al 100% y completamente felices, cumplíamos en gran medida con los tiempos establecidos, desfasados por segundos nada más. Nos sentíamos más que satisfechos y avanzábamos cada metro con más seguridad y confianza en poder ganar. Sin embargo, no todo nos salió del bien: Por una confusión en uno de los retornos que debíamos tomar, perdimos nueve preciosos minutos. Esto nos perjudicaría bastante.

Nuestro recorrido transcurrió sin mayor percance, salvo por un Renault Clio que en una cerrada curva nos encontramos muy de frente. Una vez más, el conductor y el automóvil hicieron su magia salvadora. Habiendo perdido tiempo y con nuestro promedio descuadrado, fuimos menos rigurosos con el cronómetro y muy animados aún, nos dedicamos a disfrutar más del trayecto. Nuestro recorrido nos tomó casi dos horas y poco antes del atardecer habíamos regresado al estadero, absolutamente extasiados por la experiencia vivida, sumamente felices. Al llegar, el ambiente era vibrante y se sentía en el aire la felicidad de los otros competidores.

Quienes participan en este rally lo hacen con un espíritu filantrópico y con un inmenso amor por los carros que conducen. Y no sólo se trata de coches y de velocidad, es también un espacio para compartir con amigos y con familiares. Como en mi caso, muchos más estaban rodeados de personas que estiman profundamente y cuya compañía hace aún más valorable lo vivido ese día.

Algo más reposados y con el estomago lleno, esperamos el resto de la tarde por los resultados. Una vez más, nos distrajimos entre los carros y la gente. Bien entrada la noche, se revelaron las cinco primeras posiciones, entre las cuales, no nos encontrábamos. Poco importó, al volver a nuestras casas seguíamos con una gran sonrisa en nuestras caras.

Qué genial es que exista en nuestro departamento un evento como el Rally Red Misión. Es muy agradable saber que los deportes a motor, a veces tan olvidados en nuestro país, aún puedan disfrutarse. Y es motivo de felicidad también que este evento no sea sólo un maravilloso lugar de encuentro para los fanáticos de los carros, sino también una oportunidad para aportar un granito de arena a una causa que lleva felicidad y bienestar a mucha gente. Para mí, sin embargo, queda una sensación de nostalgia de todo esto: Al otro día, ya no era parte del Equipo Blogaraje. Sentía que a mi vida le haría falta esa emoción, que necesitaría nuevamente participar en algo así. Temo que se vuelva un vicio, que necesite siempre una dosis mayor para satisfacer esta pasión. Temo que esta pasión, que el automovilismo, esté muy arraigada en mi corazón. Que sea parte de mi vida, irremediablemente. En realidad, no lo temo, lo disfruto.

Como dijo Ayrton Senna “Correr, competir, lo llevo en la sangre, es parte de mí, es parte de mi vida”.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

1 comment

  1. andres   •  

    q bacano algo parecido a un gumball pero criollo!!!

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