Exhuman un Tucker Torpedo en Brasil

El Tucker Torpedo es tal vez uno de los automóviles más curiosos de la historia por la aventura que rodeó su origen, desarollo y posterior fracaso entre 1946 y 1949, cuando al inquieto empresario Preston Tucker se le asentó la idea que podía  competir con los tres grandes de Detroit proponiendo un modelo que rompería esquemas y resultaria adelantado a su tiempo.  De este sueño, sólo quedaron 50 unidades, de las cuales se tiene concimiento actual de 46. Una de ellas acaba de ser encontrada en Brasil (si, Brasil) y va a ser recuperada no sin mucho esfuerzo.

De estilo aerodinámico y futurista, el Tucker Torpedo fue diseñado en 1946  basándose en características propias de los aviones. Tenía motor trasero tomado de un helicóptero, frenos de disco, inyección de combustible, cuadro de intrumentos acolchado visible a través del diámetro del volante, luces delanteras autodireccionales (lo que hoy en día se presenta como la “gran” innovación en muchos modelos), vidrios de seguridad  y cinturones de serie, algo desconocido para la fecha.

Por múltiples factores, como la capacidad de entrega de pedidos, la dificultad de construcción, la fiabilidad y alguno que otro error administrativo, el sueño de Preston Tucker se vino al piso y solo alcanzó a poner en circulación una reducida cantidad de su revolucionario modelo, suficiente para que se conviertiera en un mito automotriz. Ver un Tucker rodando hoy en día es toda una experiencia sobrenatural.

Nos llega, via hemmings.com, la noticia que en Brasil han exhumado una unidad original de un Tucker Torpedo desde un granero en la población de Caçapava, São Paulo. Este Tucker, marcado con el número 1035, fue importado en 1948 y veinte años después pasó a la colección de Roberto Eduardo Lee, haciéndose lugar en el inmenso (en Brasil todo es grande) Museo Paulista de Mecánicas de Antiguidades con otros 100 compañeros de ruedas. Pero el Tucker solo vivió esta vida de lujos y comodidades hasta 1975 cuando don Roberto murió. Sus herederos, despreocupados por la suerte de las máquinas que allí vivían, cerraron el museo y se enfrascaron en una impresentable (pero muy humana) batalla legal sobre la propiedad.

Mientras andaban en esas,  uno por uno los automóviles fueron vendidos o robados,  hasta quedar solo 27 unidades, incluído nuestro Torpedo. El tema es que nadie se preocupó por su estado y condición y el tiempo y una que otra “manita creativa” hicieron lo suyo. Solo hasta el mes pasado, el Gobierno local y el Consejo Municipal de Caçapava  llegaron a un acuerdo con la familia Lee para obtener  los 27 carros que quedaron del litigio con un dinero de por medio, como siempre habían querido.

Cuando llegó la hora de sacar el Tucker del granero donde estaba arrumado, se dieron cuenta que a un ocioso creativo le dio por trasplantar la carrocería al chasis de un Cadillac serie 62 de 1947, también injertándole la transmisión y el tablero de instrumentos. Y claro, como no podía ser de otra manera, se hallaron alteraciones  y actos vandálicos en la carrocería. La ciudad de Caçapava tiene planes por lo menos de hacerle una restauración estética al Tucker antes de instalarlo en un museo municipal, conscientes de que es uno de los 5 que se conservan fuera de los Estados Unidos y es el único en América del Sur.

No nos queremos despedir sin contarles que el hecho de que el Tucker hubiera llegado a Brasil no es simplemente una cuestión de azar. Tras el final de la Corporación Tucker, Preston se enfrascó en un proyecto para otro carro denominado Carioca, respaldado por inversores brasileños y que se construiría ese país. Persisten entonces los rumores que este Tucker 1035 fue su vehículo mientras estuvo allí embarcado en el proyecto que nunca fue.

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

5 comments

  1. heraldo   •  

    Qué interesante. Ojalá podamos vivir a través de la página la restauración de esta joya, paso a paso!

  2. PP   •  

    Espero que lo restauren exitosamente.

  3. Racing 4 ever   •  

    Lo que es la ignorancia, a quien se le ocurre quitarle la carrocería a un Tucker para instalarla en un Cadillac??…mejor dicho no hay carro sino carrocería

  4. Violeta   •  

    Hola Juan,

    Y a todas estas en que quedó la operación de restauración del Wartburg 311 de 1962?
    Lo último que supimos fue que ya lo habían pintado y estaban a la espera de realizar pruebas de encendido y marcha.

  5. Blogaraje Blogaraje   •     Autor

    Hola Violeta. El Wartburg está a punto, solo faltan detallitos menores, la mayor parte está completa. Ahora el proyecto es restaurar un simpático Goggomobil T250 también de 1962 del que les estaremos contando también el proceso.

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