De MINIS, un paseo y un bicho diferente

Textos y fotos: Juan Pablo Ramírez*, especial para Blogaraje

Una de las más grandiosas experiencias al volante para cualquier aficionado a los motores es la de pilotar un MINI Cooper a voluntad y sin angustias y es claro que los amigos del Club MINI de Colombia practican esta experiencia como una devoción, al punto de que, cuando pueden, se dan la “rodadita” por diversas carreteras de la geografía nacional. En el puente festivo de octubre, este corresponsal de Blogaraje tuvo la fortuna de acompañar a este magnífico grupo de personas y máquinas por las vías del oriente antioqueño, con destino al municipio de Guatapé.

La segunda mitad del siglo XX tuvo grandes hitos en la industria del automóvil y el Cooper ocupa un sitial honorífico en todos los escalafones habidos y por haber. La sensación de potencia, de estabilidad, de agarre y maniobrabilidad de la máquina inglesa formó la base de un mito que, hace apenas unos años, asumió BMW con su ingeniería y capacidad de innovación para entregarle al mercado y a los fanáticos de la historia, un modelo del que ya se habló en este Blog y del que habría muchas cosas nuevas por decir.

Sin embargo, en esta oportunidad no hablaremos de las múltiples propiedades mecánicas del Cooper. Ya sabemos que es una máquina que atrapa a su conductor con garras felinas, causándole la sensación de que no puede haber mejor carro para conducir.

Este post tiene que ver con la sensación de tranquilidad y emoción que produce un viaje corto muy cerca de la ciudad, acompañados de un grupo cercano a los 25 MINIS, llenos de paciencia y ganas de tomar buenas fotos, de gozarse la ruta y de hacerse a una historia nueva para contar.

Dele pues

Sábado, 3:00 pm. A esa hora recibí las llaves del MINI Cooper Pepper rojo con techo negro que me llevaría por una experiencia que hace buen rato no vivía. Un resto de día para habituarse a la potencia, a la dirección y demás atributos del carro, Con la cita ya en agenda de llegar a las 8:00 pm al Hard Rock Café de Medellín, a pasar un buen rato sin licor y con unas deliciosas viandas, acompañadas de buena música (que viva el rock!!!), de las pintas de concierto de Shakira y Juanes y de las muy estrafalarias presencias de quienes hacen posible una muy buena atención en este sitio.

El parqueadero exterior estaba lleno de MINIS y entre ellos, hallamos al chico diferente de la noche: un extraño ejemplar de color naranja, 4X4 en casi todo, al que los fanáticos admiraban con detenimiento. Cosa rara esta, de la que tanta gente habla por estos días. Yo les cuento del paciente un poco más tarde.

Total, los 24 MINIS resultaron bastante magnéticos para las fotos, para la curiosidad y para los buenos observadores, que se dieron gusto identificando las múltiples diferencias exteriores de cada uno de los autos, tomando en cuenta que este tipo de carro es ideal para la personalización gráfica y de accesorios. Hubo quienes, incluso, pidieron el favor de abrir la tapa del capó para identificar el tipo de chip que se había cambiado en el sistema motriz y justificar con ello los no se cuántos caballos de fuerza adicionales que ganaba este pequeño juguete de niño grande.

Había de todo, sin duda y cada vez resultaba más apasionante la función. Quienes llegaron desde Bogotá, Cali, Pereira o Manizales, mostraban con orgullo sus respectivas máquinas, hasta cuando las acompañantes (sí, las esposas…) de muchos, acusaron el asunto aquel de que ya era tarde, que había que dormir, que al otro día la madrugada, “que vea que el viaje es pa´ lejos…..” y bueno, por puro consenso y antecitos de las 12:00 AM, todos a dormir.

Domingo, 10:00 am, en Autogermana Medellín

Si hay algo que haga más fácil aquello de tirar bien lejos las cobijas un domingo por la mañana, es la idea de saltar al MINI para irse a pasear. Ese día, muy aplicados, todos los viajeros llegaron uno a uno al concesionario BMW MINI sobre la Avenida El Poblado. Con el frente de todos los autos mirando a la ciclovía, el tema de la espera resultó una verdadera sensación para los deportistas que pasaban por el sitio.

