El Espíritu del éxtasis cumple 100 años

Rolls-Royce goza de buena salud por estos días. La mítica marca de automóviles de super lujo ha anunciado que 2010 fue su mejor año al comercializar 2.711 unidades, 171% más que en 2009 (!wow!) y, ademas, 2011 marcará la  celebración del centenaro de la emblemática escultura que adorna la parrilla de sus modelos, denominada “El espíritu del éxtasis”, obra del escultor Charles Robinson Sykes. Detrás de este emblema se esconde una historia que vale la pena conocer.

John Walter Edward Scott-Montagu fue un aristócrata inglés entusiasta de los automóviles, incluso, tuvo una revista llamada The Car. El lord tenía una secretaria llamada Eleanor Velasco Thornton con quien sostuvo un tórrido romance clandestino durante 10 años. Clandestino porque las rancias costumbres de la Inglaterra victoriana no veían con buenos ojos que todo un gentleman súbdito de la corona inglesa se enredara en devaneos con cualquier plebeya (y más si cargaba con un vulgar apellido latino).

Scott-Montagu decidió un día de 1910 hacer un romántico homenaje a su amada, inmortalizando su figura al adornar el capó de su flamante Rolls-Royce Silver Ghost con una escultura para la que Eleanor sirvió de modelo.  La obra, muestra a una mujer inclinada hacia adelante  mientras las ropas que lleva dan la apariencia de estar en constante movimiento al semejar un par de alas. Esa primera versión se llamó The Whisper (El susurro) y la mujer tenía un dedo sobre sus labios para confirmar el secreto de su amor con Scott-Montagu. Eleanor moriría en 1915 cuando el barco en el que viajaba con su amante a la India fue torpedeado por un submarino alemán en plena Primera Guerra Mundial.

Fue tanto el revuelo que causó la mascota entre los propietarios de otros modelos y en la propia directiva de Rolls-Royce, que estos encargaron al propio Sykes que implementara una figura para que cada modelo la llevara coronando la parrilla, preservando la esencia de la fábrica : “velocidad con silencio, ausencia de vibraciones, la misteriosa conjunción de una gran energía con un bello organismo viviente de suprema armonía…”.

El artista simplemente modificó la obra, quitándole el dedo de los labios y la llamó “The spirit of speed” (El espíritu de la velocidad)  y la descibrió así: “Una elegante y pequeña diosa, el Espíritu del Éxtasis, que ha elegido el viaje por la carretera como su delicia suprema y se asentó en la proa de un Rolls-Royce para revelar la frescura del aire y el sonido musical de sus revoloteantes vestimentas”. Desde entonces cambió su nombre al “Espíritu del éxtasis”, cuando fue presentada en público, en febrero de 1911.

El único que no se mostró muy de acuerdo con el adorno fue el cofundador de la marca, Henry Royce, quien para entonces, ya enfermo de muerte, nunca vio con buenos ojos a la diosa voladora, argumentando que restaba visión a los conductores y nunca permitió que se instalara en sus vehículos personales.

En principio, la figura se elaboró con un baño de plata. Desde 1914 se utilizó el cromo y el níquel para evitar que la pieza fuera robada. Hoy en día, es posible ocultarla mediante un mecanismo que se opera desde el interior y como la lista de opciones es amplia en Rolls, usted puede mandar a hacer su estatuilla en plata, cromo o en oro de 24 kilates si es menester.

La reminiscencia de Eleanor ha cambiado con el tiempo, agachándose, haciéndose más pequeña  y hoy en día mide 7,5 cm. de altura, que evocan la romántica y secreta hostoria que se esconde detrás de la insignia que llevan todos los Rolls desde hace un siglo.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

2 comments

  1. dacabe2   •  

    juan recuerda que el espiritu del extasis en la colección privada del gobierno español, que cuenta con 5 de estas bellezas, va arrodilla como simbolo de respeto a la realeza!!!

    el de la reina isabel de inglaterra lleva a jorge de capadocia sobre un caballo y el de su hermana margarita quien elegio un pegaso!!!1 siendo estos dis los únicos roll royce que no cuentan con el espiritu del extasis en su capó!!
    excelente nota!

  2. ANTONIO LONDONO   •  

    LA ELEGANCIA SIEMPRE TIENE UNA TRADICION.ESTE ES UN CLARO EJEMPLO

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