Éranse una vez El Moco y Laputa

Japón es un mercado tan amplio como extraño y lejano. Los fabricantes de automóviles producen modelos exclusivos para los consumidores nipones según sus necesidades tan peculiares de transporte que consisten en tener carros muy pequeños y de escasa cilindrada, modulares y muy económicos.

Toyota, Honda, Mitsubishi y el resto de fabricantes japoneses abastecen este mercado con modelos que casi nunca salen de la isla y sólo vemos en publicaciones especializadas, en videos o en la red. Nombres como los de los Toyota Passo, Ist, Ractis, Sienta, Raum; Suzuki Cervo, Kei, Palette; Subaru R1 y Mitsubishi Toppo, copan las calles de Tokio, Hirosima, Kobe y demás ciudades japonesas. Pero hay dos nombres que causan impacto entre la comunidad latina por el significado de sus apellidos y estamos seguros que de comercializarse por estos lares, tendrían que cambiar su apelativo. Tal vez a los orientales les parezcan muy sonoros y tal pero el Nissan Moco y sobre todo, el Mazda Laputa, no tienen ningún chance de triunfar en estas latitudes.

El Moco, un nombre pegajoso

Nissan Moco y para colmo, verde

Nissan Moco y para colmo, verde

El Moco es un microcarro contruído por Nissan desde 2001. Tiene 5 puertas, 4 velocidades, tarnsmisión delantera o total y un motor de 660 CC con 54 caballos (hay una versión turbo de 60). En Japón se venden entre 3 y 4 mil unidades de Mocos al mes. Suzuki también ensambla este modelo, pero bajo el nombre más sobrio de MR Wagon e incluso en la India lo fabrica Maruti bajo el apellido ZEN – Estilo.

Laputa, un carro de puertas abiertas


Pero si el Moco causa risa, el Mazda Laputa es una mezcla de curiosidad, estupor y por supuesto hilaridad. ¿A qué clase de creativo se le ocurrió semejante nombre tan “evocador”?. ¿Sería el mismo que le puso el nombre de Pajero al todoterreno de Mitsubishi que después tuvo que cambiar a Montero cuando fue exportado? El caso es que este microcarro hizo su debut en 1999 y se fabricó hasta 2006 en carrocerías de tres y cinco puertas y motores mono y bi-arbol con tracción delantera o total.

Y claro, como es natural, circulan por la red toda clase de chistes sobre las campañas publicitarias que hipotéticamente se harían de estos carros si hubieran llegado a nuestro idioma. Extractamos estas creaciones:

“El moco lo puedes guardar en cualquier sitio”

“Laputa ha mejorado su seguridad y ampliado su interior”

“Vaya con Laputa a todas partes”

“Sáquese un Moco con interés fijo”

“Laputa: su mejor compañía en los viajes largos”

En todo caso, recomendámos no regalarle este carro a su novia / esposa

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

3 comments

  1. juanp   •  

    Me gustó el Subaro R1. ¿Será que alguna vez llega a comercializarse por estas latitudes?

  2. Miguel Gonzalez   •  

    No me imagino en colombia a alguien comprando el Nissan Moco color Moco, y que tantos mocos fueron vendidos!! Y en cuanto a laputa, por razones de comercializacion le podrian poner Mazda “Lafufa” para que no se oiga tan feo…..

  3. renault_benz   •  

    Artos mocos se venden en Japon.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>