Es que ver un grupo de casi 25 MINIS, estacionados uno al lado del otro en una vía principal, es una de aquellas alucinaciones que todos queremos vivir con frecuencia y más aún si suponemos que alguno de los estacionados tiene tu nombre impreso en la tarjeta de propiedad. Andrés Escobar, conocedor excelso de la marca  y asesor comercial de MINI en Medellín, decía en ese instante que hacerse a uno de estos es más fácil de lo que se piensa, pues la caída del dólar, el tema de los aranceles, la vida de los extraterrestres y no se cuánta cantidad de cosas a favor del cuento, sustentan la idea. Si por curiosidad usted revisa la lista de precios de los carros que se consiguen en el mercado nacional, estoy seguro de que se le saldrá una sonrisa de oreja a oreja cuando lea lo que valen estos, comparado con otros. Ahí les dejo la cuña, para que sean ustedes quienes le pregunten a Andrés…

Engine start

Dele pues!! Ya como a las 11:30, nos acordamos de que había que arrancar. Estas caravanas resultan encantadoras por aquello de ver en fila un grupo de tantos carros iguales aunque, hay que aclarar, eso funciona con los antiguos. Yo recuerdo mis épocas de hasta 120 Volkswagen filados, uno detrás del otro, recorriendo las vías más próximas a no más de 60 km/hora. En MINI la cosa no podía funcionar igual, pues con los  120 caballos de fuerza contenidos en ese motorcito, nadie se aguanta las ganas de asentar el pié derecho en el acelerador y olvidarse de que las agujas indican la velocidad a la que vamos. Para que se hagan a una idea, les cuento que unas cuantas esposas y novias andaban muy agarradas de la manija de techo de su lado derecho, o cerraron los ojos en los trayectos en los que, según la ley, es factible acelerar hasta los 120 km/hora. Claro, eso en un MINI Cooper se logra como en tercera… y quedaban otros tres cambios para divertirse, en plena subida a Las Palmas y con mínima congestión vehicular. Hay que ver lo que esos otros tres cambios son capaces de hacer, pero mejor no les cuento para que no adquiramos ordenes de captura en las oficinas de tránsito del país.

Así las cosas y pasada la sensación de locura, los amigos del Club MINI asentaron las emociones y armaron la famosa fila india, con la que nos dimos gusto al recorrer el sector de Llanogrande con destino a Guatapé. Una ruta con algo de lluvia pero sin nada que lamentar, nos llevó finalmente hasta una de las marinas del embalse, a la que llegamos con el ánimo de disfrutar del almuerzo y de un tranquilísimo paseo por las aguas que cubren el viejo Peñol.

Les confieso que fue el momento más familiar de la jornada, en el que sin más a donde ir (todos en el barco, de arriba hacia abajo y conversando) encontramos algo muy especial: los amigos del Club MINI disfrutan de sus carros en familia, sin afanes ni aceleres inútiles. Este grupo de personas entiende muy bien que sus carros les permiten hacerse a una excusa ideal para salir a las vías, recorrerlas con seguridad y agrado y sentirse, al menos de vez en cuando, como los capitanes de grandes historias. Algunas de ellas parecían de pescadores, porque no faltó quien dijo que a bordo de su Cooper S había logrado poner la aguja del velocímetro en poco más de 250 km/hora en una paradisíaca y rectilínea autopista nacional. Yo miraba el tablero del MINI que iba pilotando y pensaba que aquello sería imposible, aunque con estas máquinas es mejor no dudar demasiado. Sin embargo, la similitud con el pescador que saca una trucha y la hace pasar por Marlin se me vino a la cabeza…

¿Y el niño diferente?


Al mejor estilo de Plaza Sésamo, más de uno de los viajeros estuvo cantando la rima esta de que “una de estas cosas no es como las otras, eees diferente de todas las demás…”, y claro, es que el niño diferente de la noche anterior andaba metido en medio del grupo , pues aunque se viera tan extraño a los ojos de todos, era la sensación del encuentro.

