El Mazda 3 AN pasa por el quirófano

Ante la avalancha de estrenos en su segmento durante los dos últimos años, Mazda hace algunos retoques al 3 AN. No son muy profundos, pero sí refrescan la apariencia de este compacto que se ha llevado un importante porcentaje en las ventas de la zona 50-60 millones de pesos. Lo más interesante es el reposicionaniento de la gama en cuanto a equipamiento.

Los cambios exteriores se reducen a la actualización de la apariencia con relación al modelo internacional, esto es, unos paragolpes nuevos y rines con un dibujo diferenciado (ahora de 17 pulgadas en el modelo más costoso), además el coeficiente aerodinámico (Cx) se mejoró para el sedán (0,27) y para el hatchback es de 0,30.

Para las variantes más equipadas habrá luces con tecnología LED en al zona posterior y se suprime la antiniebla trasera para dejar dos luces blancas de reverso. Adentro,  la iluminación en rojo se reemplaza por un tono entre azul y blanco. Algunas molduras decorativas cambiaron de color, el reposabrazos central es deslizable y el espejo interior pasa a ser electrocrómico (oscurecimiento automático) para la versión “full equipo”.

Como lo mencionamos ya al principio de este post, el dossier del Mazda 3  adquiere nuevas designaciones según la dotación de cada carro. Aunque se conservan los mismos motores (1.6 y 2.0 litros) e igual configuración de las cajas (manual de 5 velocidades, automática de 4 y 5 marchas),  serán seis versiones del Mazda3 All-New basadas en tres niveles de accesorios. Los 3 Entry y Mid llevarán el motor de cuatro cilindros y 1,6 litros que se puede unir a una caja manual de cinco velocidades o a una automática de cuatro.

El acabado High es exclusivo de la carrocería con el motor dos litros, que solo se comercializará con una transmisión automática de cinco marchas y será el único disponible con la carrocería Sport (hatchback), es decir, ya no se vende más la caja manual con esta configuración.

Todos los modelos llevan de serie frenos ABS, dos bolsas de aire y computador abordo,  el Mid suma  las luces posteriores LED, exploradoras, sensores de lluvia y luz, retrovisores de plegado eléctrico y volante y pomo de la barra de cambios en cuero. La tapicería en este mismo material debe pedirse aparte.

En el High, la edición más completa,  la cojinería en cuero es de serie, las direccionales estarán integrados en los espejos, la parrilla será en negro brillante, los estribos llevan extensiones, se añaden cuatro bolsas de aire más (laterales delanteras y cortinas), el aire acondicionado es con climatizador bizona, hay techo corredizo eléctrico, modo secuencial de la caja operable desde el timón y seis altavoces.

El Mazda 3 AN se consigue en el país desde 48,9 millones de pesos.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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