Se trataba del Countryman, el MINI 4X4 que apenas llegaba al País y que los directivos de Autogermana trajeron en exclusiva, como primicia, para el disfrute de todos los amigos del Club. De color naranja encendido, con sus músculos a la vista y con tantas cualidades novedosas, este MINI de 4 puertas y de tracción permanente en todas las ruedas, estuvo de paseo por estas tierras unos días antes de su presentación oficial en sociedad ante la prensa especializada.

Confío En que las fotos ilustren un poco lo que quiero decir, pues a este auto hay que hacerle una muy completa prueba de ruta, como el buen Juangui Moreno las sabe hacer.

Y, otra vez, se acabó la moneda

Como en la prueba de ruta del MINI Cooper Pepper que hizo Blogaraje, otra vez hay que decir que se acabó la moneda. A las 5:30 PM dimos inicio al regreso hacia Medellín, no sin antes pasar por el estacionamiento de la Piedra del Peñol y captar las fotos más divertidas de la fiesta.

Todos los autos juntos, con sus ocupantes al frente, sirvieron como base para que la famosa piedra, tan grande como aparenta, quedara en el horizonte gris (ya se desataba el aguacero) y permitiera heredar un recuerdo especial para todos los viajeros. Con las primeras gotas todos corrimos a nuestros autos, pensando en que no se acrecentaran los pequeños derrumbes de la vía. Al final del recorrido y sin nada que lamentar, el Club MINI en pleno regresó a Medellín con la idea de repetir la experiencia y hacer otro viajecito, a un nuevo destino, en alguno de los puentes festivos que se aproximan.

Mi experiencia, entonces, terminó en el mismo sitio donde había comenzado unas horas antes: en el Concesionario BMW MINI de Autogermana. Allá dejé mi Pepper con sus llaves y el recuerdo magnífico de una experiencia deliciosa que me dejó un grupo de nuevos amigos y la curiosidad de pilotar el Countryman en los próximos días, con el ánimo de saber qué tantas cosas es capaz de hacer. Al menos en este modelo, sé que mis telescopios cabrán perfectamente y que sus capacidades lo marcan como un artefacto más familiar.

El MINI, sin duda, es un gran juguete que se comporta muy bien en el tránsito urbano y más aún en las carreteras. Quedé feliz con el paseo y regresé a mi viejo Escarabajo 66, que tantos buenos ratos me ha regalado. Espero que muy pronto Andrés Escobar me reciba en su oficina y me asesore en un par de cositas que quiero preguntarle, entre ellas la próxima fecha del encuentro del Club MINI, pues esto de que te vendan un carro que tiene su propio Club ya es algo que agrega valor a una de las compras más divertidas que hay.

*Juan Pablo Ramírez, Comunicador social – periodista, Presidente del Club Volkswagen de la Montaña, administrador del blog Galileanos, entrañable amigo y un afortunado que no trabaja los fines de semana y le tocan estos regalos de la vida de vez en cuando

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

5 comments

  1. PP   •  

    Como beneficio de inventario, la rima citada no era de Plaza Sésamo, sino de Los Dumis…

  2. Violeta   •  

    Hola,

    Excelente reseña, tuve que ponerle babero al teclado pa’ no dañarlo.
    Este juguete me encanta, amo mi carro, pero no dudaría en cambiarlo por un MINI.

  3. Junior   •  

    Que pussy car,i blog… Pronto me gustaría ser un dueño de un mini.

  4. Jorge Palomino   •  

    Hola Juan Guillermo, este artículo esta excelente. Soy la persona encargada del community management de MINI Colombia y estaré compartiéndolo hoy a las 7 pm en http://www.facebook.com/MINIColombia. Échale un vistazo a nuestro fan page.

    Gracias por compartir esta información.

    Un saludo,

    Jorge Palomino

  5. jorge   •  

    necesito un babero¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿ cómo quisiera tener un juguetico de éstos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>